Encuentro con Dios en la Cárcel
Raúl Oreste: El encuentro con Dios en la cárcel
>> La prisión puede ser un lugar frío e inhumano, pero también una prodigiosa escuela de oración, tal vez solo superable por la guerra o la pobreza extrema. Sí, realmente hay que reconocer que Dios se vuelca con ese tipo de ambientes, quizá porque allí está la gente que más necesita de su gracia: los ciegos, cojos y endemoniados del siglo XXI. Uno de los últimos casos de conversión entre rejas es el de Raúl Oreste, banquero de origen argentino condenado a nueve años de reclusión que, tras recibir periódicamente las visitas de un grupo de solidarios cristianos, ha decidido cambiar radicalmente su vida y orientarla cara a Dios. Sumido en un mar de soledad y sufrimiento después de que se dictara la condena y de que su mujer le abandonara, Raúl se replanteó toda su existencia. Ese ambiente tranquilo y silencioso, tan diferente del que nos encontramos a diario en la calle, le ayudó a preguntarse por las cosas verdaderamente importantes de la vida. Finalmente descubrió que todas las respuestas le llevaban a Dios, el único que había estado siempre a su lado durante ese camino de dolor.
«Si pudiera volver atrás y me dieran a elegir entre estar o no preso, no lo dudaría, porque aquí encontré a Cristo», afirma Raúl Oreste, ex banquero argentino condenado a 9 años de prisión por un delito contra la salud pública.
Primero estuvo en Soto del Real y ahora en Aranjuez (España). Las rejas lo limitaron físicamente, pero encontró en su corazón la libertad de los Hijos de Dios.
Los «culpables» han sido un grupo de carismáticos que visitan las cárceles llevando la alabanza y la alegría de Dios vivo y resucitado.
Raúl oyó el canto «Cristo rompe las cadenas y nos da la libertad», y decidió entrar atraído por aquella música que lo interpelaba.
«Estaban cantando, te invitaban a dar el testimonio, comencé a hablar, a pedir perdón, reconocí mis errores y en ese instante sentí el Espíritu Santo», señala Raúl, conmovido aún por el recuerdo de aquél momento.
«Ahora el Evangelio es mi hermano y la Palabra de Cristo resuena fuerte en mi Corazón. Doy palabras de aliento, evangelizo a mis compañeros de celda, atiendo a sus dudas sobre la fe», indica efusivamente.
Un día se encontró con el arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela, cuando este celebró una Eucaristía en Soto del Real, y desde entonces mantienen una amistad por carta y personal cuando Raúl sale de permiso.
El argentino de cabello blanco mueve las manos intentando dar cauce a toda esa energía de quien se ha encontrado por la presencia del Resucitado: «Cristo me ilumina, pero esa luz no llega sola, me fue regalada del cielo, esa luz fue producto de los sufrimientos, llantos, desencuentros, peleas de patio, no poder comunicarme con mi interior», manifiesta con énfasis, «hasta que un día, como cabalgando en mis lágrimas, vi a Cristo, lo sentí, percibí su misericordia y vino, y no vi al Dios de la barba blanca ni ángeles con alas, ni escuché la voz de trueno. Simplemente, en un grito desesperado y en las cataratas de lágrimas, estaba el Señor, el Padre de amor, y ahí encontré un segundo nacimiento. Como un niño que va al encuentro de su madre abrí las puertas de mi alma».
Hoy Raúl es feliz, pero la plenitud que hoy llena su ser fue precedida por una etapa de tinieblas después de que un cáncer arrebatara de su lado a su esposa.
Comenzó una vida de libertinaje. «No pude asumir la pérdida de mi amor profundo. Iba en busca de amor y encontraba tormento», cuenta.
Una vez en España la policía lo detuvo en un hotel de Madrid cuando estaba de tránsito hacia Formentera, donde poseía un café-concert, una inmobiliaria y una galería de arte.
«No importa si era culpable o inocente, ése fue el comienzo del pandemónium que llaman cárcel», explica. Lo condenaron por 9 años de los cuales ha cumplido ya 4.
Pero ahora se plantea dar un salto más en su fe: seguir a Dios a través de la vida sacerdotal. «Si accedo al sacerdocio estaré logrando ayudar al prójimo. Lo que más quiero es pastorear, estoy intensificando mis estudios de Teología», asegura.
Sobre el giro que dio su vida, añade que «los caminos de Dios son inescrutables y marcan la vida del hombre; si uno logra transitarlos encuentra hasta el mismísimo amor».
Raúl Oreste es también un escritor prolífico de poesías, cuentos y hasta de un libro que está por publicar con su testimonio de conversión. También participa activamente en la revista «El límite», que los propios presos elaboran gracias a que cuentan con ordenador, impresora y el material necesario.
«El preso no está totalmente perdido, puede recuperarse», señala reflexivo. «Lo que le pediría a los grupos de la Iglesia que visitan las cárceles y a las Organizaciones No Gubernamentales es que podrían hacer más por los presos, especialmente paliar la soledad que se encuentran cuando salen. Dejas la última puerta y estás sólo, no tienes a nadie», se lamenta.
«No hace falta decir que hay que desarrollar instrumentos para incorporar laboralmente a los presos y así no tengan que deliquir», declara.
Raúl pide a todos los cristianos oración por los presos y recuerda que del 4 al 11 de mayo es la Semana Internacional de Oración por los Presos que este año tiene como lema «Kyrie Eleison: Señor, ten misericordia de nosotros», en la que también se ora por las víctimas, los funcionarios de las prisiones y por los familiares de los presos.
Lev Tolstoi solía decir que en prisión la persona se ve precipitada al abismo del pecado y del envilecimiento. Sin embargo Fedor Dostoiewsky afirmaba, tras su reclusión en Siberia, que en la cárcel también se puede llevar una vida digna. El caso de Raúl Oreste no es ni mucho menos extraño, al contrario, suele darse con bastante frecuencia. También la vida del lírico francés P. Verlaine dio un vuelco durante su época de recluso. Y qué decir del snob inglés O. Wilde, abanderado de la sexualidad en su tiempo y convertido después de mirar a un crucifijo que colgaba de la pared de su celda. Ciertamente Dios está allí donde más se le necesita, aprovechando esa necesidad para actuar en los corazones. Sin duda el común denominador de todas las vidas expuestas anteriormente es la soledad. Esta lleva al ser humano a enfrentarse cara a cara con las preguntas fundamentales; ésas que nunca nos planteamos en los momentos de éxito profesional, cuando todos requieren de nosotros un rato de atención y realmente te crees útil e imprescindible. El día en que todo eso termina surge el precipicio, te sientes inválido e intuyes -al igual que Raúl, Oscar, Fiedor...- que solo te puedes aferrar a Dios. Eso mismo debía suceder en el corazón de la incansable revolucionaria Rosa Luxemburgo al confesar que en ocasiones, sin saber muy bien por qué, necesitaba cantar el “Ave Maria” de Gounod.
Tomado de:
Carlos González, PUP, 13.V.03
Zenit, ZS03051108
Conclusión Enfermos mentales y prisión.
Consulta de datos Estadísticos de las Instituciones penitenciarias en España
Material para orar con las personas presas
OBJETIVOS
Objetivo general:
- Orar con las personas encarceladas.
Objetivos específicos:
- Descubrir que Jesús habita en las prisiones.
- Asomarnos a un rostro distinto de Dios escuchando la voz de las personas encarceladas y el mensaje de liberación de Jesús.
- Sentirnos - personas enviadas para la misión de liberación .
DESARROLLO Y LECTURAS
a) Primera Parte:
Lectura del evangelio: Jn 1, 38
Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dice -“¿Qué buscáis?”. Ellos le respondieron: “Rabbí –que quiere decir Maestro- ¿dónde vives?” |
Hna. GLENDA “¿Dónde vives?” (del disco “A solas con Dios”)
Dime ¿dónde vives?
¿dónde vives?
¿dónde vives? ¿dónde vives?
Maestro ¿dónde vives? (bis)
Lectura (Adaptación del texto de la Revista Orar, nº 157, pág. 6)
Orar con las personas privadas de libertad es orar por Javi, Jose, Abderraman...que están acostumbrados a ser encerrados día tras día en su celda con un sin fin de sueños e ilusiones, encerrados física e incluso mentalmente
Orar desde la cárcel es orar por María, Conchi, Amaia...con todas esas mujeres que por tener la vida llena de fracasos, golpes, luchas...han acabado en un espacio cerrado sin solucionar sus problemas
Orar desde la cárcel es orar por todas esas personas encerradas en sus rejas y encerradas también por nuestro rechazo, nuestro odio, nuestra indiferencia y nuestro sentido de justicia que nos convierte en jueves de los otros.
Orar desde la cárcel es sentirnos también nosotros y nosotras Iglesia encerrada y convertir en plegaria abierta y dolorida las ilusiones de Javi y Jose, las ansias de libertad de María y Conchi, los sueños de sentir el calor de una familia de Amaia y Abderraman.Orar desde la cárcel es abrirnos a la misericordia del Padre-Madre Dios para dar respiro a tanta justicia cruel y desencarnada.
- Plegaria de una persona presa ( Fragmento de Rev. Orar, nº 157, pág. 22)
¡Señor! S oy un preso:
tengo más tiempo que los cartujos para rezarte,
pero quizás sólo Tú sabes lo que cuesta rezar a un preso. 
En nuestro ser más profundo explota a cada instante la rebelión.
Es difícil rezar, es difícil creer cuando uno se siente abandonado por la humanidad.
Sé que me comprendes pues Tú también en la Cruz tuviste que gritar tu angustia, tu cólera, tu desilusión, tu amargura:
“Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”
Quizás sea esta la única oración que podamos hacer, pero frente a ella el mundo se ríe.
Un “por qué” que en tus labios era distinto porque Tú eras inocente.
Nosotros no somos inocentes: nadie lo es en esta tierra.
Pero nuestro “por qué” es una petición de justicia, aunque a veces lleve el sello de la cólera y la desesperación y la desconfianza.
Sabemos que nuestro “por qué” ya no escucha esta sociedad que rechaza a la persona, ya que solo la valora por lo que hace o lo que tiene.
Quizás tú tengas aún un poco de paciencia y compasión y hasta un poco de fe en nosotros para escucharnos sin irritación y sarcasmo.
A Ti Señor, víctima viva de todas las injusticias humanas, dirijimos nuestro grito. Acéptalos como oración aunque los “buenos” se rasguen las vestiduras.
Tú perdonas y olvidas; y hasta excusas. Pero la humanidad cuando nos perdona, no se olvida de nuestra lepra.
Estamos marcados para siempre.
Somos delincuentes toda nuestra vida.
¿Cómo podemos esperar la resurrección si la sociedad se niega a creer en personas como nosotros?
Oración personal
Oración grupal.
Compartir :
* ¿Qué me ha dicho Jesús durante este rato?.
* Mi maestro, ¿dónde me ha dicho que vive?.
b) Segunda parte
GLENDA “Ven Señor Jesús ” (del disco “A solas con Dios”)
Ven Señor Jesús, porque sin ti ya no hay paisaje.
Ven Señor Jesús, porque sin ti no hay melodías.
Ven Señor Jesús, porque sin ti no encuentro paz en nada.
Ya no escucho latidos, ya no abrazo con fuerza, mi corazón no se ensancha,
Mi sonrisa no es plena, todo sin ti nada vale la pena,
Porque sin ti ya no me llena nada,
Porque sin ti todo suena vacío,
Sin ti todo me deja tristeza
Porque sin ti yo no respiro hondo,
Porque sin ti todo me cansa,
Porque sin ti me falta todo y me sobre todo, todo sin ti, sin ti.
Ven Señor Jesús, ven pronto a mi vida,
Ven pronto Señor, ven pronto,
Porque sin ti no me importa mi hermano,
No me importa el que sufre,
Porque sin ti mi corazón es de piedra, a quien todo resbala
Acostumbrada a los pobres,
Acomodada en su casa,
Sin jugarse la vida,
Sin gastarla por nada.
Ven Señor Jesús, ven pronto a mi vida, ven pronto Señor, ven pronto.
Lectura Lc 4, 18-20
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
- Símbolo : Semillas que cada uno y cada una se llevará como señal de su envío a proclamar la libertad a los cautivos
Oración final . Adaptación del Salmo 136 “Que se me pegue la lengua al paladar!”
(En Revista Orar, nº 157, pág. 30)
Que se me pegue la lengua al paladar, si me olvido de mis hermanos privados de libertad, los que viven en el destierro de la miseria, agostados y despojados, alejados y olvidados, prematuramente viejos, a menudo sin esperanzas.
¿Quién puede olvidar vuestras tristes miradas, hombres y mujeres que nunca aprendisteis a sonreír? que se me oscurezca la niña de mis ojos, si olvido vuestras miradas suplicantes.
Hermanos y hermanas mías, que vivís en el desierto de la cárcel, masticando el ruido y el horror de cada día, vejad@s, violentad@s, humillad@s .
Pero si cierro los ojos, aun en medio del canto siento la voz de mis hermanos y hermanas que están allá tan lejos, que están aquí tan adentro.
“Nada es verdad ni es mentira,
todo es según el dolor con que se mira” .
Libros, Revistas y artículos
Cuaderno Cristianismo y justicia: Algunas reflexiones curso 1998-1999.
Voz de los pres@s
1.- ANONIMO
Para la sociedad somos un tabú Dicen de las personas que trabajamos con las personas pobres, los que compartimos con quienes no cuentan para la sociedad, que estamos llamados a ser "la voz de los sin voz". Puede que así sea, pero también es verdad que ya es hora de poner el micrófono o agacharnos un poquito para escuchar su propia voz: la voz dormida, la voz acallada, los gritos del silencio, el clamor sordo del dolor... de esas personas que tienen boca y son capaces de decir su realidad. A veces me pregunto si el problema no está más en nosotros mismos, acostumbrados a un mismo tipo de poesía, a un hablar "políticamente correcto", a mil y discursos filosóficos. He aquí un testimonio sobre la cárcel, con su estilo, con sus palabras que son suyas, con su propio clamor y su dolor... que invitan a orar
Estibaliz de Miguel (Pastoral Penitenciaria)
Me encuentro privado de libertad en el centro penitenciario de Basauri. Es la primera vez que estoy en prisión y, la verdad, nunca me pasó por mi mente encontrarme en esta situación. Me costó asumirlo, pero a partir de este momento hay que adaptarse a las circunstancias.
No podría hablar maravillas de las prisiones. Están ahí y tienen que existir. El solo hecho de estar privado de libertad ya es una carga bastante pesada y dolorosa.
Creo que en mi caso se me han brindado las oportunidades de poder estudiar, realizar actividades sociales y sobre todo desempeñar un trabajo, con el que puedo ayudar a mi familia (esposa e hijos). En términos generales puedo decir que he recibido un trato justo en todos los aspectos y circunstancias: alimentación, estudios, servicios médicos y disciplinarios, siempre y en todo momento respetuosos; además de sentir el afecto y calor humanitario y desinteresado de una serie de personas que comparten asiduamente, como es el caso de los capellanes y muchas personas voluntarias que nos visitan.
Pienso que en todo momento el trato del personal del centro es bueno, pero a pesar de todo tengo el convencimiento de que todo en la vida puede mejorar. A veces pareciera que sólo nuestras familias conocieran nuestros problemas, porque para la mayoría de la sociedad somos un tabú e ignoran cuánta ayuda externa necesitamos, para un verdadera y eficaz rehabilitación. Necesitamos que se involucren más todos los sectores sociales del país, tales como las empresas, ONGs, el clero y todas aquellas entidades que de una u otra forma podrían aportar su granito de arena. Sería así el complemento ideal para la recuperación y reintegración social de nuevo en la sociedad con garantías de servir y por el contrario no ser un obstáculo para la misma.
Aprovecho la ocasión para agradecer a todas las entidades que colaboran para hacernos más llevadera esta situación, y a todas las personas encargadas de actos culturales y recreativos, e invitar a quienes no lo han hecho a que se sumen a este proyecto que creo no es sólo desde el punto de vista gubernamental.
De verdad que aunque estemos privados de libertad también merecemos todo el apoyo posible. Seguro que con su ayuda todo será un poco más sencillo.
Anónimo