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Normalmente en estas fechas se multiplican las escenas navideñas. En los escaparates, en las iglesias, en tarjetas de felicitación, se acumulan imágenes diversas de la Virgen y San José, el niño, la estrella, los magos, pastores, el pesebre, un portal de piedra... Los villancicos lo describen con música y palabras, a veces ingenuas, siempre inocentes.
Pues bien, aprovecha tantos recordatorios para rezar. Para ello, te sugerimos que en algún momento te pares a pensar en lo que celebramos:
1) Busca algún espacio tranquilo, y un rato sólo para ti.
2) Pide a Dios que te ilumine
Toma una Biblia contigo
3) Lee los relatos navideños despacio, dejando que la escena te cale por completo. (Lc 2, 1-20), (Mt 1,18- 2,17) Intenta imaginar los sentimientos de los personajes, sin edulcorarlos:
a. María, la mezcla de expectativa y miedo, ilusión y temor, confianza e incertidumbre, de quien ha dicho "Hágase" a algo tan difícil
b. José, el hombre confundido pero confiado, asustado pero valiente...
c. Los pastores, la gente de los márgenes, contemplando algo sorprendente
d. Los magos: la figura del sabio que busca en los caminos
e. Contempla al niño: ¿Cómo puede Dios nacer así? En una noche fría, en un portal maloliente, en vez de cuna un pesebre, y como calor los animales...
f. El conflicto que desde el principio genera Jesús (la matanza de los inocentes, la persecución, la huida a Egipto...)
4) Deja que esas imágenes resuenen en ti, y te hagan pensar en tu propia vida. ¿Hay en ella incertidumbre? ¿Riesgo? ¿Valor? ¿Compromiso? ¿Conflicto? ¿Una misión? ¿Reconocimiento de Dios en lo escondido? ¿Búsquedas?
5) Pídele a Dios, u ofrécele, aquello que te parezca importante.
6) Termina tu oración
Repite esta oración cuantas veces creas que te puede ayudar. Y en la vida cotidiana, cuando en estos días, veas esas imágenes y estampas navideñas, recuerda esta oración y vuelve a ofrecerle a Dios aquello que quieres.
La oración repetitiva
Toma alguna palabra o frase que tenga algún sentido navideño y que sientas que refleja tus sentimientos en estos tiempos, y repítela cuando te acuerdes, cuando pasees, cuando estés de compras, o en el autobús, o tranquilamente sentado o sentada. Frases como: "Hágase en mi tu voluntad", o "Gloria a Dios en el cielo", o "Paz en la tierra a quienes ama el Señor", o "Dichosos los pies del mensajero que anuncia la paz", o "El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros". Deja que esas palabras te acompañen a lo largo de estos días, pensando cómo se hacen realidad hoy y aquí.

Estas últimas semanas de curso es lo que tienen… Caras largas y ojeras para los estudiantes. Insomnio. Ir rematando actividades en muchísimas áreas de la vida cotidiana. Publicidad playera. Canciones simples y pegadizas, tipo “tengo la camisa negra, com´on com´on com´on baby te digo con disimulo”. Ganas locas de acabar. Una pregunta en todos los labios: “¿ya sabes qué vas a hacer este verano?” Calor. Mucho calor.
En algún momento caerá el primer chapuzón, si tienes suerte en la playa, si no en una piscina, y en el peor de los casos a manguerazos (aunque este año la sequía no va a dejar mucho margen al gasto de agua). Se cierne sobre muchos la inquietante sombra de si en julio y agosto habrá que estudiar mucho o poco; y en ese adverbio nada más radica la posibilidad de hacer o no hacer todo lo que uno querría…
Huele a verano, a descanso, a cambio, a oportunidades… Y no hay duda de que el verano es un tiempo especial.
Tiempo para el Cambio
“Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo”. (Qo 3,1).
Vacaciones. ¡Qué bonita palabra! Qué suerte para quienes podemos disfrutarlas. Un derecho humano (lástima que, como tantos otros, siga siendo algo que para demasiada gente en nuestro mundo es una utopía). Vacaciones es tiempo para cambiar las rutinas. Incluso en muchos casos los horarios de trabajo se suavizan.
Es tiempo para hacer otras cosas. Un viaje, que sea tiempo de calidad compartido con tus gentes; un campo de trabajo en el que puedas dedicar tu tiempo a aquellos para quienes nunca lo tienes; unas semanas empapándote de novelas; más espacio para lo importante: escribir a tus amigos, hablar con tu familia…
Explorar otras posibilidades. Es bueno salir por un tiempo de la rutina. Disminuir la velocidad en vidas aceleradas. Mirar a lo lejos si los horizontes cotidianos son demasiado pequeños. Sonreír más. Y agradecer la oportunidad de hacer todo esto.
Y nos preguntamos: Tal vez es este un buen momento para mirar atrás.
Y también para mirar adelante.
Vacaciones, pero no de Dios.
“El Señor es mi pastor, nada me falta” (Sal 22).
Porque Dios no es una tarea más o una rutina propia de nuestro curso, como las clases, el trabajo o los estudios. No nos dan créditos por intentar dejar que el evangelio nos empape.
No es que desconectemos unos meses como cristianos ahora. Porque de Dios no se descansa, sino que, en todo caso, el evangelio es (también) espacio de reposo y de alegría.
La relación con Dios también tiene y requiere sus ritmos, y a veces nos exige y nos aprieta, mientras en otras nos abraza y nos sosiega. Este tiempo de verano puede ser una ocasión para buscarle de otro modo, para recordar que en nuestra vida está él con fuerza. Para escuchar más, o para pedir de un modo diferente. Para dejarnos acompañar un poco más. Para saber que no estamos solos.
Repite muy despacio: ¿Cómo va Dios en mi vida?, ¿Hay vaciones de Dios? Y reza:
EL DIOS DE LA FE En medio de la sombra y de la herida José Luis Martín Descalzo Tenlo presente y acuérdate de Dios Trinidad este verano. Jose Vi.
me preguntan si creo en Ti. Y digo:
que tengo todo, cuando estoy contigo,
el sol, la luz, la paz, el bien, la vida.
Sin Ti, el sol es luz descolorida.
Sin Ti, la paz es un cruel castigo.
Sin Ti, no hay bien ni corazón amigo.
Sin Ti, la vida es muerte repetida.
Contigo el sol es luz enamorada
y contigo la paz es paz florida.
Contigo el bien es casa reposada
y contigo la vida es sangre ardida.
Pues si me faltas Tú, no tengo nada:
ni sol, ni luz, ni paz, ni bien, ni vida.

Son pocos los actuales habitantes de Varsovia que aprecian el precioso tesoro que guarda la iglesia de la Santísima Trinidad de Solec. El templo, alejado un poco de las rutas turísticas de interés, es uno de los dos Santuarios de Nuestro Señor en la capital de Polonia: uno de ellos es la Catedral Metropolitana de San Juan Bautista, en el Casco Viejo, con su Crucifijo Milagroso en la Capilla de los Baryczka, y el otro es, precisamente, el de la iglesia de Solec, con la Imagen Milagrosa de Nuestro Señor, Jesús Nazareno, venerada en este lugar desde hace casi 300 años.
La presencia de la Imagen Milagrosa de Nuestro Señor Jesucristo en la iglesia de la Santísima Trinidad está relacionada con la llegada de la Orden de los Trinitarios de España, cuya misión era la de rescatar prisioneros del cautiverio (uno de los rescatados fue Miguel de Cervantes, el autor de El Quijote). El origen de la Imagen, colocada en el Altar Mayor de la iglesia en 1726, es también español, por las características de la escultura y, sobre todo, su tema: Jesús Nazareno Rescatado, relacionado directamente con la Imagen del Cristo de Medinaceli conservada en la madrileña iglesia de los Capuchinos.
Iconográficamente recuerda a las representaciones del tipo Ecce homo (Cristo con las manos atadas y corona de espinas). Pero no es aquí donde hay que buscar la génesis de la Imagen Milagrosa de Madrid. Resulta que la Imagen de Jesús Nazareno Rescatado, procedente de la segunda o tercera década del siglo XVII y hecha en madera por un escultor anónimo en un taller sevillano, (asociado muy frecuentemente con la obra de Francisco de Ocampo o, a veces, de Luis de Peña) primero representaba al Salvador con la cruz a cuestas, o sea, una clásica imagen española de las procesiones, llamada Jesús de la Pasión. La cruz que se encontraba antes a hombros de Jesús debió de perderse durante el secuestro de la imagen por los moriscos de Mámora (llamada también San Miguel de Ultramar), ciudad africana perteneciente a España y ocupada en 1681, adonde, según los documentos, fue llevada antes de 1667. La mutilación de la escultura pudo producirse también durante una posterior profanación en Mequinez donde la imagen, según cuenta la tradición, fue, al igual que las otras imágenes cristianas de culto, arrastrada por las calles de la ciudad.
Sólo una de las misiones de liberación de los Trinitarios Descalzos españoles, encabezada por Fez y Tetuán Miguel de Jesús María, Juan de la Visitación y Martín de la Resurrección organizó el rescate de la Imagen de Jesucristo junto con otras 16 imágenes (por supuesto, el objetivo principal era el de rescatar a la población cristiana cautiva). Desconocemos la cantidad que se pagó, sin embargo, existe una leyenda del siglo XVIII según la cual se iba a pagar un rescate en oro equivalente al peso de la escultura, pero al ponerla en uno de los platillos de la balanza, de manera milagrosa, resultó que bastó una sola moneda para rescatarla.
Todos los objetos recuperados fueron transportados vía Ceuta y Gibraltar a Madrid donde, después de tres días de ceremonias en agosto de 1682 en presencia del rey Carlos II, se colocó la imagen de Jesús Nazareno en la iglesia de la Orden de los Trinitarios. Allí, en la capital de España, goza, hasta el día de hoy, de un culto extraordinario que se ha difundido también por otros países de Europa.
La adoración a la imagen llegó también a Polonia adonde la Orden de los Trinitarios Descalzos fue invitada gracias a las gestiones de Juan Casimiro Denhoff, abad cisterciense de Mogila y legado polaco, que encabezaba una misión diplomática.
Los primeros Trinitarios que llegaron al Reino de Polonia fueron: el Padre Juan de San Antonio, el Padre Francisco de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora (ambos profesores de Filosofía y Teología y oriundos de Córdoba) y Fray Juan de San Francisco. Salieron de Madrid en noviembre de 1684 hacia Roma para que J. K. Denhoff, residente temporal en esa ciudad, les enseñara algunas costumbres polacas, y llegaron a Varsovia el 22 de mayo de 1685. Sin embargo, no pudieron fundar en seguida un convento en la capital. Primero les llevaron a la ciudad de Lvov, por la proximidad con la frontera turca que ofrecía mejores condiciones de realización de la misión de la Orden, estrictamente vinculada con el de rescate de esclavos. En la zona fronteriza de Polonia surgieron los primeros asentamientos de los Trinitarios y, al mismo tiempo, se difundió el culto a la Imagen de Jesús Nazareno; todos los conventos de los Trinitarios Descalzos procuraban tener en sus templos una reproducción de la Imagen madrileña, después conocida como Milagrosa. Pronto aparecieron otras Imágenes Milagrosas en Lvov, Vilna, Beresteczko, después en Luck, Teofilow, Kamieniec Podolski, Orsza y Brahilow. Desafortunadamente gran parte de ellas no se conservan hoy, con excepción de la Imagen de Vilna que actualmente se encuentra en la iglesia de San Pedro y San Pablo en el barrio de Antokol (Vilna).
Tres años después de la fundación del primer asentamiento en Lvov, los Trinitarios regresaron a Varsovia. Durante los primeros cinco años su templo en la capital fue una pequeña iglesia en la calle Zakroczymska, derrumbada en 1832 por los constructores de la Ciudadela, y finalmente se instalaron en Solec, a orillas del Vístula, por influencia del voivoda de Czernichowskie, Otto Ferdynand Felkerzamb, y con la protección de María Casimira, mujer del rey Juan III Sobieski.
La primera construcción de la iglesia en Solec fue interrumpida por una serie de circunstancias desfavorables: la muerte del patrocinador principal, el rey Juan III Sobieski, el estallido de la Guerra del Norte y los saqueos suecos de 1701 y 1702, la muerte del fundador de la iglesia, Otto Falkerzamb en 1705, y la epidemia de peste que afectó a Solec en 1708, en la que murieron todos los Trinitarios de Varsovia. Sus sucesores llegaron a la capital en 1712 pero los esfuerzos puestos en la construcción fueron interrumpidos de nuevo por otra adversidad, esta vez, la inundación que en 1713 anegó todo el barrio de Powiśle.
Gracias a la ayuda financiera del canciller Szembek, a los herederos de Otto Falkerzamb y al obispo de Kiev, Samuel Ożga, así como a la de un tal Maron (misterioso personaje representante del rey francés en la corte polaca) el Padre Jerónimo, prior del convento, pudo reiniciar en 1721 las obras del templo, que seguirían el modelo arquitectónico de la iglesia de la Santísima Trinidad, (situada en la calle Lope de Vega de Madrid) probablemente de la mano del arquitecto Tilman de Gameren. En 1726 el templo fue bendecido solemnemente por el obispo Samuel Ożga que fue al mismo tiempo fundador de la Imagen de Nuestro Señor Jesucristo, El Nazareno traída desde España e instalada en el Altar Mayor.
La Imagen de Solec es una de las réplicas más antiguas, más grandes y más bonitas de la Imagen madrileña: realista, con pelo natural, las manos llenas de expresión, preparada para ser vestida con un manto adornado dependiendo de la fiesta y el tiempo litúrgico (antiguamente en la parte trasera del altar se encontraba un cuarto especial donde se guardaban mantos de Nuestro Señor Jesucristo y antes de las fiestas se vestía a la Imagen solemnemente), hecha en madera, vestida con una túnica de cobre cubierta de plata, y con una corona de espinas clavada a la cabeza con piedras preciosas. Conforme a la tradición, adoptó también el título de Jesús Nazareno. El propio nombre no define plenamente el tipo iconográfico que representa, sólo la palabra Rescatado indica su originalidad e irrepetibilidad. Plásticamente esta diferencia está subrayada por un escapulario trinitario con una cruz azul y roja colgado del pecho de Jesús, que es el símbolo del rescate. Precisamente es su presencia la que diferencia esta visión de la clásica representación del Ecce Homo. En España han gozado de popularidad otros dos nombres de la Imagen Milagrosa: Cautivo y Cristo de Medinaceli. El primero estaba relacionado con la historia de la Imagen, el otro se difundió en el siglo XIX por el patrocinio de los duques de Medinaceli sobre el antiguo templo Trinitario donde se había colocado la Imagen Milagrosa.
No se tiene noticia de la totalidad de los acontecimientos y milagros que tuvieron lugar ante la Sagrada Imagen de la iglesia de Solec; tanto el inicio de la Insurrección de Noviembre de 1830, en el que se prendió fuego a una antigua cervecería situada enfrente de la iglesia, como las inundaciones, el paso de ejércitos y las devastaciones de la guerra, contribuyeron a que se borrara la memoria de gran parte de los testimonios de las gracias aquí recibidas.
Ya no existe en Varsovia la Orden de los Padres Trinitarios al haber sido disuelta por recurso de casación después de la Insurrección de Enero de 1863. La parroquia de Powisle (que anteriormente tuvo como patrona a Santa Bárbara y que es una de las parroquias más antiguas de la ciudad), fue trasladada a Ujazdów en 1594 a causa de una inundación, donde fue disuelta, en 1818, por el mismo procedimiento. En 1864 regresa a Solec por decisión de las autoridades de la Diócesis de Varsovia, y renace como parroquia de la Santísima Trinidad, recibiendo la iglesia y una parte de los edificios anejos.
A pesar de tantos cambios, lo más importante sigue permaneciendo y está arraigado en el fondo de los corazones de los hombres. Ante la Imagen de Jesús Nazareno los varsovianos han meditado durante siglos sobre el misterio de la Pasión del Hijo de Dios, aceptada voluntariamente, y han experimentado el convencimiento del camino de su cruz e incluso han presenciado milagros, hecho que testimonian los numerosos exvotos. Aún a principios del siglo XX se podía leer en la prensa sobre este lugar lo siguiente: “el pueblo piadoso reza fervorosamente con fe y esperanza, y recibe muchas gracias milagrosas”.
El 3 de octubre de 1893 fue bautizado aquí el que fuera alcalde de Varsovia, Stefan Starzyński, y el 3 de junio de 1942 se casó, también aquí, el poeta Krzysztof Kamil Baczyński.
La iglesia de la Santísima Trinidad quedó casi completamente destruida después de la Insurrección de 1944 y la liberación de Varsovia de la ocupación nazi. El culto a la Imagen de Jesús Nazareno compartió la suerte de toda Varsovia. No obstante, agradecemos a la protección de Dios la milagrosa salvación de la Imagen de Jesús, que durante la Insurrección de Varsovia fue sacada de la iglesia por los parroquianos y escondida para , ser encontrada en las ruinas algún tiempo después.
Actualmente, como desde hace siglos, a Madrid y Varsovia, la Providencia Divina dota con esta misma imagen de Jesús Nazareno que trae la liberación a todos.
Este hecho es, ante todo, un signo extraordinario ante la Europa que se está uniendo.
La iglesia de la Santísima Trinidad, rescatada de las ruinas, reconstruida y ampliada, es uno de los templos históricos más bellos de Varsovia; en los antiguos edificios conventuales, reconstruidos y ampliados también, se encuentra, además de la parroquia, el Museo de la Archidiócesis de Varsovia, que es depositario tanto de un tesoro de recuerdos históricos como de un tesoro de arte antiguo. El Museo, comprometido con la resistencia contra el totalitarismo comunista, se convirtió en un auténtico centro de arte independiente durante el tiempo de la ley marcial, y la principal galería de la capital, contando con una de las mayores colecciones de arte moderno de la década de los ochenta en Polonia. El Museo también acogió a la Escena Teatral Independiente, en la que se celebraron innumerables veladas teatrales y poético-musicales; son ya históricas algunas obras escritas y compuestas para esta escena.
Al mismo tiempo, la parroquia de la Santísima creó el Estudio Independiente de Cultura Cristiana, que agrupaba a eminentes intelectuales y donde se editaron unas cuantas publicaciones.
Un lugar emblemático de la historia más reciente, una verdadera forja de libertad creada bajo el manto protector de Jesús Nazareno: preso rescatado que nos conduce desde el cautiverio hasta la libertad.
Entre las 201 víctimas mortales del atentado terrorista de la estación de Atocha de Madrid, el 14 de marzo de 2004, había cuatro ciudadanos polacos.
Esta comunidad parroquial envió a España, en un acto espontáneo de solidaridad, un libro conmemorativo con las firmas de cientos de parroquianos, y con fotografías del Vía Crucis por las víctimas, que recorrió las calles del barrio de Powisle.
La historia se repite. Siglos después regresamos al punto de partida: al propósito que trajo a los misioneros trinitarios españoles al barrio de Powisle de Varsovia; a la conciencia del carácter católico de la Santa Madre Iglesia y de la unidad en Cristo de los pueblos cristianos de Europa.
En el año de la entrada de Polonia en la Unión Europea deseamos recuperar nuestras tradiciones españolas y de libertad.
Desde el año 1999, la Imagen Milagrosa de Nuestro Señor Jesucristo se viste con un manto hecho a la manera del culto antiguo. Durante la Cuaresma de 2002 se organizó la primera peregrinación de una reproducción de la Imagen por las casas de los parroquianos. Todos los días se canta un himno; por la mañana se descubre la Imagen durante el canto y, por la noche, se la cubre. Los viernes, antes de la Misa vespertina, se celebra un oficio solemne a Nuestro Señor Jesucristo Misericordioso, durante el cual se leen súplicas y agradecimientos individuales. En el transcurso de la fiesta anual, que se organiza desde 2003 en el día de la Santísima Trinidad, la reproducción de la Imagen de Jesús Nazareno es llevada en procesión, para recordar a los habitantes de Varsovia el patrimonio espiritual de la iglesia de Solec, y de acuerdo con el canto antiguo que habla de la consolidación de la santa fe para los que estén aquí presentes cuando nosotros seamos sólo sombras.
(Texto recogido de la Página web de los PP. Trinitarios de España-Sur)

Dios es familia. Dios es comunidad. Dios no es un ser solitario, lejano, inaccesible, totalmente distinto a los hombres. No. Dios es una comunidad de tres personas, que viven desde siempre en una relación de conocimiento y amor entre sí. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Así nos lo ha revelado Jesús, situándose en el escenario del mundo y de la Historia como el Hijo, el Hijo único de Dios, hablándonos continuamente de Dios como su Padre y nuestro Padre, y prometiéndonos el envío del Espíritu Santo, que entra hasta el fondo del alma para darnos a conocer a Dios por dentro.
La fiesta de la Santísima Trinidad, que este domingo celebramos, viene a situarnos en esa relación de amor con las Personas divinas, protagonistas de la historia de la salvación para toda la Humanidad. Ese círculo de amor, en el que Dios vive feliz desde siempre y para siempre, se ha abierto para acoger a cada persona humana e introducirla en ese diálogo de amor que personaliza. El trato con personas nos hace personas. El trato con las Personas divinas nos diviniza, llevándonos a ser plenamente personas humanas.
El hombre busca el rostro de Dios. «Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro». Cuando el hombre se aparta de Dios, se vuelve a los ídolos, busca arañar el futuro, aunque sea por medio de adivinos, pero en el fondo de su corazón busca el rostro de Dios. «Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (san Agustín). Ese rostro del Dios único y verdadero se nos ha dado a conocer en el rostro de Cristo, el Verbo hecho carne. El rostro de Cristo es reflejo de la gloria de Dios, Él es imagen de Dios invisible. Él ve al Padre y nos habla continuamente del Padre. Por eso nos muestra el rostro de un Padre misericordioso, en la imagen del pastor que busca la oveja perdida.
Este único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo ha querido poner su tienda en el corazón de cada hombre, ha puesto su morada en el alma inundada por la gracia de Dios. Desde lo más hondo del corazón humano, el hombre está llamado a adorar a Dios. El reconocimiento de esta profunda intimidad lleva al hombre a la actitud de la más profunda adoración, postrándose con todo su ser ante el único Dios que en Cristo nos ha mostrado su rostro. El culto cristiano es siempre un culto trinitario. Con el profeta exclamamos: «Santo, Santo, Santo», ante este Dios tres veces santo, que encuentra sus delicias en estar con los hijos de los hombres.
+ Demetrio Fernández
obispo de Tarazona

Consultar artículo de Ignacio Rojas en la dirección de Internet: http://www.trinitarios.net/publicaciones/revista%20numero%2040/escanear0006.jpg



1. El Espíritu Santo «es Señor y da la vida». Con estas palabras del símbolo niceno-constantinopolitano la Iglesia sigue profesando la fe en el Espíritu Santo, al que san Pablo proclama como «Espíritu que da la vida» (Rm 8, 2).
En la historia de la salvación la vida se presenta siempre vinculada al Espíritu de Dios. Desde la mañana de la creación, gracias al soplo divino, casi un «aliento de vida», «el hombre resultó un ser viviente» (Gn 2, 7). En la historia del pueblo elegido, el Espíritu del Señor interviene repetidamente para salvar a Israel y guiarlo mediante los patriarcas, los jueces, los reyes y los profetas. Ezequiel representa eficazmente la situación del pueblo humillado por la experiencia del exilio como un inmenso valle lleno de huesos a los que Dios comunica nueva vida (cf. Ez 37, 1-14): «y el Espíritu entró en ellos; revivieron y se pusieron en pie» (Ez 37, 10).
Sobre todo en la historia de Jesús el Espíritu Santo despliega su poder vivificante: el fruto del seno de María viene a la vida «por obra del Espíritu Santo» (Mt 1, 18 cf. Lc 1, 35). Toda la misión de Jesús está animada y dirigida por el Espíritu Santo, de modo especial, la resurrección lleva el sello del «Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos» (Rm 8, 11).
2. El Espíritu Santo, al igual que el Padre y el Hijo, es el protagonista del «evangelio de la vida» que la Iglesia anuncia y testimonia incesantemente en el mundo.
En efecto, el evangelio de la vida, como expliqué en la carta encíclica Evangelium vitae, no es una simple reflexión sobre la vida humana, y tampoco es sólo un mandamiento dirigido a la conciencia; se trata de «una realidad concreta y personal, porque consiste en el anuncio de la persona misma de Jesús» (n. 29), que se presenta como «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). Y, dirigiéndose a Marta, hermana de Lázaro, reafirma: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11, 25).
3. «El que me siga —proclama también Jesús— (...) tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12). La vida que Jesucristo nos da es agua viva que sacia el anhelo más profundo del hombre y lo introduce, como hijo, en la plena comunión con Dios. Esta agua viva, que da la vida, es el Espíritu Santo.
En la conversación con la samaritana Jesús anuncia ese don divino: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva. (...) Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna» (Jn 4, 10-14). Luego, con ocasión de la fiesta de los Tabernáculos, al anunciar su muerte y su resurrección, Jesús exclama, también a voz en grito, como para que lo escuchen los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí. Como dice la Escritura: "De su seno correrán ríos de agua viva". Esto lo decía —advierte el evangelista Juan— refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él» (Jn 7, 37-39).
Jesús, al obtenernos el don del Espíritu con el sacrificio de su vida, cumple la misión recibida del Padre: «He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). El Espíritu Santo renueva nuestro corazón (cf. Ez 36, 25-27; Jr 31, 31-34), conformándolo al de Cristo. Así, el cristiano puede «comprender y llevar a cabo el sentido más verdadero y profundo de la vida: ser un don que se realiza al darse» (Evangelium vitae, 49). Ésta es la ley nueva, «la ley del Espíritu, que da la vida en Cristo Jesús» (Rm 8, 2). Su expresión fundamental, a imitación del Señor que da la vida por sus amigos (cf. Jn 15, 13), es la entrega de sí mismo por amor: «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos» (1 Jn 3, 14).
4. La vida del cristiano que, mediante la fe y los sacramentos, está íntimamente unido a Jesucristo es una «vida en el Espíritu». En efecto, el Espíritu Santo, derramado en nuestros corazones (cf. Ga 4, 6), se transforma en nosotros y para nosotros en «fuente de agua que brota para la vida eterna» (Jn 4, 14).
Así pues, es preciso dejarse guiar dócilmente por el Espíritu de Dios para llegar a ser cada vez más plenamente lo que ya somos por gracia: hijos de Dios en Cristo (cf. Rm 8, 14-16). «Si vivimos según el Espíritu —nos exhorta san Pablo—, obremos también según el Espíritu» (Ga 5, 25).
En este principio se funda la espiritualidad cristiana, que consiste en acoger toda la vida que el Espíritu nos da. Esta concepción de la espiritualidad nos protege de los equívocos que a veces ofuscan su perfil genuino.
La espiritualidad cristiana no consiste en un esfuerzo de autoperfeccionamiento, como si el hombre con sus fuerzas pudiera promover el crecimiento integral de su persona y conseguir la salvación. El corazón del hombre, herido por el pecado, es sanado por la gracia del Espíritu Santo; y el hombre sólo puede vivir como verdadero hijo de Dios si está sostenido por esa gracia.
La espiritualidad cristiana no consiste tampoco en llegar a ser casi «inmateriales», desencarnados, sin asumir un compromiso responsable en la historia. En efecto, la presencia del Espíritu Santo en nosotros, lejos de llevarnos a una «evasión» alienante, penetra y moviliza todo nuestro ser: inteligencia, voluntad, afectividad, corporeidad, para que nuestro «hombre nuevo» (Ef 4, 24) impregne el espacio y el tiempo de la novedad evangélica.
5. En el umbral del tercer milenio, la Iglesia se dispone a acoger el don siempre nuevo del Espíritu que da la vida, que brota del costado traspasado de Jesucristo, para anunciar a todos con íntima alegría el evangelio de la vida.
Supliquemos al Espíritu Santo que haga que la Iglesia de nuestro tiempo sea un eco fiel de las palabras de los Apóstoles: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, —pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó— lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1 Jn 1, 1-3).

Queridos hermanos y hermanas:
Celebramos hoy la gran fiesta de Pentecostés, en la que la liturgia nos hace revivir el nacimiento de la Iglesia, tal como lo relata san Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 2, 1-13). Cincuenta días después de la Pascua, el Espíritu Santo descendió sobre la comunidad de los discípulos, que "perseveraban concordes en la oración en común" junto con "María, la madre de Jesús", y con los doce Apóstoles (cf. Hch 1, 14; 2, 1). Por tanto, podemos decir que la Iglesia tuvo su inicio solemne con la venida del Espíritu Santo.
En ese extraordinario acontecimiento encontramos las notas esenciales y características de la Iglesia: la Iglesia es una, como la comunidad de Pentecostés, que estaba unida en oración y era "concorde": “tenía un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32). La Iglesia es santa, no por sus méritos, sino porque, animada por el Espíritu Santo, mantiene fija su mirada en Cristo, para conformarse a él y a su amor. La Iglesia es católica, porque el Evangelio está destinado a todos los pueblos y por eso, ya en el comienzo, el Espíritu Santo hace que hable todas las lenguas. La Iglesia es apostólica, porque, edificada sobre el fundamento de los Apóstoles, custodia fielmente su enseñanza a través de la cadena ininterrumpida de la sucesión episcopal.
La Iglesia, además, por su misma naturaleza, es misionera, y desde el día de Pentecostés el Espíritu Santo no cesa de impulsarla por los caminos del mundo, hasta los últimos confines de la tierra y hasta el fin de los tiempos. Esta realidad, que podemos comprobar en todas las épocas, ya está anticipada en el libro de los Hechos, donde se describe el paso del Evangelio de los judíos a los paganos, de Jerusalén a Roma. Roma indica el mundo de los paganos y así todos los pueblos que están fuera del antiguo pueblo de Dios. Efectivamente, los Hechos concluyen con la llegada del Evangelio a Roma. Por eso, se puede decir que Roma es el nombre concreto de la catolicidad y de la misionariedad; expresa la fidelidad a los orígenes, a la Iglesia de todos los tiempos, a una Iglesia que habla todas las lenguas y sale al encuentro de todas las culturas.
Queridos hermanos y hermanas, el primer Pentecostés tuvo lugar cuando María santísima estaba presente en medio de los discípulos en el Cenáculo de Jerusalén y oraba. También hoy nos encomendamos a su intercesión materna, para que el Espíritu Santo venga con abundancia sobre la Iglesia de nuestro tiempo, llene el corazón de todos los fieles y encienda en ellos, en nosotros, el fuego de su amor.

1. El Espíritu Santo, derramado «sin medida» por Jesucristo crucificado y resucitado, es «aquel que construye el reino de Dios en el curso de la historia y prepara su plena manifestación en Jesucristo (...) que se dará al final de los tiempos» (Tertio millennio adveniente, 45). En esta perspectiva escatológica, los creyentes están llamados, durante este año dedicado al Espíritu Santo, a redescubrir la virtud teologal de la esperanza, que «por una parte, mueve al cristiano a no perder de vista la meta final que da sentido y valor a su entera existencia y, por otra, le ofrece motivaciones sólidas y profundas para el esfuerzo cotidiano en la transformación de la realidad para hacerla conforme al proyecto de Dios» (ib., 46).
2. San Pablo subraya el vínculo íntimo y profundo que existe entre el don del Espíritu Santo y la virtud de la esperanza. «La esperanza —dice en la carta a los Romanos— no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5, 5). Sí; precisamente el don del Espíritu Santo, al colmar nuestro corazón del amor de Dios y al hacernos hijos del Padre en Jesucristo (cf. Ga 4, 6), suscita en nosotros la esperanza segura de que nada «podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rm 8, 39).
Por este motivo, el Dios que se nos ha revelado en «la plenitud de los tiempos» en Jesucristo es verdaderamente «el Dios de la esperanza», que llena a los creyentes de alegría y paz, haciéndolos «rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo» (Rm 15, 13). Los cristianos, por tanto, están llamados a ser testigos en el mundo de esta gozosa experiencia, «siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que les pida razón de su esperanza» (1 P 3, 15).
3. La esperanza cristiana lleva a plenitud la esperanza suscitada por Dios en el pueblo de Israel, y que encuentra su origen y su modelo en Abraham, el cual, «esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones», (Rm 4, 18). Ratificada en la alianza establecida por el Señor con su pueblo a través de Moisés, la esperanza de Israel fue reavivada continuamente, a lo largo de los siglos, por la predicación de los profetas. Por último, se concentró en la promesa de la efusión escatológica del Espíritu de Dios sobre el Mesías y sobre todo el pueblo (cf. Is 11, 2; Ez 36, 27; Jl 3, 1-2).
En Jesús se cumple esta promesa. No sólo es el testigo de la esperanza que se abre ante quien se convierte en discípulo suyo. Él mismo es, en su persona y en su obra de salvación, «nuestra esperanza» (1 Tm 1, 1) dado que anuncia y realiza el reino de Dios. Las bienaventuranzas constituyen la carta magna de este reino (cf. Mt 5, 3-12). «Las bienaventuranzas elevan nuestra esperanza hacia el cielo como hacia la nueva tierra prometida; trazan el camino hacia ella a través de las pruebas que esperan a los discípulos de Jesús» (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1820).
4. Jesús, constituido Cristo y Señor en la Pascua (cf. Hch 2, 36), se convierte en «Espíritu que da vida» (1 Co 15 45), y los creyentes, bautizados en él con el agua y el Espíritu (cf. Jn 3, 5), son «reengendrados a una esperanza viva» (1 P 1, 3). Ahora, el don de la salvación, por medio del Espíritu Santo es la prenda y las arras (cf. 2 Co 1, 21-22; Ef 1, 13-14) de la plena comunión con Dios, a la que Cristo nos lleva. El Espíritu Santo —dice san Pablo en la carta a Tito— ha sido derramado «sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna» (Tt 3, 6-7).
5. También según los Padres de la Iglesia, el Espíritu Santo es «el don que nos otorga la perfecta esperanza» (san Hilario de Poitiers, De Trinitate, II, 1). En efecto, como dice san Pablo, el Espíritu «se une a nuestro Espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo» (Rm 8, 16-17).
La existencia cristiana crece y madura hasta su plenitud a partir de aquel «ya» de la salvación que es la vida de hijos de Dios en Cristo, de la que nos hace partícipes el Espíritu Santo. Por la experiencia de este don, tiende con confiada perseverancia hacia el «aún no» y el «aún más», que Dios nos ha prometido y nos dará al final de los tiempos. En efecto, como argumenta san Pablo, si uno es realmente hijo, entonces es también heredero de todo lo que pertenece al Padre con Cristo, el «primogénito de entre muchos hermanos» (Rm 8, 29). «Todo lo que tiene el Padre es mío», afirma Jesús (Jn 16, 15). Por eso, él, al comunicamos su Espíritu, nos hace partícipes de la herencia del Padre y nos da ya desde ahora la prenda y las primicias. Esa realidad divina es la fuente inagotable de la esperanza cristiana.
6. La doctrina de la Iglesia concibe la esperanza como una de las tres virtudes teologales, que Dios derrama por medio del Espíritu Santo en el corazón de los creyentes. Es la virtud «por la que aspiramos al reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo» (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1817).
Al don de la esperanza «hay que prestarle una atención particular, sobre todo en nuestro tiempo, en el que muchos hombres, y no pocos cristianos se debaten entre la ilusión y el mito de una capacidad infinita de auto-redención y de realización de sí mismo, y la tentación del pesimismo al sufrir frecuentes decepciones y derrotas» (Catequesis en la audiencia general del 3 de julio de 1991: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de julio de 1991, p. 3).
Muchos peligros se ciernen sobre el futuro de la humanidad y muchas incertidumbres gravan sobre los destinos personales, y a menudo algunos se sienten incapaces de afrontarlos. También la crisis del sentido de la existencia y el enigma del dolor y de la muerte vuelven con insistencia a llamar a la puerta del corazón de nuestros contemporáneos.
El mensaje de esperanza que nos viene de Jesucristo ilumina este horizonte denso de incertidumbre y pesimismo. La esperanza nos sostiene y protege en el buen combate de la fe (cf. Rm 12 12). Se alimenta en la oración, de modo muy particular en el Padrenuestro, «resumen de todo lo que la esperanza nos hace desear» (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1820).
7. Hoy no basta despertar la esperanza en la interioridad de las conciencias; es preciso cruzar juntos el umbral de la esperanza.
En efecto, la esperanza tiene esencialmente —como profundizaremos mas adelante— también una dimensión comunitaria y social, hasta el punto de que lo que el Apóstol dice en sentido propio y directo refiriéndose a la Iglesia puede aplicarse en sentido amplio a la vocación de la humanidad entera: «Un solo cuerpo, un solo espíritu, como una sola es la esperanza a la que habéis sido llamados» (Ef 4, 4).

En este tiempo pascual, en que tantos quieren conocer al Resucitado, M. Junkal Guevara se acerca a Él en una clave quizás menos conocida: la de comunicador. A través de esta colaboración se presenta a Jesús como un comunicador normalmente verbal, que utiliza un lenguaje comprensible para sus contemporáneos, a los que hace pensar y reaccionar. Un Jesús que utiliza palabras significativas, creíbles para sus interlocutores y bien escogidas o colocadas. ...

Suele ser habitual, en conferencias, artículos o colaboraciones, tratar y presentar la dimensión personal del perdón, tal y como aparece en la tradición bíblica. Existe también en dicha tradición una interesante e importante dimensión social, que explora y presenta precisamente este artículo de José Javier Pardo. ...

Préstale calor al frío
por Alberto Fernández del Palacio
El sol calienta con fuerza nuestras vidas desde hace varios meses. Aunque cada vez menos cruel, el invierno castellano siempre fue frío, castigador. Pero el color de los parques insinúa ya una primavera que avanza sublime, en busca del verano. Otro verano.
Seguro que más caliente aún que el anterior. Y sin embargo, experiencias mías vividas otros años, precisamente en esta estación del año, me obligan a creer que muchas vidas, a no mucha distancia de mí, permanecen estancadas en duro, gris invierno. Niños y jóvenes. Hombres y mujeres. En esta época, sus pies pisan adoquines que arden; sus pieles sudan como las de cualquiera que se atreva con una tarde de agosto; por más agua que beben, sus bocas parecen no poder dejar de tener sed. Y sin embargo, sus corazones están fríos, aunque aún laten; sus horas parecen congeladas, pero aún se esfuerzan por derretirlas; sus sueños parecen muertos, pero todavía se atreven a soñarlos. Debe de ser una contradicción frustrante, ésa de sentirse tan asfixiantemente caluroso por fuera, y tan decepcionantemente helado por dentro. Supongo, pues por suerte nunca fui inmigrante con dificultades. Pero ellos sí, y ellos son los que merecen mis calores.
Fue hace ya cuatro años que decidí pasar quince días de mi verano en Burgos, colaborando en el proyecto ATALAYA de atención al inmigrante. Había terminado poco antes el primer curso de la carrera, y muy merecidamente me disponía a disfrutar de tres meses de descanso. Pero ocurrió que se cruzó esta propuesta en mi horizonte, y entendiéndola como parte de mi ocio, me acogí a ella. Fue al final de aquellos días en la capital del Cid cuando descubrí que cada día había sido más agotador que el anterior, pero también comprobé que cada noche me acostaba más exultante, con más vida prestada. Mi cansancio, que a otros descanse...
Disfrutar de este regalo tan étnico no fue incompatible con las usuales vacaciones en el mar o en la montaña, en familia o con amigos. Para todo hay momento. Sólo hace falta desear lanzarse. Ésta es la cuestión. Lanzarse de cabeza a una realidad que difícilmente cabeza alguna comprende. Emplear unas horas en mirar a los ojos de quien todo lo observa con pena y decepción. Esforzarse en comprender palabras que apenas se entienden. No dudar en regalar sonrisas a quién hace tiempo nadie regala nada. Permitir que el llanto del otro resquebraje mi corazón si, al compartir el momento, la herida en el suyo supura menos. Que la temperatura del joven dispuesto sirva para calentar las vidas de aquellos a quiénes la suya les arde, ardor de dolor. Que el termómetro de estos hermanos nuestros ganen grados en este verano, tan sólo porque alguien estuvo atento a concedérselos. Que las vidas afortunadas no duden en abrazar con amor a las más desgraciadas. Amor, única fortuna.
No soporto aceptar que todo esto sea sólo tarea de verano. Pero mucho menos imaginar que nada de esto ocurriera en ningún mes del año.
Son presos faltos de conversación. Son prostitutas con respeto robado. Son indigentes escasos de dignidad. Son inmigrantes necesitados de inserción. Sean quiénes sean, son vidas frías pese al calor del sol. ¿Tú, yo, nosotros? Les acercamos calor, que no calienta del todo, no, pero que alivia mucho ese corazón. Calor. Corazón. Dios.
¿Quién nos convierte? Al comenzar la cuaresma se nos invita a la conversión. Pero eso no es un empeño voluntarista, ni un cúmulo de propósitos que uno mismo tenga que lograr. Es Dios quien nos convierte, cuando le dejamos. Es Dios quien transforma nuestras vidas y les da hondura y plenitud. Es Dios quien nos hace madurar y crecer, asumir la vida con toda su complejidad. El Dios que, infatigable, está trabajando en cada uno de nosotros… 1. Un Dios que modela mi barro. “Cuantos se dejan llevar del Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y no habéis recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos que nos permite gritar: Abba, Padre” (Rm 8,14-15) He cambiado mucho en la vida. Desde que era pequeño hasta hoy. He conocido gentes, he compartido historias, he tenido aciertos y algún que otro descalabro. Y ahora soy consciente de que cuando te he dejado acunarme o sacudirme, cuando he dejado que tu palabra llegue hasta mis entrañas, entonces tú me has cambiado. Pero soy lento, y a menudo sordo o perezoso para Ti. Me atasco en mil dinámicas que no me dejan vivir a tu manera. Me veo débil, a veces necio… Menos mal que sé que tú no te cansas de modelarme, que me vas transformando con manos firmes. Tú sabes a dónde me quieres llevar.
Preguntas para la Reflexión Personal:
- ¿Dónde me veo necesitado de conversión?
- ¿Dónde siento que Dios trabaja en mí?
2. Un Dios que recrea el Mundo…
Mirar cómo Dios habita en las criaturas… y en el ser humano dando entendimiento. Y también habita en mí, dándome ser, animándome, haciéndome sentir y comprender, y viviendo en mí… (Ejercicios Espirituales, n. 235) Y al tiempo soy consciente de que vas tocando otras vidas, otras historias, otras gentes. Y en ocasiones me reconozco en otros rostros, y me siento cercano a otras vidas, porque sé que detrás de todos estás tú, uniéndonos, trabajando en cada ser humano, sin rendirte con nadie, porque crees en todos. Tú trabajas en aquellos a quienes quiero, y también en aquellos que me hacen sufrir. En los cercanos y los lejanos, en las víctimas y los verdugos. Tú trabajas incansablemente, siembras en cada uno de nosotros la semilla de tu amor. Ayúdame a mirar el mundo siendo consciente de que tú lates en El, y de que, imperceptiblemente, vas poniendo luz en cada vida. Preguntas para la Reflexión Personal: - ¿Miro al Mundo intuyendo que Dios lo está transformando?- ¿Dónde hay destellos de Dios?Oración:
I. Sigue curvado sobre mí, señor
Reflexión para el tema de la Oración: “Si aceptas perdonarte, perdonarás”. Perdón y reconciliación se complementan. Y sin embargo tienen distinto significado. En su origen griego la palabra “perdón” significa despedir, dejar libre, absolver. La palabra latina dimitiere significa lo mismo. El perdón se relaciona siempre con una culpa con el significado activo de cancelar, liberarse, arrojar de sí y deshacerse de algo. Reconciliciación significa calmar, apaciguar, atraer las voluntades opuestas, restablecer la armonía y concordia. Es decir, reconciliar es como un paquete de intentos por acercar unos a otros. Por la conversión y diálogo se llega al acercamiento entre socios, que pueden allanar desavenencias y crear paz. Entonces se llega a la más intensa cercanía del beso, sello de acuerdo entre varios. Pero en la reconciliación no sólo se acercan los hombres unos a otros sino también a Dios. Todo hombre puede reconciliarse consigo mismo y darse un beso de paz. La palabra latina reconciliare significa restablecer, reunificar, facilitar un nuevo acercamiento. Se refiere, por tanto, principalmente a la nueva comunión de los hombres entre sí y con Dios. No hay reconciliación sin perdón y el perdón tiene como finalidad la comunidad de vida reconciliada.
En la Biblia.
El Dios perdonador.
Aunque parezca mentira, ya el Dios del Antiguo Testamento es esencialmente un Dios perdonador. El hombre recae fácilmente en el pecado, traspasa los límites de los preceptos divinos y se pierde en la maraña de su propio mundo.
Donde se ve claramente esta faceta de Dios en el pueblo judío, pues él tiene en su historia repetidas experiencias de alejamiento de Dios y de inclinación ante los ídolos. Los salmos describen la historia de Israel como una constante de alejamiento e infidelidad de Dios. Acaba de intervenir Dios para remediar con estupendos prodigios las necesidades del pueblo en el desierto, y el pueblo se rebela otra vez como un niño caprichoso que quiere siempre más. Y vuelve las espaldas al Dios que le salva. Moisés reconoce la tozudez y dureza de cerviz de ese pueblo. Pero se dirige una vez más en oración confiada a Dios que les ha revelado su perdón (Ex. 34, 6-7).
Jesús no sólo anunció a los hombres el perdón de su Padre sino que él mismo perdonó con el poder de Dios. Jesús confirma su plenitud de poderes para perdonar pecados cuando cura al paralítico. El perdón de los pecados y la enfermedad tienen interrelación. En este caso el evangelista Mateo ve frecuentemente en la enfermedad una consecuencia del pecado. Para él no basta curar los síntomas de la enfermedad. Es necesario también perdonar el pecado, que está en la base de esa enfermedad, para que el enfermo recupere verdaderamente la salud y pueda reincorporarse a la vida diaria.
Es imposible orar como Jesús nos enseñó sin una sincera disposición de perdonarnos mutuamente las ofensas.
Tenemos que reconciliarnos, como dice Pablo, primero de nuestros pensamientos, tiene que haber una reconciliación previa de nuestros pensamientos si queremos perdonar a los demás. Debemos examinarnos sinceramente para ver si conservamos algún tipo de rencor. Con resentimientos en el corazón es imposible orar. Sólo después de habernos liberado de sentimientos negativos del rencor es cuando podemos intentar, en la medida de lo posible, acercarnos a aquellos con los que estamos en conflicto.
Después, tengo que reconciliarme con mi enemigo de dentro, con el enemigo interior. Mientras estoy de camino siempre me acompaña mi sombra, lo negativo que llevo, mi enemigo interior. Pueden ser mis faltas, mis debilidades, mis tendencias reprimidas, mis necesidades insatisfechas. Con todo esto tengo que reconciliarme cuando estoy yo de camino.

En este año que se cumple el 60 aniversario de la restauración y vuelta de los Trinitarios a Valdepeñas, hagamos memoria de algunos recuerdos del Reformador de la Orden Trinitaria y de este querido pueblo manchego en el que nació la Reforma Trinitaria.
Juan Bautista, llamado en el siglo Juan García Rico, nace el 10 de Julio de 1561 en Almodóvar del Campo. Es un pueblo manchego de la provincia de Ciudad Real que entonces contaba con unos 4.000 habitantes.
Y es en Valdepeñas (Ciudad Real) donde se establece la primera comunidad de trinitarios descalzos. Con el breve Ad militantes Ecclesiae (1599) el papa Clemente VIII da validez eclesial a la Congregación de los hermanos reformados y descalzos de la Orden de la Santísima Trinidad, instituida para observar con todo su rigor la Regla de san Juan de Mata.
Juan Bautista de la Concepción fundó 18 conventos de religiosos y uno de religiosas de clausura. Vivió y transmitió a sus hijos un intenso espíritu de caridad, oración, recogimiento, humildad y penitencia, poniendo especial interés en mantener viva la entrega solidaria a los cautivos y a los pobres. La relación de los trinitarios con la Trinidad, como centro vital y fuente de la caridad que redime, es un tema central en sus vivencias y enseñanzas.
Aunque poco conocido, Juan Bautista de la Concepción está en la constelación de los grandes escritores místicos españoles del siglo de Oro. La Biblioteca de Autores Cristianos (la BAC) ha publicado cuatro grandes volúmenes de su obra. Se trata de un autor con una deuda histórica, pues si bien tiene el puesto que se merece en los altares, no se le ha colocado aún en la hornacina del altar de la literatura espiritual que le corresponde.
En la obra literaria de Reformador trinitario se encuentra toda clase de materias espirituales. Su personal vivencia de la unión mística le dicta profundos tratados sobre la unión con Cristo, los dones del Espíritu Santo, la experiencia de la cruz y el conocimiento espiritual Su doctrina espiritual se orienta a la unión personal con Dios Trinidad, presente en lo más profundo del alma. Para él la perfección está en abandonarse al amor transformante de Dios. La santificación del creyente es el proceso de asimilación a Cristo crucificado. Cristo es nuestro ideal, nuestro camino; su cruz, nuestra cruz, es la fragua de la santidad. Juan Bautista de la Concepción es un escritor original y profundo en las ideas, popular y rico en la expresión. Tiene una prosa armoniosa, con largos periodos, tintada de humor, de anécdotas, de ejemplos y referencias al reino vegetal, mineral y animal. Domina y conoce a los santos padres de la Iglesia y la Biblia y es su referencia obligada y constante. Quien se adentra en los surcos de su obra literaria fácilmente descubre una simbiosis de Cervantes y Juan de la Cruz.

Volver a empezar
Autor: André Fossion
Título: Volver a empezar
Editorial: Sal Terrae
Año: 2005
Pags.:136
La fe como todo en la vida sufre el desgaste y las inclemencias del tiempo. Este libro va dirigido a quienes un día vivieron el ser cristianos como una Buena Noticia…, y el paso de los años, las ocupaciones de la vida, un determinado acontecimiento o la seducción de otros caminos hicieron de esa opción de vida algo incomprensible y obsoleto.
Mientras muchas voces a nuestro alrededor no hacen más que poner sobre la mesa análisis pesimistas sobre la fe en nuestro mundo… hay que agradecer el paso adelante que autores como André Fossion dan con este título tan sugerente: “volver a empezar”. En esta simple frase está recogido el espíritu que inunda todas las páginas del libro. El Dios en el que creemos es un Dios encarnado que nunca abandona lo que crea, sino que trabaja incansablemente por llevarlo a su plenitud. Habrá que devolver a las palabras y realidades en las que se expresa la fe, el significado, sentido y misterio que un día las hicieron idóneas para iluminar esa vida abundante que Dios quiere darnos siempre, y esa es la aportación jugosa de este libro. Pero no partimos de cero, el que nos creo camina por delante de nosotros en esta tarea.
“Lo que es común a todas estas personas, a pesar de su diversidad, es que “retornar” a la fe no significa en absoluto “dar marcha atrás”. Para ellas no se trata de retomar el proceso religioso en el punto donde lo habían dejado después de un tiempo de andar de aquí para allá. Para los que “retornan” se trata, más bien, de ir hacia delante, de asumir toda su historia, con todo lo que ésta conlleva de experiencias, alegrías y tristezas, convicciones y dudas, para volver a creer, pero de otra manera, desde otras bases, con una frescura, una inteligencia y una libertad nuevas…”.

A veces me siento pequeño, insatisfecho, incapaz. Se me escapan los sueños y me puede la realidad cotidiana; el día a día se me queda vacío, o no me llena tanto como querría. No encuentro a Dios, y tampoco a los otros. La soledad muerde. Miro a otras vidas, con añoranza, con nostalgia, ¿con envidia? Y aunque sé que tengo mucho por lo que dar gracias, y que en nombre de quienes están más heridos no debería lamerme las heridas, me siento triste. Y quisiera gritar. Pero sospecho que es parte de la vida.
1. Tierra de Sueños
"Implorad del Señor las lluvias tempranas y tardías, que el Señor envía los relámpagos y los aguaceros, da pan al hombre y hierba al campo” (Zac 10,1).
A veces quiero conseguir tanto… quiero llegar lejos, vivir mucho, sentirlo todo. Quiero amar y ser amado con pasión. Tener días más largos. Reír con estruendo. Conseguir metas, y seguir adelante, con nuevos hitos en el horizonte.
Me veo peregrino, arquitecto, amigo, aventurero, amante, discípulo… Y me siento ligero caminando en esta tierra de deseos, donde la sed se vuelve acicate y estímulo, donde una y mil veces lo vas dando todo. Y habitar a ratos en esta tierra me hace sentir vivo, y encontrar motivos para avanzar.
¿Cuáles son mis sueños?
¿En qué momentos me he visto apasionado?
ORACIÓN
EL ESPEJO DE AGUAMi espejo, corriente por las noches,
Se hace arroyo y se aleja de mi cuarto.
Mi espejo, más profundo que el orbe
Donde todos los cisnes se ahogaron.
Es un estanque verde en la muralla
Y en medio duerme tu desnudez anclada.
Sobre sus olas, bajo cielos sonámbulos,
Mis ensueños se alejan como barcos.
De pie en la popa siempre me veréis cantando.
Una rosa secreta se hincha en mi pecho
Y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo
Vicente Huidobro.
2. Tierra de Hábitos.
“ Me pondré de centinela , haré la guardia oteando a ver qué me dice, qué responde a mi reclamación” (Hab2,1).
Luego toca despertar. Saber que, si bien uno debe hollar la tierra de los sueños, también ha de caminar por este otro suelo de lo cotidiano y lo real, donde no todo se siente intensamente ni todo es profundo, apasionante y espectacular. Es este otro terreno hecho de rutinas y dinámicas familiares.
Donde hay menos aventura y más silencio, donde la entrega es callada, donde las gentes (reales) a veces me gustan y otras me enervan –y sospecho que lo mismo dirán de mí. Esta tierra donde hay horas baldías, tardes aburridas, trabajo monótono –que a veces me parece insignificante-, deseos insatisfechos e ilusión aterrizada. Esa tensión, entre el sueño y la realidad, define mucho de mi vida. Y sospecho que así está bien.
¿Cuáles son mis rutinas, mis vivencias grises, mis horas “insignificantes”?
¿Me vence a veces el desánimo?
ORACIÓN.
SI LLOVIERA…
Hasta la boca, hasta los mismos labios,
vertiéndose, derramándose,
como una nube…
¡Dios, cuánta amargura
se junta en ocasiones en el pecho!
Hay que dejarlo atrás:
soñar es sólo un lujo de los privilegiados.
Aquí no hay más que tierra,
tierra. Me sabe a tierra la saliva
y la nariz no aspira sino polvo.
El hombre, aquí, con su problema,
con su carga de tierra en los tirantes…
Si lloviera…
Si lloviera...
El agua,
el agua es lo que importa.
Una tormenta fuerte, grande,
que se llevara este sabor a polvo,
esta tribulación que sale,
sin merecerlo, a veces, por la boca.
El agua…
El agua…
El agua..
¡Si lloviera
podríamos sembrar algo de amor!.
Nicolás del Hierro

A mi medida.
¡Tan débil como yo,
tan pobre y solo!
Tan cansado, Señor, y tan dolido
del dolor de los hombres!
Tan hambriento del querer de tu Padre (Jn 4,34)
y tan sediento, Señor, de que te beban... (Jn 7,37)
Tu, que eres la fuerza y la verdad,
la vida y el camino;
y hablas el lenguaje de todo lo que existe,
de todos lo que somos.
Sacias la sed, la nuestra y la del campo,
sentado junto al pozo de los hombres.
Arrimas tu hombro cansado a mi cansancio
y me alargas la mano cuando la fe vacila
y siento que me hundo.
Tu, que aprendes lo que sabes,
y aprendes a llorar y a reir como nosotros
Tu, Dios, Tu, hombre,
Tu, mujer, Tu, anciano,
Tu, niño y joven,
Tu, siervo voluntario,
siervo último
siervo de todos...
Tu, nuestro.
Tu, nosotros!
Ignacio Iglesias, sj.

Se acerca la navidad. Más allá de todo lo “navideño” de temporada, vuelve Tu canto.
Los pastores de entonces, los creyentes de hoy, niños y adultos de siempre, recibimos, un año más, la promesa.
Ese grito que desencadena milagros. Ese destello que rasga muros de niebla con una luz infinita. Ese llanto de niño con voz de Dios. Tu palabra, Señor, tú mismo, encarnado en nuestro barro. Ese villancico alegre y definitivo, que sigue cruzando los siglos, para hacernos despertar.
“Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los que ama el Señor”.
“La gloria de Dios es que el hombre viva” (San Ireneo de Lyon)
Tu gloria, Señor, es que mi vida te refleje. Que mi risa hable de un Dios risueño, y mi inquietud de un Dios cercano, preocupado por los suyos.
Tu gloria es la mano que tiendo, y la que acepto, la palabra que me regala aprecio y esperanza, la mirada que adivina posibilidades.
Tu gloria es que se estremezcan mis entrañas porque descubro que el otro es mi hermano. Que sane la herida injusta. Y que el verdugo guarde el arma para siempre.
Tu gloria, Señor, somos nosotros, capaces de incendiar el mundo con tu evangelio.
¿Me doy cuenta de que de alguna manera mi vida puede ser “Gloria” de Dios?
“Qué hermosos sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz”. (Isaías)
Que hay demasiado grito. Que sobran palos, barreras y hambres. Que muchas personas viven en medio de vendavales y de lágrimas.
Paz para quienes ocultan dolores viejos y heridas nuevas. Para quienes lloran fracasos o impotencia. Para quienes caen en los caminos, víctimas de los abismos que devoran sueños y vidas. Paz para quien se estremece por un futuro incierto, y para quien no consigue olvidar. Para quien se siente solo. Para el cautivo, retenido por muros de piedra o de prejuicio. Paz para dar y construir, para regalar y anunciar.
La paz necesaria, que es promesa y deseo.
Tu paz, Señor.¿El evangelio puede ser para mí fuente de paz?
¿Cómo puedo construir la paz en mi mundo, mi entorno, familia, amigos, etc?
“Vosotros sois mis amigos” (Jn)
Quiero amor. Como todos.
Quiero un abrazo, una caricia, una sonrisa, una broma, una conversación profunda, un paseo en silencio o un parloteo intrascendente. Reírme mucho con quien me aprecia. Llorar por todo lo que me desborda, sabiendo que el hombro en que me apoyo es refugio seguro.
Y tú, Señor, me amas así.
Quizás no es tan fácil sentirte. No es físico ni inmediato. Es la tuya una presencia diferente. Pero me quieres con locura, sin condiciones, en la flaqueza y la fortaleza. Y a cada hombre y mujer, niño, joven y anciano…
No hay desamados para ti. No estamos solos.
¿Me creo eso de que Dios me ama?

Lo que esta colección de ensayos se propone lograr es más importante que nunca. Los autores buscan, como sus predecesores en los tres volúmenes previos, cada uno en su contexto cultural/político particular, fomentar una «teología cristiana liberadora intercontinental del pluralismo religioso». Su propósito es desarrollar no sólo un diálogo religioso más fructífero entre cristianos y seguidores de otros caminos religiosos, sino un diálogo que también sea liberador. Éste es un esfuerzo para vincular las actuales teologías de las religiones con las actuales teologías de la liberación. Felizmente este ha sido el interés y el compromiso de un creciente número de teólogos cristianos en la última década. Y los volúmenes de esta serie «Por los caminos de Dios» han sido una contribución significativa a ese crecimiento.
Lo que me propongo señalar en este breve prólogo es por qué esta tarea -vincular el diálogo interreligioso con la liberación interreligiosa- es hoy más urgente y más compleja que nunca. Mi tesis, si así puede llamársele, es que la razón principal y la causa esencial de la creciente injusticia económica en el mundo y de la pobreza deshumanizante que resulta de tal injusticia es, en sí misma, religiosa. Las fuerzas que están generando tanta riqueza y al mismo tiempo tal disparidad en su distribución se han convertido ellas mismas en una religión. El mercado libre global se ha vuelto una religión exclusivista mundial. Las religiones del mundo, tanto individual como interreligiosamente, deben participar en un diálogo liberador profético con esta nueva religión mundial. Sin un diálogo interreligioso así con la religión del mercado, no se podrá desafiar y «convertir» eficazmente el poder deshumanizante del mercado.
Permítaseme explicar brevemente esto.
La religión del mercado
Al contrario de la afirmación de Samuel Huntington de que hoy estamos enzarzados en un «Choque de civilizaciones», creo que el choque que en realidad está sucediendo -y yo agregaría, el que no puede menos que suceder», no es entre civilizaciones. ¡Es entre religiones! Sin embargo, las religiones que contienden entre sí no son las comunidades religiosas tradicionales. Me refiero más bien al choque, a la oposición fundamental, entre las llamadas religiones mundiales por una parte, y la nueva Religión del Mercado, por la otra parte.
David Loy, en un artículo que provocó amplia discusión, ha argumentado con cuidado y elocuencia que la religión dominante, la más extendida en nuestro mundo contemporáneo, es la «Religión del Mercado». Especialmente en países desarrollados como Estados Unidos, Europa y Japón esta es la religión a la que pertenece la mayoría de la población, y es la que reclama sus compromisos religiosos fundamentales. Su devoción a la Religión del Mercado precede y modifica su devoción al cristianismo, al judaísmo o al budismo[1].
Para el creyente común, Religión del Mercado significa religión del consumismo. Uno practica su fe y encuentra su salvación consumiendo en los templos que son los «centros comerciales». Pero se trata de una liturgia y una adoración diarias, no limitadas al domingo, al sábado o al viernes.
Para los prelados y potentados de esta nueva religión, Religión del Mercado significa religión del «economicismo». Según John B. Cobb Jr., los devotos del «economicismo» ponen su fe total, absoluta (y podríamos añadir «ciega») en la creencia de que el crecimiento económico perseguido sin restricciones y sin la interferencia del gobierno, tanto por personas individuales como por naciones individuales, traerá la salvación al mundo entero. En palabras de Cobb:
"El economicismo es esa organización de la sociedad que intencionalmente está al servicio del crecimiento económico. Todos los demás valores, inclusive la soberanía nacional, se subordinan a este fin, con la sincera esperanza de que una prosperidad suficiente permitirá al mundo solucionar también sus necesidades no económicas»[2].
Para la Religión del Mercado, que se basa en la fe incondicional en el economicismo, el ser humano es un ser económico (homo economicus), es decir, un ser «...que busca racionalmente obtener el mayor número posible de cosas con el menor trabajo posible. Sus relaciones con otros seres son de competencia»[3] .
Esta Religión del Mercado tiene todos los rasgos que encontramos en las religiones tradicionales:
-Sus credos están hechos de la economía neoliberal del (Papa) Friedrich von Hayek y el (Ayatollah) Milton Friedman.
-Sus teólogos o ullama son los economistas (principalmente economistas occidentales).
-Sus misioneros son el vasto ejército de anunciantes que proclaman su mensaje de consumo en «comerciales» que llenan las trasmisiones de radio y televisión y en las carteleras que pueblan nuestras ciudades y paisajes.
-Sus centros de aprendizaje son los departamentos de economía de universidades norteamericanas y occidentales, y su tribunal es la Organización Mundial de Comercio.
-Esta religión tiene sus mandamientos, el primero de los cuales es: «No interferirás con el libre mercado». (O dicho en forma más tradicional: «el Libre Mercado es el Señor tu Dios; no tendrás dioses extraños delante de él»).
-Tiene una soteriología clara y absoluta: «Fuera del libre mercado no hay salvación». Aquellos que no estén «dentro» y no sean miembros de esta religión verdadera son considerados herejes o enemigos, a ser controlados o eliminados.
Diferencia fundamental entre las religiones y la religión del mercado
Hay una diferencia fundamental, que es una oposición fundamental, entre la ética de lo que Cobb llama «economicismo» (o fundamentalismo de mercado) y la ética de las religiones tradicionales. En formas asombrosamente diferentes, que sin embargo son también complementarias, las tradiciones abrahámicas (judaísmo, cristianismo, islam), las tradiciones asiáticas (hinduismo, budismo, confucionismo, taoísmo) y las religiones indígenas tienen un acuerdo básico de que cualquiera que sea el grado de unidad globalizada que pueda alcanzar la raza humana, esta unidad tiene que basarse en un equilibrio entre el interés por uno mismo y el interés por el otro.
La ética religiosa siempre es paradójica. En una diversidad de símbolos y con énfasis diferentes, todas las tradiciones religiosas dicen a la humanidad que, en forma paradójica y también prometedora, el interés por uno mismo equivale a interés por el otro. La intuición fundamental que está a la base de las religiones invita a las gentes a un cambio que les llenará de vida y de paz, yendo del interés por uno mismo al interés por el otro. Este «otro» siempre es diferente a uno mismo, o es más que la consciencia que uno tiene de sí mismo en el momento presente. Es el Otro con O mayúscula (la Fuente de Vida Interior de todos), y el otro con o minúscula: el prójimo de cada uno.
Así nos dice Jesús que sólo nos amaremos verdaderamente a nosotros mismos cuando amemos a nuestro prójimo. Mahoma nos advierte que al cuidar de nosotros mismos, al promover una sociedad buena, nunca podemos olvidar el cuidado de todos los otros, especialmente de los pobres y los abandonados. Para Buda experimentar la propia iluminación es sentir compasión por todo ser sensible. En la ética confuciana «para afirmarnos nosotros mismos debemos ayudar a que otros se afirmen; para que nosotros crezcamos hemos de ayudar a otros en su crecimiento».
Por tanto, ésta es la cuestión o el desafío que las religiones han de plantear a los promotores del libremercado. La comunidad religiosa debe preguntar a los economistas, a los políticos y a los presidentes corporativos: El interés por uno mismo que ustedes ensalzan ¿está equilibrado por el interés por el otro, está enraizado en él, es él quien lo guía? Ciertamente, no parece ser así. El principio conductor del sistema capitalista mundial, gobernado por el fundamentalismo de mercado, parece ser: «Si buscamos el interés por nosotros mismos también promoveremos el de otros». Eso, según las religiones, debe estar equilibrado por: «Si buscamos el interés de otros, también promoveremos el nuestro propio». Las religiones advierten: si no tenemos este equilibrio, si casamos el interés por nosotros mismos con el interés por el bienestar de otros, nos veremos en problemas. De hecho, ésa es la razón por la que el llamado libremercado globalizado no está respondiendo a la gran disparidad de la riqueza en nuestro mundo globalizado, o en realidad está siendo su causa.
Diálogo interreligioso con la religión del mercado
Aunque resulte difícil, las religiones tradicionales del mundo deben participar en un diálogo profético y crítico con esta nueva Religión universal del Mercado. Las religiones deben enfrentar a los comandantes y los sumos sacerdotes de la globalización y confrontarlos con el «choque», con la diferencia fundamental entre la Religión del Mercado y las religiones tradicionales históricas. Los dirigentes y maestros religiosos deben hacer ver claramente que en el momento actual, y dada la forma en que la Religión del Mercado se entiende a sí misma, no es posible que un individuo sea «miembro» de la Religión del Mercado y al mismo tiempo sea seguidor de Mahoma, Jesús, Buda o Abraham. Aquí no cabe la «doble pertenencia». Uno debe elegir: inclinarse frente a Dios/Allah/el Dharma... o frente al Mercado.
El diálogo interreligioso con la Religión del Mercado es extremadamente difícil, sobre todo porque el Mercado insiste, como lo hizo la Iglesia Católica en tiempos pasados y lo hacen actualmente muchas comunidades fundamentalistas cristianas y musulmanas, que es la única religión verdadera. Todas las otras serían falsas. Como bien se sabe por la historia de las relaciones interreligiosas, cualquier religión que afirma ser la única verdadera no dialoga con otra religión: lo que busca es convertirla.
Y sin embargo es sumamente urgente lograr algún tipo de diálogo o encuentro entre las religiones del mundo y la Religión del Mercado. Si el Libre Mercado ha asumido el poder y la dominación de una religión mundial, si informa y dirige las vidas de las gentes en forma penetrante como siempre lo ha hecho la religión, ¿no se trata entonces de que las religiones tradicionales del mundo estén entre los medios principales de contrarrestar esta nueva religión idólatra del Mercado? Si es verdad que a veces uno necesita fuego para combatir el fuego, hoy necesitamos de las religiones para «combatir», sofocar y re-dirigir la Religión del Mercado. En la actualidad tal vez sólo las religiones pueden dar a los pueblos la visión, la energía, la esperanza y la perseverancia para dialogar con la Religión del Mercado, luchar contra ella y reconquistar a sus seguidores, que han puesto al dios del consumismo y el crecimiento económico en el lugar del único Dios, Aquel que nos asegura que cada uno de nosotros sólo encontrará la verdadera felicidad si promueve la felicidad de todos.
Los ensayos de este libro colectivo, y la serie «Por los muchos caminos de Dios» de la que son parte, es una contribución pequeña pero significativa a la promoción del diálogo entre religiones que hará posible el diálogo profético con la Religión del Mercado. Me siento honrado de tener el privilegio de ofrecer estas palabras de introducción. Y espero con interés la conversación progresiva que estos ensayos estimularán en la comunidad cristiana y en la comunidad de religiones.
Paul F. Knitter
Profesor emérito de teología
Xavier University, Cincinnati, Ohio, Estados Unidos
Traducido del inglés por María Cristina Caso
[1]David Loy, «The Religion of the Market», Journal of the American Academy of Religion, 65/2 (1997) 275-90.
[2]Cobb, BCS, 4-5.
[3] BCS, 11.

Cautividad y rescate
"El ejército moro se apoderó de Mármora quedando todos cautivos: soldados y civiles, así como las imágenes y objetos sagrados que allí había. Aunque se consiguió la libertad para los padres capuchinos, estos no quisieron abandonar a sus feligreses y a las imágenes entre las cuales se encontraba la de N. P. Jesús.Habiéndose apoderado los moros de las santas imágenes, hicieron con ellas muchos ultrajes y escarnios, y llevándolas como despojos de su triunfo a la ciudad de Mequinez, las pusieron ante su Rey Muley Ismael. Este las mandó arrastrar por las calles, en odio de la religión cristiana, y después que las echaran a los leones como si fueran de carne humana, para que fuesen despedazadas.
Al hermosísimo busto de Jesús Nazareno le mandó el Rey arrastrar y echar por un muladar abajo, haciendo burla y escarnio del retrato hermoso y del original divino.
Se hallaba en dicha ciudad Fr. Pedro de los Ángeles, religioso Trinitario Descalzo, el cual llegó al Rey moro ofreciéndose a rescatarlas por dinero. Con esta promesa el Rey moro le permitió que cogiese las imágenes y las guardase, pero con apercibimiento y amenaza que, si no cumplía su promesa, lo habrían de quemar vivo".
En narración más documentada: "Los Trinitarios Descalzos realizaban una admirable labor de mediación en las Redenciones de cautivos y, además, mantenían pequeños hospitales-hospicios para atender a los numerosos cautivos que se hallaban en Marruecos.
Desde el mismo momento en que se pierde San Miguel de Ultramar (Mámora), se comienzan las gestiones para aprobar presupuestos para atender la redención de cautivos e imágenes y, dado que al finalizar las mismas se hallaban los Trinitarios dispuestos a comenzar su decimocuarta redención desde la Reforma, el Consejo de Guerra decidió entregar los caudales a la Orden para que la realizaran".
Fr. Pedro de los Ángeles, religioso de la Santísima Trinidad Descalza, había conseguido que no se vendiesen la imágenes a lo judíos, quedando depositadas en el hospital de Mequinez, comprometiéndose a aportar el dinero para satisfacer su precio Antonio Correa-hidalgo ceutí-, el capitán de infantería Domingo Grande de los Coleos, Lucas de Zuñiga y Francisco de Sandoval y Roxas, a quien se debe uno de los relatos más interesantes sobre estos hechos:
"Entre las diecisiete imágenes rescatadas, se encontraba una hechura de Jesús Nazareno, de natural estatura, muy hermosa, con las manos cruzadas adelante.... Al hermosísimo busto de Jesús Nazareno le mandón el Rey arrastrar, y echar por un muladar abajo, haciendo burla, y escarnio de el retrato hermoso, y del original divino. Todas ellas se embalaron y enviaron a Ceuta, donde tuvieron entrada el 28 de enero de 1682".
Las imágenes fueron llevadas de Mequinez a Tetuan en donde se les franqueó el paso hasta Ceuta: "Llegaron los Moros con las Santas Imágenes a las murallas de Ceuta, cuya llegada causó en toda la Ciudad grandísimo júbilo y alegría. Salieron a la puerta a recibirlas todos los Caballeros y Soldados de la Plaza, y tomándolas sobres sus hombros con singularísima devoción, y ternura, en forma de procesión, acompañadas de toda la Ciudad, las llevaron al Real Convento de los Padres Trinitarios Descalzos, donde se cantó con toda solemnidad el Te Deum Laudamus, en acción de gracias".
Las imágenes salieron de Ceuta, pero tal impresión dejó la imagen de Jesús Nazareno, que años después los padres Trinitarios adquirieron una imagen para su convento con el nombre de Jesús Nazareno Cautivo y Rescatado, manteniedose su culto hasta nuestros días, existiendo en la actualidad una pujante cofradía que lo procesiona meritoriamente en Semana Santa.Traslado y permanencia en Madrid
Desde Ceuta enviaron las imágenes a Gibraltar, desde donde viajarían a Sevilla, y de Sevilla a Madrid, corriendo la segunda quincena de agosto de 1.682.
La principal de todas, las imágenes rescatadas, era la imagen de N. P. Jesús Nazareno, con la cual se quedaron los religiosos para su convento de Madrid. En 1.686 concedieron los Duques de Medinaceli de limosna, el solar para construir la capilla para N. P. Jesús Nazareno del Rescate. A esta donación siguió otra en 1.716, de un nuevo terreno para su ampliación.
Hasta agosto de 1810 permanece en la Capilla de la Plaza de Jesús en el "Convento de Jesús Nazareno", de los PP. Trinitarios. El decreto de supresión de todas las ordenes religiosas publicado por José Bonaparte, obliga para evitar profanaciones que la Imagen pase a la Iglesia Parroquial de San Martín.En 1814 vuelve la Santa Imagen a la iglesia de los Trinitarios, hasta que el 16 de marzo de 1836 suprimida nuevamente la comunidad de Trinitarios por las leyes de Mendizabal y a requerimiento de la real e ilustre Esclavitud de N. P. Jesús se traslada la imagen de Jesús a la parroquia de San Sebastian de la Villa de Madrid, evitando que la imagen pasase a un almacén, destinado a deposito de imágenes y objeto religiosos incautados.
A finales de Diciembre de 1845, el duque de Medinaceli, apoyado por las religiosas Concepcionistas de Caballero de Gracia, que ahora habitan el antiguo convento Trinitario, solicita al Ministro de Gracia y Justicia el que vuelva la imagen a su antigua capilla. A pesar de oponerse a dicha petición la Esclavitud, el 18 de abril de 1846, la imagen de Jesús se traslada desde la parroquia de San Sebastian a su capilla en el antiguo convento de los Trinitarios. En este convento, ya no habitan los Trinitarios sino que desde 1846 y hasta 1895 son diferentes congregaciones religiosas las que en el residen. De las crónicas de ese tiempo se percibe que el culto al Jesús Nazareno del Rescate va decayendo. Ante esta situación los Duques de Medinaceli, en conformidad con los deseos del Señor Obispo de Madrid, deciden poner al frente y servicio de la iglesia de Jesús Nazareno a los Padres Capuchinos, efectuándose la posesión de dicha iglesia el día 7 de julio de 1895. Desde esta fecha la imagen de Jesús va ganando en culto, devoción y fervor por parte del pueblo madrileño.
Durante todo este largo período de tiempo, desde su llegada a Madrid, la imagen se llamó siempre del Rescate, siendo muy posterior su actual denominación de Cristo de Medinaceli

Los Trinitarios veneran a la Santísima Trinidad como Dios y como fundamento de su carisma redentor: el Padre que ama a los hombres y que, por el Espíritu, envía a su Hijo a los hombres para redimirlos de su cadenas, es el motor de toda redención para el hombre.
El Papa Juan Pablo II decía a los Trinitarios, con motivo del Capítulo General de 2001: "Vuestra espiritualidad, que obtiene su vigor del misterio de la Trinidad y de la Redención, no ha dejado de impulsaros al servicio de los prisioneros y de los pobres, en vuestra larga historia, jalonada por numerosos ejemplos de santidad". Y en la misma intervención añadía: "En una época marcada por una preocupante "cultura del vacío" y por existencias "sin sentido", estáis llamados a anunciar sin componendas al Dios trino, al Dios que escucha el grito de los oprimidos y de los afligidos. Ojalá que en el centro y en la raíz de vuestro compromiso apostólico esté siempre la Santísima Trinidad. Que la comunión trinitaria sea para todos y cada uno fuente, modelo y fin de toda acción pastoral".
Devociones como el rezo del Santo Trisagio, la preocupación por dar un enfoque trinitario a todos los actos de culto e intervenciones homiléticas son un reflejo de una espiritualidad que mantiene a los religiosos de la Orden dentro de una tensión de fe y apostolado que está, sin duda, en el corazón mismo del cristianismo, sobre todo a raíz del Concilio Vaticano II.
De aquí que los Trinitarios se apoyen sobre el lema
'GLORIA A TI, TRINIDAD, Y A LOS CAUTIVOS LIBERTAD"
y
la frase
'TRINIDAD Y REDENCIÓN'
concentre todo su carisma y espiritualidad
HMNO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD.
¡¡¡ BENDITA SEA LA SANTISIMA TRINIDAD !!!
Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.
Gloria a Dios Rey de los siglos y Rey de la eternidad.
Luz de Luz, la fe te implora.
Dios de Dios, mi amor te adora.
Bendito seas, Dios Santo, Dios Fuerte, Dios Inmortal

Desde la primitiva Regla, aprobada por Inocencio III, los trinitarios dividían en tres partes todos los bienes que les llegaban: dos para el sustento y las obras de misericordia y la tercera para la redención de los cautivos, tremendo drama tan bien descrito por muchos autores. De ahí parte el espíritu de la 'Tertia pars' por el que se recogían fondos para la 'Caja de la Redención'. Con el tiempo ha sufrido mucho vaivenes esta institución, pero a partir del Capítulo General Extraordinario de 1999, con motivo del VIII Centenario de la Orden, se reactivó la institución pidiendo a cada Provincia que buscase el modo de llevarlo a la práctica.
Para ello, el Grupo del Laicado a nivel nacional acordó en la asamblea de Valencia el presupuesto económico para el ejecicio 1 de abril de 2006 al 31 de marzo de 2007 y se aprobó UNA CUOTA ANUAL DE 8 EUROS por cada miembro del grupo. Lo podéis ir ingresando a través de vuestro responsable.
También hablaremos en el grupo sobre la caja de Redención y qué dinero podemos aportar.
Pero no es éste el único medio de dar vida al espíritu de la Caja de Redención. Ayudas de todo tipo salen de nuestras comunidades para todo tipo de atención: son obras de tierras misiones, obras sociales de nuestras casas y de su entorno. Y no podemos minusvalorar el mismo trabajo no remunerado que muchos religiosos hacen en centros asistenciales siguiendo el espíritu redentor del Fundador.

Cuaresma,Tiempo de Perdón:

TIEMPO DE CUARESMA
Preguntas Frecuentes sobre la Cuaresma
¿QUÉ ES LA CUARESMA?
Llamamos Cuaresma al período de cuarenta días (quadragesima) reservado a la preparación de la Pascua, y señalado por la última preparación de los catecúmenos que deberían recibir en ella el bautismo.
¿DESDE CUÁNDO SE VIVE LA CUARESMA?
Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.
¿POR QUÉ LA CUARESMA EN LA IGLESIA CATÓLICA?
“La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto” (n. 540).
¿CUÁL ES, POR TANTO, EL ESPÍRITU DE LA CUARESMA?
Debe ser como un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales, con la purificación del corazón, una práctica perfecta de la vida cristiana y una actitud penitencial.
¿QUÉ ES LA PENITENCIA?
La penitencia, traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (literalmente el cambio de espíritu) del pecador, designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador.
Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.
¿QUÉ MANIFESTACIONES TIENE LA PENITENCIA?
“La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el AYUNO, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1 Pedro, 4,8.).” (Catecismo Iglesia Católica, n. 1434).
¿ESTAMOS OBLIGADOS A HACER PENITENCIA?
“Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por la ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia.” (Código de Derecho Canónico, cánon 1249).
¿CUÁLES SON LOS DÍAS Y TIEMPOS PENITENCIALES?
“En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma.” (Código de Derecho Canónico, cánon 1250).
¿QUÉ DEBE HACERSE TODOS LOS VIERNES DEL AÑO?
En recuerdo del día en que murió Jesucristo en la Santa Cruz, “todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.” (Código de Derecho Canónico, cánon 1251).
¿CUÁNDO ES CUARESMA?
La Cuaresma comienza el Miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la Misa Vespertina in Coena Domini. (jueves santo). Todo este período forma una unidad, pudiéndose distinguir los siguientes elementos:
1) El Miércoles de ceniza,
2) Los domingos, agrupados en el binomio, I-II; III, IV y V; y el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor,
3) La Misa Crismal y
4) Las ferias.
¿QUÉ ES EL MIÉRCOLES DE CENIZA?
Es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de CONVERSIÓN a Dios.
Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.
¿CUÁNDO TIENE ORIGEN LA PRÁCTICA DE LA CENIZA?
El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. El liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso.
¿CUÁNDO SE BENDICE E IMPONE LA CENIZA?
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Gn, 3, 19 y Mc 1, 15.
¿DE DÓNDE PROVIENE LA CENIZA?
La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán.
¿CUÁL ES EL SIMBOLISMO DE LA CENIZA?
El simbolismo de la ceniza es el siguiente:
a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;
b) Situación pecadora del hombre;
c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;
d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo;
¿A QUÉ NOS INVITA LA IGLESIA EN LA CUARESMA?
La Iglesia persiste en invitarnos a hacer de este tiempo como un retiro espiritual en el que el esfuerzo de meditación y de oración debe estar sostenido por un esfuerzo de mortificación personal cuya medida, a partir de este mínimo, es dejada a la libertad generosidad de cada uno.
¿QUÉ DEBE SEGUIRSE DE VIVIR LA CUARESMA?
Si se vive bien la Cuaresma, deberá lograrse una auténtica y profunda CONVERSIÓN personal, preparándonos, de este modo, para la fiesta más grande del año: el Domingo de la Resurrección del Señor.
¿QUÉ ES LA CONVERSIÓN?
Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador.
Supone e incluye dejar el arrepentimiento y la Confesión (ver el impreso Guía de la Confesión) de todos y cada uno de nuestros pecados.
Una vez en gracia (sin conciencia de pecado mortal), hemos de proponernos cambiar desde dentro (en actitudes) todo aquello que no agrada a Dios.
¿POR QUÉ SE DICE QUE LA CUARESMA ES UN “TIEMPO FUERTE” Y UN “TIEMPO PENITENCIAL?
“Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de CUARESMA, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia. Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras).” (Catecismo Iglesia Católica, n. 1438)
¿CÓMO CONCRETAR MI DESEO DE CONVERSIÓN?
De diversas maneras, pero siempre realizando obras de conversión, como son, por ejemplo:
1. Acudir al Sacramento de la Reconciliación (Sacramento de la Penitencia o Confesión) y hacer una buena confesión: clara, concisa, concreta y completa.
2. Superar las divisiones, perdonando y crecer en espíritu fraterno.
3. Practicando las Obras de Misericordia.
¿CUÁLES SON LAS OBRAS DE MISERICORDIA?
Las Obras de Misericordia espirituales son:
• Enseñar al que no sabe.
• Dar buen consejo al que lo necesita.
• Corregir al que yerra.
• Perdonar las injurias.
• Consolar al triste.
• Sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas del prójimo.
• Rogar a Dios por los vivos y los muertos
• Las Obras de Misericordia corporales son:
• Visitar al enfermo.
• Dar de comer al hambriento.
• Dar de beber al sediento.
• Socorrer al cautivo.
• Vestir al desnudo.
• Dar posada al peregrino.
• Enterrar a los muertos.
¿QUÉ OBLIGACIONES TIENE UN CATÓLICO EN CUARESMA?
Hay que cumplir con el precepto del AYUNO y la ABSTINENCIA, así como con el de la CONFESIÓN y COMUNIÓN anual.
¿EN QUÉ CONSISTE EL AYUNO?
El AYUNO consiste en hacer una sola comida al día, aunque se puede comer algo menos de lo acostumbrado por la mañana y la noche. No se debe comer nada entre los alimentos principales, salvo caso de enfermedad.
¿A QUIÉN OBLIGA EL AYUNO?
Obliga vivir la ley del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que tengan cumplido cincuenta y nueve años. (cfr. CIC, c. 1252).
¿QUÉ ES LA ABSTINENCIA?
Se llama abstinencia a privarse de comer carne (roja o blanca y sus derivados).
¿A QUIÉN OBLIGA LA ABSTINENCIA?
La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años. (cfr. CIC, c. 1252).
¿PUEDE CAMBIARSE LA PRÁCTICA DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA?
“La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad.” (Código de Derecho Canónico, cánon 1253).
¿QUÉ ES LO QUE IMPORTA DE FONDO DEL AYUNO Y LA ABSTINECIA?
Debe cuidarse el no vivir el ayuno o la abstinencia como unos mínimos, sino como una manera concreta con la que nuestra Santa Madre Iglesia nos ayuda a crecer en el verdadero espíritu de penitencia.
¿QUÉ Aspectos pastorales que conviene resaltar EN LA CUARESMA?
El tiempo de Cuaresma es un tiempo litúrgico fuerte, en el que toda la Iglesia se prepara para la celebración de las fiestas pascuales. La Pascua del Señor, el Bautismo y la invitación a la reconciliación, mediante el Sacramento de la Penitencia, son sus grandes coordenadas.
Se sugiere utilizar como medios de acción pastoral:
1) La catequesis del Misterio Pascual y de los sacramentos;
2) La exposición y celebración abundante de la Palabra de Dios, como lo aconseja vivamente el canon. 767, & 3, 3).
3) La participación, de ser posible diaria, en la liturgia cuaresmal, en las celebraciones penitenciales y, sobre todo, en la recepción del sacramento de la penitencia: “son momentos fuertes en la práctica penitencial de la Iglesia” (CEC, n. 1438), haciendo notar que “junto a las consecuencias sociales del pecado, detesta el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios”; y,
4) El fomento de los ejercicios espirituales, las peregrinaciones, como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna y las obras caritativas y misioneras.

"Dadme un punto de apoyo y moveré la tierra".
Es muy conocida esta frase de Arquímedes de Siracusa: “Dadme un punto de apoyo y moveré la tierra”, la verdad de cuyo principio ha sido demostrada por la ciencia y la experiencia y de sobra conocemos la fuerza prodigiosa que desarrolla la palanca, barra rígida apoyada sobre un punto llamado fulcro, según definición de la mecánica física, teniendo por una parte la resistencia, que es lo que se quiere levantar o mover, y por otra, la fuerza. La distancia que hay entre el punto de apoyo y la fuerza es el "brazo de palanca", que puede ser igual o desigual, como la balanza y la "romana", en la que al ser el brazo del peso muy corto y el de la fuerza muy largo, permite pesar toneladas con gramos. Si el brazo de la palanca es suficientemente largo, un solo gramo es capaz de contrapesar muchas toneladas. Leonardo Da Vinci, adelantándose en esto a Stevin de Brujas, aprovechó este conocimiento para demostrar la ley de la palanca por el método de las velocidades virtuales, principio que ya enunciaba Aristóteles, anticipándose a Bernardino Baldi y a Galileo. Con una palanca conveniente, hasta un niño puede levantar miles de toneladas: Dicho esto, hemos entrado en el tema. Ha dicho Jesús: “Si tenéis fe como un grano de mostaza diréis a esta montaña: “Lánzate al mar, y se lanzará”.
LA ORACIÓN PALANCA MORAL
Con la fe como fulcro, o punto de apoyo, la esperanza como barra que sostiene el peso a levantar, la oración en el extremo opuesto, ésta se constituye en la palanca que levanta el mundo, según el principio científico de Arquímedes y el testimonio de la Sagrada Escritura.
El Movimiento de Cursillos de Cristiandad usa mucho el vocablo, "Palanca", incluyendo en ella la oración y los sacrificios que se hacen para conseguir el fruto del Cursillo. Resulta que la esperanza del orante y la confianza de conseguir lo que se pide, se convierten en brazo de palanca, de forma que cuanto mayor es la "confianza", mayor es el poder de la palanca, y bastará una fuerza pequeñísima para obtener lo que se pide. Sin fe, si no creemos que Dios puede darnos lo que pedimos, no hay oración posible. Si no creemos que Dios existe, o si, creyéndolo, pensamos que no puede darnos lo que le pedimos, la oración es inútil. Por eso los musulmanes, que creen en el fatalismo, determinado infaliblemente, no tienen oración de petición. Al no creer que Dios nos puede dar lo que le pidamos, sólo hacen oración de adoración, practicada, eso sí, con gran devoción tres veces al día; pero sin pedir nada a Dios, porque creen que es inútil.
LA FE, PUNTO DE APOYO Y LA CONFIANZA, BRAZO DE PALANCA
Para que la oración sea eficaz, es necesario esperar que Dios nos va a dar lo que le pedimos, y eso es confianza, que no sólo nace de la fe en que Dios puede darnos lo que le pedimos, sino fiarse de la promesa de Dios de escucharnos: “Pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá, buscad y hallaréis”. “El que pide recibe, al que llama se le abre, el que busca, encuentra”. Esa verdad revelada es la fuente de la que brota la confianza de que Dios nos concede lo que le pedimos porque lo ha prometido. Esta es la fe y la confianza que pide Cristo, cuando garantiza que si decís a esta montaña: “arráncate y arrójate al mar, os obedecerá”. “Si tenéis fe, todo lo que pidiereis en la oración, lo alcanzaréis." La fe y la confianza, que se completan la una a la otra, hacen la oración eficaz.
LOS APOSTOLES VACILABAN
Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que lo agarra lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han podido
Jesús preguntó al padre del poseso: --¿Cuánto tiempo hace que esto sucede? --Desde la niñez –respondió-- y muchas veces lo ha tirado al agua y al fuego, para acabar con él. Pero si puedes algo, socórrenos, compadecido de nosotros. Jesús le dijo: --Si tú puedes creer, todo es posible para el que cree. El padre del muchacho exclamó: --¡Señor! Yo creo, pero ayuda tú mi incredulidad. Aquel padre creía, pero no creía con bastante firmeza para tener confianza ilimitada en Cristo. También los discípulos creían en el poder de Cristo, pero dudaban por falta de confianza y preguntan a Jesús: -- ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? -- Esta ralea no sale más que a fuerza de oración confiada. Los discípulos pidieron a Jesús que les aumentara la fe y la confianza: --Señor, auméntanos la fe. La diferencia entre la fe y la confianza se ve con mucha claridad en el caso del padre de este endemoniado. (Mc 11, 21).
Dice el texto latino: "Si habueritis fidem sicut granum sinapis et non haesitaveritis...". “Si tuviereis fe como un grano de mostaza y no vacilarais. El verbo “haesito”, significa dudar, vacilar e indica incertidumbre, irresolución. Cuando "la confianza" es ilimitada, o lo que es lo mismo, cuando el brazo de palanca es muy grande, la oración obra milagros. Pero este brazo de palanca tan colosal es escaso.
¿QUÉ REMEDIO?: LA POLEA
Cuando deseamos conseguir algo careciendo de esta confianza ilimitada, podemos usar la polea, verdadera palanca, que es una cuerda flexible y deslizante alrededor de una rueda, que en el extremo de la cuerda lleva el peso, y al otro extremo la fuerza para que tirando el peso vaya subiendo poco a poco. Una serie de tirones va elevando el peso; pero si se deja de tirar y se suelta la cuerda, el peso, que ya había subido a cierta altura, cae precipitadamente.
Así funciona nuestra oración, cuando la confianza es limitada... Y así resulta ser nuestra oración ordinaria, como elevada por la polea. Queremos obtener de Dios una gracia, que es como querer levantar un peso, pero no tenemos la confianza suficiente para poder alcanzarla de una vez, por falta de fuerza capaz de levantarla de un solo tirón, y pedimos repetidas veces a Dios lo que deseamos, como a pedacitos de confianza. Actuamos como con la polea, subimos el peso a base de tirones sucesivos. Si nuestra confianza fuera muy grande, como la del centurión de Cafarnaún, o la de la Cananea de Tiro, de los cuales dijo Jesús admirado: “No he encontrado tanta fe en Israel”, no necesitaríamos orar más que una vez para obtener lo que pedimos, como ellos. Al no tener esa confianza, necesitamos dar tirones sucesivos. Ha sido necesario repetir y repetir nuestra oración porque nuestra confianza es muy pequeña. Si nuestros pedazos de confianza son más grandes, necesitaremos repetir nuestra oración menos veces.
ANTE EL FRACASO DE LA ORACIÓN
Cuando la confianza es nula, aunque se repitan mil veces las oraciones no se logra nada, como si no se tira de veras de la polea, el peso se quedará donde está. Cuando se deja de orar porque se cede al cansancio de pedir, o se desconfía de ser escuchado, o se deja vencer por el aburrimiento el desánimo, no se conceden las peticiones. Como cuando se quiere subir un peso por medio de la polea, nos cansamos y soltamos la cuerda el peso cae, y los esfuerzos anteriores han resultado inútiles. Previendo esto los mecánicos, inventaron la polea compuesta, el polipasto, formado de dos o tres poleas simples, para que, aunque dejemos de tirar, el peso se mantenga. Este símil es por analogía, la oración hecha por dos o más personas. Mientras una deja de pedir, las otras siguen pidiendo, hasta que se consigue lo que se pide. Esta es la fuerza de la oración de la Iglesia, de la familia o de la comunidad. En este principio se basa el Apostolado de la Oración, en el que miles y miles de personas piden a Dios la misma gracia continuamente, como si cada una tuviera un cabo de diversas cuerdas unificadas, para conseguir de Dios la gracia que se pide.
ORACIÓN FRÍA Y RUTINARIA
Pero si los que piden no tiran de veras su oración resulta ser oración de disco, de CD, a la que le falta la confianza. Si cada uno ora con un poquito de confianza, probablemente Dios concederá nuestra petición. Si se reza mecánicamente, sin verdadero empeño, Dios no ha prometido darnos sin más ni más todo lo que le pidamos, aunque se lo pidamos millares de veces, o se lo pidan millones de personas. La promesa es clara: "Todo lo que pidiereis con fe, sin andar vacilando, se os concederá", y esto según la determinación de su Providencia, pero no en virtud de su promesa. En muchas ocasiones Dios concede lo que se le pide, aunque nosotros no lo veamos. Miles de almas alcanzan, por ejemplo, su salvación, y muchas personas han alcanzado la plenitud de las virtudes, sin que nos demos cuenta de que la consiguieron por nuestras oraciones.
Santa Teresita de Lissieux lo dice de esta manera plática: En la lamparita mortecina del sagrario, la sacristana encendió con cuidado una vela y con ella las de toda la comunidad.
Hemos convertido la palanca y la polea en una imagen para explicar de algún modo el funcionamiento de la oración, que, según San Agustín, es “la fuerza del hombre y la debilidad de Dios”.
HÁGASE TU VOLUNTAD
Jesús no ha señalado un catálogo de cosas que podemos pedir, su madre le pidió en Caná vino, el buen ladrón le pidió el paraíso. Podemos pedir de todo y todo, pero somos como niños que no saben lo que piden y debe quedar el discernimiento de la madre dar lo bueno y lo mejor y no dar lo malo, que a veces deslumbra y es bonito y bien visto, lo razonable es lo, después de pedir, lo dejemos en manos de Dios, que él sí sabe lo que nos conviene más o lo que nos puede dañar. Para que después no se nos pueda decir, “Fraile mostén, tú te lo tienes, tú te lo ten”, terminar siempre nuestras peticiones, como nos enseña Jesús en la oración que nos enseñó: “Hágase tu voluntad“, que es como Él oró en la agonía de Getsemaní: “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.
EL PADRE COLOMA
Escribe el Padre Coloma, insigne escritor costumbrista:
“Una tarde vi llegar al aperador del Cortijo. Fui volando a verlo: su hijo había llegado de África y por él supe que de tres de los míos que estaban en el ejército, el mayor había muerto; al segundo lo había matado a traición un moro y que el tercero estaba en el hospital de Algeciras. Volví en busca de Chana, mi mujer, y le di la noticia. Ella se encogió como si viera venir el torreón de Tepul: los ojos se le desencajaron y se puso más blanca que un papel. --Vamos a Algeciras, Cristóbal, me dijo. Aparejó la burra y tomamos el camino de Algeciras. Chana caminaba en la burra arrebujaá en un pañolón rezando credos y salves. Yo iba detrás echando sapos y culebras, y renegando de cuanto bicho viviente se menea… Yo no era malo, creía en Dios y en la Virgen Santísima y en cuanto hay que creer en el mundo; pero aquella pena me había derramado toda la hiel por el cuerpo, y hasta la saliva de la boca me sabía amarga... De repente tropezó la burra y tiró las alforjas… Me cegué… me cegué y eché una blasfemia. Chana saltó de la burra como si hubiera oído la trompeta del juicio; se me puso delante más tiesa que un muerto en la sepultura y me dijo: -¡Calla esa lengua, Cristóbal! ¡Calla esa lengua; que bien mereces que Dios te mate a tu hijo!”. - Y ¿por qué hace Dios con nosotros esas tropelías?- grité yo más furioso. –Porque somos pecadores, contestó con una voz que parecía un juez sentenciando a muerte .Mira –añadió levantando la mano-- esos puñados de estrellas: mira las lágrimas que costamos a María Santísima… Cuéntalas si puedes… ¡Ella las derramó y nosotros pecamos!... Yo no se lo que me pasó entonces; pero el corazón se me salía por la boca, y me fui quedando atrás, atrás, pare verme solo. Miraba yo esas benditas estrellas del cielo, y se me salían por los ojos las lágrimas como garbanzos. --Virgen Santísima que por mí lloraste- decía yo a voces-; si no supe lo que dije… ¡Madre de pecadores, ampara a esta oveja perdida! ¡Madre que perdiste a un hijo, ten piedad de quien pierde tres de un golpe!... --Llegamos a Algeciras por la mañana, y nos fuimos derechos al hospital; preguntamos a un cabo por Sebastián Pérez, y nos hizo entrar en la oficina del registro. Había allí un sargento, que buscó el nombre en el registro. --Sebastián Pérez -dijo- entró el 25 de mayo... Salió el 1 de junio. --Y ¿para dónde ha salido?, preguntó Chana. --Para el camposanto, con los pies por delante, respondió el sargento. --Sentí que Chana me clavaba las uñas en el brazo, y que temblaba como si tuviera frío de cuartanas. --Vamos al camposanto, dijo. Y fuimos al camposanto, pero ya lo habían cerrado y el conserje no nos quiso abrir. --Chana se sentó en el umbral y por una rendijilla de la puerta miraba allá dentro, por ver desde lejos la tierra que se comía a su hijo. Teníamos diez reales, y Chana mandó decir una misa a la Virgen de los Dolores. Yo me escurrí a la sacristía, en busca de un Padre cura, y me confesé mientras tanto, llorando de hilo en hilo. A la vuelta caminamos siete horas sin decir palabra. Al oscurecer me faltó hasta el aliento y me dejé caer junto a un pozo de abrevar ganado. Chana se apeó de la burra y se sentó a mi vera. --¿Qué haremos ahora, Chana?, pregunté yo, hablando primero. --¿Qué haremos? Lo que dice el Padrenuestro… Cristóbal… Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo… --Yo me eché a llorar como una criatura, porque, aunque era hombre que con una mano paraba una yunta de bueyes, no tenía en el corazón el aguante de aquella santa mujer, que no era una mujer de carne y hueso, sino un ángel del cielo. --¿Y qué ha sido de Chana? --A Chana le pasó lo que al caballo viejo… Desde entonces hincó la cabeza en tierra y no la volvió a levantar nunca. Corazón le sobraba; pero el cuerpo se le iba solo a la sepultura, y a los tres meses estaba en la eternidad con sus tres hijos.” Yo me quedé solo, señorito, solo… Trabajo cuando hay en qué, y cuando no hay, nunca me niegan un pedazo de pan por esos cortijos, y siempre que paso por el Cristo de Mirabal, me asomo a la capilla y digo: --“Señor, aquí está tío Pellejo… Setenta años tengo ya… ¡no se te olvide!”
Así acaba el insigne costumbrista Padre Luís Coloma autor de cuentos infantiles, Ajajú y Periquillo sin miedo, Medio Juan y Juan y Medio, Por un piojo, Caín, Mal alma, La Gorriona y Era un santo, Paz a los muertos, y cuentos rurales, Ranoque y Juan Miseria. Pequeñeces, que le colocó en el primer plano de la actualidad literaria, Boy, La reina mártir, Jeromín y Fray Francisco. Del estruendo que provocó Pequeñeces asegura que fue como entrar por primera vez en la ducha y recibir la inesperada rociada, como después diría Martín Descalzo que le había ocurrido a él con su primera novela, “La Frontera de Dios”, ganadora del Premio Nadal. El moralismo con que termina Coloma la historieta del Tío Pellejo, busca conducir al lector a la resignación del “Hágase tu voluntad” de la tía Chana, respondiendo al tío Pellejo: --¿Qué haremos ahora, Chana”? –pregunté yo. --¿Qué haremos? Lo que dice el Padrenuestro… Cristóbal… Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo…”
Porque Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene para nuestra mayor felicidad definitiva y eterna.

Las verdades de nuestra religión, de nuestra fe católica se encuentran en la oración del Credo. El Credo es lo que creemos los católicos. Si alguien de otra religión nos pregunta ¿qué es lo que creen ustedes los católicos? podemos contestarle con todo lo que rezamos en el Credo. Podemos decir que es como un resumen de nuestra religión.
El Credo está dividido en tres partes:

En el tiempo de Adviento
El Adviento es tiempo de espera, de conversión, de esperanza:
espera, memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal; espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal;
conversión, a la cual invita con frecuencia la Liturgia de este tiempo, mediante la voz de los profetas y sobre todo de Juan Bautista: "Convertios, porque está cerca el reino de los cielos" (Mt 3,2);
esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo (cfr. Rom 8,24-25) y las realidades de la gracia ya presentes en el mundo lleguen a su madurez y plenitud, por lo que la promesa se convertirá en posesión, la fe en visión y "nosotros seremos semejantes a Él porque le veremos tal cual es" (1 Jn 3,2)
La piedad popular es sensible al tiempo de Adviento, sobre todo en cuanto memoria de la preparación a la venida del Mesías. Está sólidamente enraizada en el pueblo cristiano la conciencia de la larga espera que precedió a la venida del Salvador. Los fieles saben que Dios mantenía, mediante las profecías, la esperanza de Israel en la venida del Mesías.
A la piedad popular no se le escapa, es más, subraya llena de estupor, el acontecimiento extraordinario por el que el Dios de la gloria se ha hecho niño en el seno de una mujer virgen, pobre y humilde. Los fieles son especialmente sensibles a las dificultades que la Virgen María tuvo que afrontar durante su embarazo y se conmueven al pensar que en la posada no hubo un lugar para José ni para María, que estaba a punto de dar a luz al Niño (cfr. Lc 2,7).
Con referencia al Adviento han surgido diversas expresiones de piedad popular, que alientan la fe del pueblo cristiano y transmiten, de una generación a otra, la conciencia de algunos valores de este tiempo litúrgico.
La Corona de Adviento
La colocación de cuatro cirios sobre una corona de ramos verdes, que es costumbre sobre todo en los países germánicos y en América del Norte, se ha convertido en un símbolo del Adviento en los hogares cristianos.
La Corona de Adviento, cuyas cuatro luces se encienden progresivamente, domingo tras domingo hasta la solemnidad de Navidad, es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia (cfr. Mal 3,20; Lc 1,78).
Las Procesiones de Adviento
En el tiempo de Adviento se celebran, en algunas regiones, diversas procesiones, que son un anuncio por las calles de la ciudad del próximo nacimiento del Salvador (la "clara estrella" en algunos lugares de Italia), o bien representaciones del camino de José y María hacia Belén, y su búsqueda de un lugar acogedor para el nacimiento de Jesús (las "posadas" de la tradición española y latinoamericana).
Las "Témporas de invierno"
En el hemisferio norte, en el tiempo de Adviento se celebran las "témporas de invierno". Indican el paso de una estación a otra y son un momento de descanso en algunos campos de la actividad humana. La piedad popular está muy atenta al desarrollo del ciclo vital de la naturaleza: mientras se celebran las "témporas de invierno", las semillas se encuentran enterradas, en espera de que la luz y el calor del sol, que precisamente en el solsticio de invierno vuelve a comenzar su ciclo, las haga germinar.
Donde la piedad popular haya establecido expresiones celebrativas del cambio de estación, consérvense y valórense como tiempo de súplica al Señor y de meditación sobre el significado del trabajo humano, que es colaboración con la obra creadora de Dios, realización de la persona, servicio al bien común, actualización del plan de la Redención.
La Virgen María en el Adviento
Durante el tiempo de Adviento, la Liturgia celebra con frecuencia y de modo ejemplar a la Virgen María: recuerda algunas mujeres de la Antigua Alianza, que eran figura y profecía de su misión; exalta la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvífico de Dios; subraya su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron el nacimiento del Salvador. También la piedad popular dedica, en el tiempo de Adviento, una atención particular a Santa María; lo atestiguan de manera inequívoca diversos ejercicios de piedad, y sobre todo las novenas de la Inmaculada y de la Navidad.
Sin embargo, la valoración del Adviento "como tiempo particularmente apto para el culto de la Madre del Señor" no quiere decir que este tiempo se deba presentar como un "mes de María".
En los calendarios litúrgicos del Oriente cristiano, el periodo de preparación al misterio de la manifestación (Adviento) de la salvación divina (Teofanía) en los misterios de la Navidad-Epifanía del Hijo Unigénito de Dios Padre, tiene un carácter marcadamente mariano. Se centra la atención sobre la preparación a la venida del Señor en el misterio de la Deípara. Para el Oriente, todos los misterios marianos son misterios cristológicos, esto es, referidos al misterio de nuestra salvación en Cristo. Así, en el rito copto durante este periodo se cantan las Laudes de María en los Theotokia; en el Oriente sirio este tiempo es denominado Subbara, esto es, Anunciación, para subrayar de esta manera su fisonomía mariana. En el rito bizantino se nos prepara a la Navidad mediante una serie creciente de fiestas y cantos marianos.

SAN JUAN DE MATA.
EL HOMBRE
Nació hacia el año 1154 en el pueblecito alpino de Faucon, a 2,5 km. de Barcelonnette, departamento de Basses-Alpes (Alpes Bajos), región de Provenza, Francia. Faucon tiene una altitud de 1150 m. La Provenza, unida a Cataluña, pertenecía entonces al condado de Barcelona. Los padres de Juan fueron Eufemio de Mata, barón de Mata, de origen español, que había recibido de Ramón Berenguer el joven, conde de Barcelona, los terrenos de Faucon, y Marta de Fenouillet, noble señora de una familia acomodada de Marsella.
Estudios
Los primeros estudios (gramática) los hizo en su pueblo natal, Faucon. Luego cursó las artes liberales y la filosofía, hasta la edad aproximada de 20 años, una parte en Aix-en-Provence, capital de la Provenza, y otra en Marsella. Aquí, en Marsella, su piadosa madre le acercó al conocimiento y al amor de los pobres y desheredados. Le hizo visitar también los hospitales y las cárceles.
Deseando hacer la carrera eclesiástica, algo ambicionado por muchos jóvenes en aquel tiempo, y dado que su familia podía permitirse pagarle el viaje y los estudios en París, se trasladó allí para cursar los estudios teológicos en el Studium o escuela de la catedral, de donde surgirá la famosa universidad de la Sorbona (1206). París era el centro intelectual de Europa y Francia, la plataforma principal para organizar las cruzadas.
Juan de Mata estudió y enseñó la teología bajo la dirección del maestro italiano Guillermo Prevostino. Autores del siglo XIII llaman a Juan «magíster theologus» (maestro teólogo), lo cual alude al hecho de que, con el título académico correspondiente, durante algún tiempo fue también profesor de teología (años 1190-1193).
Vocación
En París, estudiando teología, se consolidó su deseo, ya despuntado en su juventud, de entrar en alguna orden religiosa. Algunas circunstancias que influyeron en su vocación fueron: el intenso ambiente religioso de la época (época de cristiandad), particularmente en Provenza; los estudios eclesiásticos en sí; la relación con los monjes de la abadía de San Victor de París; el conocimiento directo de una sociedad esclavista y del acoso de los musulmanes a los países cristianos europeos...
La guerra santa de los musulmanes frente a las cruzadas de los cristianos daba origen a un intenso tráfico de esclavos. Los ataques de los moros a los países cristianos, sobre todo en las costas mediterráneas, dejaban como resultado miles y miles de cautivos en Palestina, norte de África, España, etc. El año 1187 Saladino, «látigo de los cristianos», venció a las tropas cristianas en Hattin y tomó Jerusalén arrasando templos y monasterios (sólo respetó el Santo Sepulcro). Esta catástrofe resonó con fuerza en París.
La caída de Jerusalén motivó la organización de la tercera cruzada (1189-1192), en la que participaron todos los monarcas del Sacro Romano Imperio, entre ellos, Felipe Augusto (Francia), Ricardo Corazón de León (Inglaterra) y Federico Barbarroja (Alemania). Esta cruzada fracasó y las tropas cristianas fueron aplastadas a las puertas de Jerusalén, lo cual generó un sinnúmero de nuevos cautivos. Por aquellos años se registra en España la invasión de 300.000 bereberes almohades, que suplantan a los almorávides y amenazan a ciudades importantes como Toledo (1195).
EL FUNDADOR
Un relato anónimo de la primera mitad del siglo XIII cuenta la experiencia que vivió Juan de Mata durante la celebración solemne de su primera misa en París, que tuvo lugar el 28 de enero de 1193: «Juan invitó a su primera misa al obispo de París, al abad de San Victor y a Prevostino, que había sido su maestro. En el momento central de la misa suplicó al Señor que, si era su voluntad, le mostrase en qué orden religiosa podía ingresar con toda seguridad. Y elevando los ojos al cielo, se le apareció el mismo Señor sosteniendo en sus manos a dos hombres encadenados por las tibias: uno negro y feo, y el otro blanco y pálido».
Como prueba de que esa visión fue auténtica e hizo comprender a Juan de Mata que Dios le llamaba a fundar una nueva orden religiosa para ocuparse del rescate de los cautivos, el mismo Santo mandó colocar hacia el año 1210 en la fachada principal del hospital de Santo Tomás in Formis, de Roma, un hermoso mosaico circular, que aún hoy existe. En él vemos a Jesucristo sentado en un trono (el Cristo Pantocrator de la historia del arte), con dos hombres a los lados cogidos de los brazos (uno negro y el otro blanco).
Percibida la llamada divina, Juan se retiró a meditar y rezar para comprender mejor su misión, a un lugar solitario y boscoso, distante unos 80 kilómetros de París, llamado Cerfroid (Ciervo Frío). Allí encontró a un grupo de cuatro ermitaños, a los que contó su experiencia de la primera misa y su plan de fundar una orden religiosa. El principal de estos ermitaños era Félix de Valois. Todos ellos se le unieron en su proyecto fundacional. En 1194 creó en el mismo lugar de Cerfroid la primera comunidad de trinitario. En seguida, gracias a algunas donaciones de terrenos y nuevos discípulos, fundó otras dos casas.
Considerando que, para dedicarse al rescate de cautivos en muchos países, necesitaba el apoyo del Papa, Juan de Mata acudió en 1198 a Roma para someter al juicio de Inocencio III su plan y la Regla que había compuesto para la nueva orden. Dicho Papa, después de examinar atentamente el asunto y hacer algunas consultas al obispo de París y al abad de San Victor (París), aprobó la Regla de San Juan de Mata con una bula del 17 de diciembre de 1198.
Crecimiento de la Orden
Entre otras bulas de apoyo que obtuvo del Papa, Juan consiguió también una carta de Inocencio III (8 de marzo de 1199) dirigida al rey de Marruecos, con la que le presentaba a los trinitarios y su misión de ocuparse de los cautivos. Por los meses de abril y mayo de ese año el propio Juan llevó la carta al rey de Marruecos y realizó la primera redención de cautivos, trasladándolos a Marsella.
Luego el Santo se dedicó a fundar varias casas en el sur de Francia (la más importante, la de Marsella), para organizar mejor las expediciones redentoras. Buscaba la cercanía a las líneas musulmanas y a los grandes puertos de mar para realizar mejor la misión redentora. Fundo también varias casas en España, que estaba medio invadida por los moros: Avingaña (Lérida), Toledo, Segovia, Burgos... Al mismo tiempo mandaba grupos de trinitarios al norte de África, a Valencia, a Granada, a Palestina y Oriente Medio, etc., a rescatar cautivos. En Oriente Medio prestaron también su asistencia espiritual a los cruzados y establecieron cuatro casas (San Juan de Arce, Cesarea, Beirut y Jafa). A él mismo se atribuyen dos redenciones efectuadas en 1207-1208: en Córdoba y Valencia.
En 1208 Inocencio III donó a Juan de Mata una gran casa, que había sido antes abadía cisterciense, en Roma, cerca del Coliseo: Santo Tomás in Formis, que el Santo convirtió enseguida en hospital para acoger y curar a los cautivos. Allí puso, como hemos dicho, el mosaico que refleja plásticamente la misión principal de los trinitarios. En esta casa de Roma murió Juan de Mata el 17 de diciembre de 1213.
Dejaba una treintena de casas o comunidades de trinitarios. En la mayor parte de ellas puso también hospitales, donde los religiosos atendían no sólo a los cautivos liberados (que, antes de ser devueltos a sus familias, necesitaban recuperarse físicamente), sino también a los pobres y enfermos indigentes del lugar donde residían.
EL SANTO
Juan de Mata fue venerado por los trinitarios como padre y ejemplo de vida desde el siglo XIII, pero sus hijos, absorbidos como estaban en el trabajo apostólico y en dar vigor a la Orden, no se ocuparon entonces de su canonización. Fue en el siglo XVII cuando, en conformidad con una serie de nuevas disposiciones sobre la veneración de los santos decretadas por el papa Urbano VIII (15 de mayo de 1625), por iniciativa sobre todo de los trinitarios descalzos españoles, se instruyeron en Roma, Burgos y Madrid los procesos canónicos de cultu ab immemorabili (acerca del culto inmemorial) tributado a Juan de Mata (y Félix de Valois, su principal colaborador).
Y así, tras esos procesos, Alejandro VII, con bula del 21 de octubre de 1666, reconoció oficialmente (lo cual equivale a una canonización) el culto inmemorial tributado a Juan de Mata, fundador de la Orden de la Santísima Trinidad. Luego, el papa Clemente IX, aprobó su misa y oficio propios. Clemente X, al inscribir el nombre del Santo en el martirologio romano (1670), fijó su fiesta el 17 de diciembre. Inocencio XI (1679) cambió la fecha de la fiesta al 8 de febrero. Por último, Inocencio XII (1694) extendió esa fiesta a la Iglesia universal.
Fiesta
La fiesta litúrgica de San Juan de Mata se celebra en principio el día 17 de diciembre, fecha de un doble aniversario importante: de la aprobación de su Regla (17-XII-1198) y de la muerte del Santo (17-XII-1213).
En nuestra parroquia y colegio, al igual que en otros muchos lugares, seguimos celebrando la fiesta de San Juan de Mata el día 8 de febrero, trasladándola por motivos pastorales al domingo más cercano.

TRISAGIO EN HONOR A LA SANTÍSMA TRINIDAD.
Es una de las más hermosas oraciones en honor de la Santísima Trinidad; una serie de invocaciones y alabanzas, entresacadas de la Sagrada Escritura y de la Liturgia, que abren el corazón a la adoración, a la gratitud y al amor a las tres divinas Personas; un eco solemne del “Santo - Santo - Santo” que cantan en el cielo los ángeles y los santos, llena el universo y encuentra gozosa resonancia en el corazón del hombre; un canto de alabanza único e ininterrumpido a la Santa Trinidad”.
Primera Parte:
Dios mío, ven en mi auxilio.Primera Oración:
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal
Ten piedad de nosotros
Padre Nuestro...
A ti sea la alabanza, a ti la gloria, a ti la acción de gracias por los siglos de los siglos, oh Beatísima Trinidad.
Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo,
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
(Las dos invocaciones precedentes se repiten nueve veces)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglo.
Amén.
(La segunda y la tercera parte, como la primera, comenzando desde: Santo Dios, Santo Fuerte...)
ANTÍFONA: Benedita sea, ahora y por siempre, y por todos los siglos, la Santa y única Trinidad, que ha creado y gobierna todas las cosas.
Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo.
Ensalcémoslo por los siglos.
OREMOS:
Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su Unidad todopoderosa.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Conclusión: En ti creo, en ti espero, te amo, te adoro, oh Beatísima Trinidad.
Antífona final: Te saludamos, María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa del Espíritu Santo, sagrario de la Santísima Trinidad.

ORACIÓN DE ESCUCHA, ORACIÓN TRINITARIA:
“Lo tuyo” es, en primer lugar, tomar la decisión de orar para responder a esa llamada y crear el clima que precede a una cita.
Intenta permanecer silencioso en su presencia, con toda tu fe y tu amor despiertos, para adherirte a lo que el amor de Dios quiere hacer en ti.
Y el deseo del Padre es hacer de ti, por medio del Espíritu de Jesús que te habita, alguien cada vez más parecido a su Hijo.
Al comenzar, trata de hacer una “ruptura vertical” para situarte en tu centro más profundo y, desde ahí, abrirte a la presencia de Dios y hacerte disponible para Él.
En este primer momento de la oración trata de movilizar toda tu atención que pide de ti esfuerzo, obstinación, paciencia e intensidad.
Es tu humilde manera de colaborar a la acción del Espíritu Santo en ti: porque lo que importa en la oración no es lo que tú haces, sino lo que consientes que haga Dios.
Es importante que en este primer momento tomes conciencia de lo que realmente deseas... y exprésalo en alguna frase breve que puedes repetir internamente una y otra vez.
Recuerda que nunca llegas sólo a la oración: estás aquí en nombre de muchos hermanos, de su deseo y de su clamor.
Siéntete unido a ellos y sostenido por ellos...
(silencio...)
CANTO:
(Que invoque la presencia del Espíritu)
Baja a lo profundo de ti mismo para encontrar allí a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo...
quédate en su presencia, sin prisa...
Gusta del amor que entre las Divinas Personas se vive...
intenta dar respuesta al mandamiento del Amor:
“Amarás al Señor tu Dios...”
¡ Escucha...!
El texto que vamos a contemplar es el más rezado por Israel, es su credo:
¡ESCUCHA!
Déjalo caer en tu corazón, deja que se introduzca
en lo más profundo de tu ser: ¡ESCUCHA!
“Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es solamente uno.
Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.
Las palabras que hoy te digo, quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos
y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.
Las atarás a tu mano como una señal, y serán como una insignia entre tus ojos;
las escribirás en las jambas de tu casa y en las puertas”.
(Dt 6,4-9)
(silencio….)
CANTO
(Que invite a la escucha, al silencio...)
“Aún no conocía Samuel a Yahvéh,
pues no le había sido revelada la palabra de Yahvéh…
vino Yahvéh, se paró y llamó como las veces anteriores
¡”Samuel, Samuel”
Respondió Samuel:
“¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!”
Samuel crecía, Yahvéh estaba con él y no dejó caer ninguna de sus palabras”
(1Sm 3,7,10,19)
(silencio…)
“Seguid en todo, el camino que el Señor vuestro Dios
os ha trazado: así viviréis y seréis felices”
(Dt 5,33)
(silencio...)
Esta actitud de escucha, es necesaria para acoger la Palabra, el mensaje,
el proyecto de Dios Padre para mí;
en mi vida concreta, en mi trabajo diario, Dios me habla.
¡ESCUCHA!
No dejes pasar ninguna de sus palabras, de su mensaje...
“ESTE TIEMPO QUE NOS HA TOCADO VIVIR, ES PROPICIO PARA DAR CABIDA A LA DIMENSIÓN CONTEMPLATIVA DE LA VIDA, PARA QUE ÉSTA, ABSORVIENDO LA LINFA QUE VIENE DE SUS RAÍCES TEOLOGALES, SE RENUEVE ÍNTIMAMENTE Y SE VIGORICE”
(JUAN PABLO II)
CANTO:
(Que invite a la escucha de la Palabra)
(silencio...)
No baja a la profundidad de sí mismo quien busca el ruido,
el que es superficial, quien tiene miedo al silencio.
La oración exige una suave violencia,
porque hay que pasar del mundo de los sentidos a nuestra profundidad.
Es dejar que el Espíritu del Señor
nos atraiga hacia el Padre, nos descubra su amor, y el amor de los hermanos.
Es entrar en otra realidad, es un ir contra corriente,
es reaccionar contra la superficialidad, mi propia superficialidad.
Orar a solas en la senda de la soledad, con un corazón de discípulo.
Dispuesto a todo, abandonado en las manos del Padre.
Con el deseo de vivirlo a fondo.
En plena comunión con todo hermano y hermana...
Liberado de las ataduras de tus egoísmos.
Con el alma pobre y limpia.
Libre para dar... dispuesto a darte.
“Estad siempre en oración y súplica, orando en toda oración en el Espíritu,
velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos”
(silencio...)
“Rogamos en todo tiempo por vosotros:
que nuestro Dios os haga dignos de la vocación
y lleve a término con su poder
todo vuestro deseo de hacer el bien y crecer en la fe”
(silencio...)
“Vigilad, pues, orando en todo tiempo
para que tengáis fuerza”
(silencio...)
El orante que está en actitud de escucha
descubre la fuerza del susurro del Espíritu,
en el silencio, aquél que busca el rostro de Dios,
escucha la plegaria que expresa su corazón:
“Oigo en mi corazón: ‘Buscad mi rostro’.
Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”
(Sal. 142,7)
Es el anhelo que buscar el Rostro de Dios,
expresado en Cristo.
¡Cristo, Rostro del Padre!
Contempla este Rostro, iluminado por la luz del Espíritu.
Cada uno repita en su corazón:
“Tu rostro buscaré, Señor...”

Orden Trinitaria: Reforma
Año 1594
La reforma de la Orden Trinitaria obedece a la imperante necesidad de renovación que se sentía en toda la Iglesia, y en especial en la vida religiosa, en la segunda mitad del siglo XVI. El concilio de Trento (1545-1563) emanó directrices precisas para la reforma de todas las órdenes religiosas antiguas, entre las que se hallaba la Orden Trinitaria.
El primer paso de la reforma trinitaria se remonta al año 1594. Fray Diego de Guzmán, comisario o superior mayor de los trinitarios de las tres provincias españolas de Aragón, Castilla y Andalucía, tras publicar en 1593 un ceremonial (Sevilla) y unas constituciones (Sevilla) nuevos y comunes a nivel nacional, con objeto de lograr la aceptación de los citados textos, convocó en Valladolid una reunión de los tres ministros provinciales y sus respectivos procuradores, que tuvo lugar el 8 de mayo de 1594.
Los acuerdos allí suscritos se consideran de gran relieve histórico, no sólo por haber dado vigencia nacional al ceremonial y constituciones impresas el año anterior, cuyo contenido refleja la normativa de Trento; sino también, y sobre todo, por el artículo 31 que dice textualmente: "En cada provincia se señalen dos o tres casas, en las cuales los religiosos que quisieran hacer vida más áspera de la ordinaria, se puedan recoger con licencia de los padres provinciales y, no pudiendo pasar adelante con la aspereza comenzada, tornarse a otros conventos, dando lugar a que entren otros a hacer lo mismo". Aunque, como se dirá, no se cumplió más que en una mínima parte, este acuerdo fue de hecho "el principio y el primer paso" de la descalcez trinitaria (san Juan Bautista de la Concepción).
Valdepeñas, cuna de la reforma
No cuajó la reforma prevista, pero un hecho providencial dejó abierto el paso para proyectos más amplios. Por donación del marqués de Santa Cruz, don Alvaro de Bazán, y gracias al trabajo solitario de Fray Juan Dueñas, pudo establecerse un pequeño grupo de trinitarios recoletos en Valdepeñas. En las capitulaciones con el ayuntamiento y en los actos de toma de posesión del 9 de noviembre de 1594, tomó parte, ocasionalmente, san Juan Bautista de la Concepción. Se redactaron estatutos particulares para los reformados, que preveían la observancia de la Regla primitiva y un tenor de vida de pobreza, penitencia, recogimiento y oración. Con todo, la experiencia inicial estuvo a punto de ser sofocada por falta de apoyo institucional y de sinceros recoletos. El propio Juan Dueñas, calumniado y perseguido por sus hermanos de hábito, se vio forzado a huir.
San Juan Bautista de la Concepción
Y aquí entra en escena el hombre carismático enviado por Dios para promover una reforma definitiva de la Orden: san Juan Bautista de la Concepción (1561-1613). Es preciso subrayar en primer lugar que el santo opta por la vida reformada sólo después de repetidas resistencias a las llamadas interiores del Espíritu Santo y presionado, como los profetas bíblicos, por una especie de ultimátum de parte de Dios.Por formación, constitución física, dotes naturales y ascendencia dentro del grupo, se hallaba plenamente centrado y "realizado" en su comunidad de Sevilla. Aplaudía la idea de reforma, pero no se sentía capacitado para abrazarla. En su itinerario espiritual al servicio de la reforma, tal y como nos lo ha dejado descrito en el tomo 8 de su obra literaria, emerge con nitidez la acción preponderante y rectora del Espíritu.
La experiencia de los primeros meses, como ministro de la casa de Valdepeñas (1596-1597), fue determinante: calumniado por los súbditos, desasistido por los superiores, iba percibiendo cada vez con más claridad la propia impotencia para garantizar la continuidad de una obra que, sin embargo, se mostraba como del agrado de Dios. La idea de acudir a Roma surgió en su mente cuando se cerraron todas las puertas de diálogo con sus superiores mayores. Su impulso interior, en ese trance, fue el de retirarse para entregar sus energías a consolar y servir a cautivos y pobres. Hubieron de intervenir hombres de espíritu, de dentro y fuera de la Orden, para ayudarle a tomar conciencia de que, según Dios, debía acudir al Papa.
Tanto el viaje a Roma como su permanencia en la ciudad, en espera de que Clemente VIII le concediese el 20 de agosto de 1599 el breve Ad militantis Ecclesiae, constituyen un entrelazado impresionante de pruebas físicas, morales, espirituales, comprendidas las inauditas "noches del espíritu". En todas las etapas del camino el santo se siente llevado por Dios, en contra de sus inclinaciones naturales y espirituales. Más de una vez decide volver atrás. Por eso, en sus escritos no se cansa de repetir que la reforma de la Orden es obra exclusiva de Dios Trinidad.
El Papa, contra toda previsión humana, dio validez eclesial a la "Congregación de los hermanos reformados y descalzos de la Orden de la Santísima Trinidad", instituida para observar en todo su rigor la Regla de san Juan de Mata. Las directivas esenciales impartidas en el citado breve son: la dependencia de un visitador, franciscano o carmelita descalzo, hasta poder disponer de al menos ocho conventos con doce religiosos en cada uno; en base a esas condiciones, la convocación de un capítulo provincial, que elegirá al primer ministro provincial, hecho que asegura la autonomía institucional, con la única sujeción a la autoridad del ministro general; los reformados no podrán pasar a otra orden, que no sea la Cartuja.
El visitador, nombrado por el nuncio en Madrid, fue Elías de San Martín, ex general de los carmelitas descalzos. El primer núcleo de descalzos, que aceptó el breve pontificio en Valdepeñas, estaba reducido a tres religiosos. A partir de ahí los trinitarios reformados conocen un desarrollo sorprendente, si se consideran el mal momento político español, la saturación de conventos en las grandes ciudades y, particularmente, la oposición cerrada de los trinitarios calzados, que recurren a todo tipo de medios, incluidas la calumnia y la agresión física, para frenar los pasos del reformador.
Primera expansión
Hecha su nueva profesión religiosa, como descalzo, el 18 de diciembre de1600, el santo se dedica a fundar nuevos conventos. La cruz y la contradicción le acompañan en todo momento. Con la casa de Valladolid alcanza las ocho indispensables para formar provincia. El capítulo allí celebrado el8 de noviembre de 1605 lo elige ministro provincial. Durante su mandato trienal, al paso que defiende la reforma de numerosos ataques, prosigue la actividad fundacional. La cruz, griega, de forma rectangular, que ha impuesto con el hábito estrecho de reformado, le acarrea un proceso en la nunciatura, desencadenado por los calzados. La sentencia le es favorable. Instala sus comunidades en las ciudades más importantes, inclinándose particularmente a los centros universitarios, donde poder esperar muchas vocaciones. Las universidades le dieron abundantes y bien formados sujetos, aunque jóvenes, con los que pudo cubrir las necesidades de los dieciocho conventos; dicesiete de ellos en España yuno en Roma), dejados a su muerte acaecida en Córdoba el 14 de febrero de 1613. Fue el promotor directo de todas las fundaciones, menos de dos, y también se ocupó de la primera comunidad de trinitarias descalzas de clausura.
Espíritu de la Reforma
Vivió y transmitió a sus hijos un intenso espíritu de caridad, oración y recogimiento, pobreza, humildad y penitencia, en sintonía con el movimiento reformista de las "descalceces". Con las adaptaciones exigidas por los tiempos, hizo concreta y operativa la práctica de la normativa de la Regla en todo lo relativo a la vida conventual: relaciones fraternas (tratamiento de "hermano", corrección evangélica, gestos de servicio y humildad...), pobreza personal y comunitaria, diálogo sincero, ascética de la abstinencia y de la mortificación. En materia de pobreza, por necesidad imperiosa, sus comunidades superaron las previsiones de la ley.
El santo puso un interés especial en mantener vivo el espíritu de entrega solidaria a los cautivos y los pobres, si bien, por la penuria del momento y la oposición de los demás institutos redentores (trinitarios calzados y mercedarios), no pudo emprender personalmente ninguna redención ni establecer hospicios para los pobres. Hizo, en este sentido, todo lo que estaba en sus manos: poner en marcha en todas las casas la reserva de la tertia pars de los ingresos para los cautivos y la asistencia a los pobres en la portería; valorizar, desde el carisma trinitario, la oración, los ayunos y demás privaciones como gestos y actitudes de vital solidaridad con el pobre y el cautivo. En sus vivencias y enseñanzas es igualmente tema central la relación de los trinitarios con la Santísima Trinidad. A este respecto profundiza en la unión comunional que cada uno hemos de cultivar con las Personas divinas inhabitantes en el alma, para poder acudir al pobre como instrumentos y testigos de la Trinidad. La Trinidad, como centro vital y fuente de la caridad que redime, le lleva a insistir mucho en la conformación con Cristo Redentor, Cristo crucificado, único camino al Padre y al hermano que sufre.

Orden Trinitaria: Orígenes
Inspiración divina
Un relato anónimo de la primera mitad del siglo XIII cuenta así el momento en que San Juan de Mata recibió la inspiración divina para fundar la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos: "(Juan) suplicaba afectuosa e incesantemente al Señor que le mostrase la religión que debía abrazar. Cuando se dispuso a celebrar su primera misa, invitó al obispo de París [=Mauric de Sully, 1160-1196], al abad de San Victor [=Robert] y a Prevostino, que había sido su maestro, para que se dignasen asistir. ¿Qué más? Llegó el día y se celebró estando presentes los magnates de París. Mas, al llegar el momento central de la misa, suplicó al Señor que, si era su voluntad, le mostrase en qué orden podía ingresar con toda seguridad. Y elevando los ojos al cielo vio la majestad de Dios y se le apareció el mismo Señor sosteniendo en sus manos a dos varones encadenados por las tibias: uno negro y feo, y el otro blanco y pálido".
En prueba de la autenticidad de esa visión, el propio Juan de Mata, en su calidad de fundador y primer ministro general de la Orden, quiso plasmar en el sello y en el escudo oficiales la figura de Cristo Redentor sentado en medio de dos cautivos: uno moro y el otro cristiano (con una cruz en la mano). En el frontispicio del hospital romano de Santo Tomás in Formis, Juan de Mata mandó colocar hacia 1210 un mosaico cosmatesco, de forma circular, aún hoy existente, del que es copia exacta el que tenemos en nuestro campanario. Representa al Cristo "pantocrator" sentado en medio de dos cautivos, a quienes toma de la mano: uno de ellos es negro y el otro, blanco, y éste último lleva una cruz trinitaria (rojiazul) en la mano. En torno al círculo se lee: "Signum Ordinis Sanctae Trinitatis et Captivorum" (signo de la Orden de la Santa trinidad y de los Cautivos).
Varias bulas de Inocencio III, que tuvo a bien aprobar el proyecto de San Juan de Mata, aluden a una intervención especial de Dios en la fundación de la Orden. Y, como él, otros papas posteriores, hasta llegar a la tajante afirmación de Urbano IV el 15 de mayo de 1263: "...dictus Ordo fuit institutus a Domino" (tal Orden fue fundada por el Señor). En el epitafio grabado sobre el sarcófago donde el 21 de diciembre de 1213 fue sepultado el cuerpo del fundador, se lee: "...institutus est nutu Dei Ordo Sanctae Trinitatis et Captivorum a fratre Iohanne" (la Orden de la Santa Trinidad y de los Cautivos fue fundada por inspiración de Dios por el hermano Juan).
Si nos atenemos a una tradición de seis siglos, se puede datar en el año 1193 la primera misa y la vocación fundacional de Juan de Mata. Precisando más, se alega que ello ocurrió el 28 de enero, fiesta de santa Inés "secundo"; y, según algunos biógrafos, el mismo día pero de 1198, habría tomado Inocencio III la decisión de aprobar la Orden. Por eso los trinitarios veneran a Santa Inés como patrona principal de la Orden.
Durante el período 1194-1198, el fundador, al hilo de la experiencia diaria y, sobre todo, en consonancia con una misión del todo peculiar, el rescate de cautivos, fue componiendo la Regla. No le servía acogerse a una de las ya existentes, de corte monástico o canonical. Aprovechó sus visitas esporádicas a París —con objeto de mantener al corriente de todo al obispo y al abad de San Victor— para buscar seguidores en el ambiente universitario, que tan bien conocía. Creció la comunidad y aumentaron las casas, esto es, dos más.
Juan acude al Papa, por primera vez, antes del 16 de mayo de 1198, fecha en que Inocencio III le concede la bula Cum a nobis petitur, con la que acoge bajo la protección de la Sede Apostólica las siguientes casas: a) la mencionada de Cerfroid, sito en la diócesis de Meaux; b) la ubicada en el lugar de Planels, al parecer, de la misma diócesis, otorgada por un noble señor llamado R. (¿Robert o Roger?); y c) la de Bourg-la-Reine, de la diócesis de París, donada por María Panatería; las tres —lo subraya el Papa— asumidas para trabajar en la redención de cautivos. Se indica asimismo que, con el apoyo de las autoridades eclesiásticas, Juan ha establecido en sus comunidades un estilo particular de vida: observantia vestri ordinis.
Tal como se narra en la bula sucesiva, la del 17 de diciembre de 1198, el Papa quiso posponer su reconocimiento del propositum o proyecto de Juan y del nuevo ordo hasta conocer del todo que el deseo de éste último se fundaba en Cristo. Por esta razón, le envió con cartas suplicatorias para el obispo de París, que lo era Eudes (Odo) de Sully (1196-1208), y el abad de San Victor, que lo era Absalón (1198-1203).
Una vez obtenida por escrito la respuesta y habiendo consultado de nuevo a sus propios religiosos, el fundador volvió a Roma a primeros de diciembre. Y así, debidamente informado —según especifica— acerca de las intenciones de Juan, la creación de la Orden y el tenor de vida instaurado, Inocencio III emanó, en la fecha aludida, la bula Operante divine dispositionis, con la que daba su aprobación a la nueva Orden y a su Regla de vida propia.
Extensión de la Orden
Antes de entablar nuevos asentamientos y las empresas redentoras, Juan de Mata obtuvo de Inocencio III tres bulas más, que defendían su institución frente a posibles injerencias externas y la respaldaban en el lanzamiento de la propia misión. El Papa escribió también una carta personal, fechada el 8 de marzo de1199, al rey de Marruecos, el joven Muhammad al-Nâsir, notificándole el proyecto de los trinitarios.
En ella, tras recordar el valor de una obra de misericordia como la redención de cautivos, agrega: algunos hombres, "inflamados de amor divino", acaban de establecer una Orden y una Regla para dedicarse a redimir cautivos; deben reservar para la obra redentora un tercio de todos sus ingresos, actuales y futuros; pueden efectuar los rescates pagando dinero o conmutando cautivos cristianos por musulmanes (paganos). Era la presentación oficial que hacía Inocencio III al mundo musulmán de la primera orden religiosa nacida con la finalidad específica de redimir cautivos cristianos.
Es muy probable que uno de los portadores de la carta y, por consiguiente, uno de los ejecutores del primer rescate, allá por los meses de abril/mayo de 1199, fuera el propio Juan de Mata, como sostiene la mejor tradición. El, hombre emprendedor que iba por delante de sus hijos en la actividad fundacional, iría también por delante en la obra redentora. Y su preocupación apostólica no tuvo en el norte de Africa su único polo de atracción, sino también en Oriente Medio y Palestina. Así, por ejemplo encomendaba a algunos de sus hermanos la tarea de asistir espiritualmente a los cruzados, atender a sus enfermos y redimir a los cautivos originados por las cruzadas.
Tras desembarcar, probablemente en Marsella, con el primer contingente de cautivos liberados, la obra de los trinitarios suscitó de inmediato admiración y entusiasmo en la región costera del sur de Francia. Justamente por eso, Juan, durante la segunda mitad de 1199, se dedicó a fundar las casas de Marsella, Arles y, quizá también, Saint-Guilles-du-Gard, en la diócesis de Nimes. Marsella, por su importante puerto y su posición en el Mediterráneo, sería el centro propulsor de las actividades redentoras en el Midi francés.
Por tierras de Castilla
No tardó luego en adentrarse en la península Ibérica, medio invadida por el Islam. Del 30 de noviembre de 1201 data una donación que Pedro de Belvis hace a Juan en el lugar de Avingaña, municipio de Seros, en la diócesis de Lérida. Las sucesivas noticias ciertas nos mandan al año 1203. El 21 de marzo, los condes de Baux: (Guillaume, príncipe de Orange, su hermano Huges y su sobrino Raymond) conceden el privilegio de inmunidad perpetua, protección y varios favores más a la casa de Marsella y a las demás del condado (Arles y St.-Guilles) "y a ti Juan, ministro de la misma Orden".
Con data del 10 de septiembre de 1203 Inocencio III expide la bula Operante Patre luminum para ratificar la protección apostólica de las casas y posesiones de la Orden. Son ya ocho las comunidades existentes: seis en Francia y dos en España. Tres de ellas tienen a su cargo un hospital. Destinatario de la bula es Juan ministro del convento de Cerfroid. Es más que probable que el fundador acudió a Roma para solicitarla. A noviembre del mismo año se remonta un acuerdo estipulado entre el hermano Juan, "fundador y ministro de la Orden de la Santa Trinidad y de los Cautivos", y Michel de Moriez, arzobispo de Arles, en virtud del cual dicho prelado autoriza a los trinitarios de la ciudad a poseer iglesia y cementerio.
Poco después, el 16 de enero de 1204, Juan, a quien se identifica en este caso como "ministro" y "prior" de la casa de Lérida, cierra una transacción con Gombaldo, obispo de la diócesis, y su capítulo catedralicio, para poner fin a una controversia relativa a las décimas de las posesiones donadas por Pedro de Belvis. Se consigna en primer lugar el gesto generoso y conciliador del santo, al renunciar a los referidos beneficios. En respuesta, el prelado concede al convento leridano las "décimas y primicias" de las aludidas tierras.
Juan de Mata tuvo igualmente relación con tres nuevas fundaciones:las de Toledo, Segovia y Burgos; todas ellas elencadas en ese orden por una bula papal de 1209. Fue, al parecer, en febrero de 1206 cuando Martín, obispo de Toledo, le concedió la dirección y administración del recientemente construido hospital de Santa María. Respecto a la presencia trinitaria en Segovia, conocemos una especie de "carta circular", fechada el 2 de febrero de 1208, de Gonsalvo, prelado de la diócesis, recomendando a la atención y a la solidaridad de sus sacerdotes y fieles la Orden Trinitaria. Este interesante documento, que de pasada menciona al "hermano Juan", presenta al nuevo instituto, por su dedicación al rescate de cautivos mediante la práctica de la tertia pars (un tercio de los ingresos para los cautivos), como "santo y muy necesario para toda la cristiandad". Manda que, en todas las iglesias, los trinitarios sean recibidos y favorecidos con diligencia; que se les asista eficazmente con limosnas y otras ayudas; que se induzca a los fieles a hacerse "cofrades y sus bienhechores".
Por lo que toca a la casa de Burgos, se conoce un documento del 14 de marzo de1207, en copia de 1607, por el que el rey Alfonso de Castilla confirma la donación que una señora llamada Catalana hizo a Juan de Mata de todos sus bienes ubicados en los términos de Gomerces, Monasterio, Rubiales y Palacios de Benajel, todos ellos en los dominios de Burgos y de Lara. Cabe decir, en síntesis, que, colocada la fundación de Toledo en febrero de 1206, las de Segovia y Burgos le siguieron antes de marzo de 1207, probablemente en el mismo año de la primera. De acuerdo con estos datos, Juan de Mata permaneció en España desde primeros de 1206 hasta la fecha de la última donación referida, del año 1207.
Dos fundaciones más de estos años, en las que no intervino el santo fundador, merecen una rápida mención. En 1202-1207 se establece el primer núcleo trinitario en París, con iglesia y hospital y, además, el cuidado de una capilla en Renemoulin. Al año 1208 se remonta la donación de un hospital a la Orden en Châteauneuf-les-Martigues, en la diócesis de Marsella, hecha por el soldado Ruf de Châteauneuf. La entrega, en este caso, fue realizada "a Félix, ministro de la Casa de la Santa Trinidad de Marsella". En el tal Félix algunos autores han querido reconocer a san Félix de Valois. Algunos cronistas, sin aportar documentación fehaciente,atribuyen a Juan de Mata dos redenciones en Córdoba y Valencia, efectuadas en el bienio 1207-1208. Es lógico pensar que, al establecer varios conventos en España, un país semi-invadido por los musulmanes, el fundador se comprometiera en primera fila a la hora de impulsar la acción redentora. Se le ha indicado también como ejecutor de otros dos rescates de cautivos, que tuvieron su escenario en Túnez por los años 1204 y 1209, respectivamente.
La serie de bulas inocencianas dirigidas a Juan "ministro" se completa con dos consistoriales de 1209. La primera, Operante Patre luminun, del 21 de junio, expedida en Viterbo, trae el elenco completo de las casas acogidas bajo la protección apostólica. A las 8 mencionadas en anteriores ocasiones, se añaden las 13 siguientes: Toledo, Segovia, Burgos, Gosmedos, Roma, Daroca, Châteauneuf-les-Martigues, Le Bourget, Silvelle, Braia, Etampes, París. El orden en que se menciona la "iglesia de Santo Tomás en Roma con todas sus posesiones", induce a pensar que la fundación romana de Santo Tomás in Formis se remonta al año 1208 o a finales de 1207. Y, en atención a la bula sucesiva, se da por casi cierto que el Papa hizo donación de la misma a Juan de Mata.
De notar también que en la lista se incluyen "confratrias" del reino de Aragón, prueba de que el fundador puso mucho empeño en promover en torno a sus comunidades cofradías o asociaciones laicales, con objeto de colaborar en las obras redentoras y hospitalarias. La otra bula, del 12 de julio, concede "a Juan ministro y a los hermanos de Santo Tomás in Formis, de Roma, de la Orden de la Santa Trinidad” la iglesia de Santo Tomás in Formis, de Roma, con todas sus dependencias y propiedades, que enumera minuciosamente.
De mar a mar
En una bula del Papa del 12 de enero de 1209 leemos una frase digna de nota: Tras recordar que ha examinado y aprobado la Regla de la Orden, agrega Inocencio III que el Señor ha dado a la familia trinitaria tanto incremento "quod a mari usque ad mare suos palmites iam extenderit" (ya ha extendido sus ramas de mar a mar). La expresión "a mari usque ad mare", según algunos autores, sería alusiva a las costas del Mediterráneo y, en este sentido, insinuaría la existencia de las cuatro casas que una bula de Gregorio X, fechada el 30 de diciembre de 1237, sitúa en Palestina: San Juan de Acre, Cesarea de Palestina, Beirut y Jafa, y que fueron fundadas unos treinta años antes.
Aceptada la donación de Santo Tomás in Formis, anteriormente abadía cisterciense, Juan de Mata fija su residencia en Roma. Es ministro de la nueva casa, donde prepara y pone en marcha un amplio hospitium u hospital para pobres, enfermos y peregrinos. Hacia 1210 hace abrir un portal monumental al hospital y colocar en la parte superior un hermoso medallón en mosaico con las figuras y la inscripción ya referidas. Sigue siendo además, con carácter vitalicio, ministro mayor o general de la Orden. No existen indicios ciertos de que, desde Roma, emprendiera nuevos viajes fundacionales o apostólicos. Gaguin afirma que enviaba religiosos a atender a los cruzados, mientras, personalmente, hacía una vida retirada y penitente.
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