Jesús es la Verdadera Vida, el amor mismo
Un año más Jesús, el Señor, ha caminado por nuestras calles, invitándonos a creer en su amor por nosotros. Hay dos actitudes que ayudan a recrear en el corazón del creyente la respuesta a ese amor: desear a Dios y aprender a mirar como Cristo. Todos menos uno. Este se detuvo, respiró hondo y experimentó un sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas. Le dijo a sus amigos que siguieran y le pidió a uno de ellos que al llegar llamara a su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo más tarde. Luego regresó a la terminal y se encontró con todas las manzanas tiradas por el suelo.
La sorpresa fue enorme al darse cuenta que la dueña del puesto era una niña ciega. La encontró llorando con enormes lágrimas corriendo por sus mejillas. Tanteaba el piso, tratando, en vano, de recoger las manzanas, mientras la multitud pasaba, vertiginosa, sin detenerse; sin importarle su desdicha. El hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las metió a la canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente. Mientras lo hacía, se dio cuenta de que muchas se habían golpeado, y estaban magulladas. Las tomó y las puso en otra canasta. Cuando terminó, sacó su cartera y le dijo a la niña: Toma por favor estos cien pesos por el daño que hicimos. “¿Está bien?”.
Ella, dejando de llorar, asintió con la cabeza. Él continuó diciéndole: “Espero no haber arruinado tu día”. Conforme el vendedor empezó a alejarse la niña le gritó: “Señor...”. Él se detuvo y volteó a mirar esos ojos ciegos. Ella continuó: “¿Es usted Jesús....?” .
Él se paró en seco y dio varias vueltas, antes de dirigirse a abordar otro vuelo, con esa pregunta quemándole y vibrando en su alma: “¿Es usted Jesús?”.>>. (José Martínez Colin. Radio Oriental. Montevideo-Uruguay).
Ya hemos oído hablar de Madagascar, esa isla al sur de África, pues bien este año he repetido la experiencia junto a dos compañeros del cole Ginés , Maribel y Borja, un chico de 16 años. La idea de volver me resultaba inquietante -¿se acordarán?- ¿seguirá todo igual?...
ROMA, domingo, 28 enero 2007 (ZENIT.org).- Edith Stein (1891-1942) no se convirtió al cristianismo porque le cayera casualmente un libro de santa Teresa de Jesús en las manos. Su decisión ya había madurado y ese volumen lo estaba buscando, y fue el determinante que la llevó al catolicismo y no al protestantismo.