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BLOG DEL LAICADO TRINITARIO DE VALDEPEÑAS

Espiritualidad

El Tiempo de Adviento

El Tiempo de Adviento

En el tiempo de Adviento

El Adviento es tiempo de espera, de conversión, de esperanza:

espera, memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal; espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal;

conversión, a la cual invita con frecuencia la Liturgia de este tiempo, mediante la voz de los profetas y sobre todo de Juan Bautista: "Convertios, porque está cerca el reino de los cielos" (Mt 3,2);

esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo (cfr. Rom 8,24-25) y las realidades de la gracia ya presentes en el mundo lleguen a su madurez y plenitud, por lo que la promesa se convertirá en posesión, la fe en visión y "nosotros seremos semejantes a Él porque le veremos tal cual es" (1 Jn 3,2)

La piedad popular es sensible al tiempo de Adviento, sobre todo en cuanto memoria de la preparación a la venida del Mesías. Está sólidamente enraizada en el pueblo cristiano la conciencia de la larga espera que precedió a la venida del Salvador. Los fieles saben que Dios mantenía, mediante las profecías, la esperanza de Israel en la venida del Mesías.

A la piedad popular no se le escapa, es más, subraya llena de estupor, el acontecimiento extraordinario por el que el Dios de la gloria se ha hecho niño en el seno de una mujer virgen, pobre y humilde. Los fieles son especialmente sensibles a las dificultades que la Virgen María tuvo que afrontar durante su embarazo y se conmueven al pensar que en la posada no hubo un lugar para José ni para María, que estaba a punto de dar a luz al Niño (cfr. Lc 2,7).

Con referencia al Adviento han surgido diversas expresiones de piedad popular, que alientan la fe del pueblo cristiano y transmiten, de una generación a otra, la conciencia de algunos valores de este tiempo litúrgico.


La Corona de Adviento

La colocación de cuatro cirios sobre una corona de ramos verdes, que es costumbre sobre todo en los países germánicos y en América del Norte, se ha convertido en un símbolo del Adviento en los hogares cristianos.

La Corona de Adviento, cuyas cuatro luces se encienden progresivamente, domingo tras domingo hasta la solemnidad de Navidad, es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia (cfr. Mal 3,20; Lc 1,78).


Las Procesiones de Adviento

En el tiempo de Adviento se celebran, en algunas regiones, diversas procesiones, que son un anuncio por las calles de la ciudad del próximo nacimiento del Salvador (la "clara estrella" en algunos lugares de Italia), o bien representaciones del camino de José y María hacia Belén, y su búsqueda de un lugar acogedor para el nacimiento de Jesús (las "posadas" de la tradición española y latinoamericana).


Las "Témporas de invierno"

En el hemisferio norte, en el tiempo de Adviento se celebran las "témporas de invierno". Indican el paso de una estación a otra y son un momento de descanso en algunos campos de la actividad humana. La piedad popular está muy atenta al desarrollo del ciclo vital de la naturaleza: mientras se celebran las "témporas de invierno", las semillas se encuentran enterradas, en espera de que la luz y el calor del sol, que precisamente en el solsticio de invierno vuelve a comenzar su ciclo, las haga germinar.

Donde la piedad popular haya establecido expresiones celebrativas del cambio de estación, consérvense y valórense como tiempo de súplica al Señor y de meditación sobre el significado del trabajo humano, que es colaboración con la obra creadora de Dios, realización de la persona, servicio al bien común, actualización del plan de la Redención.


La Virgen María en el Adviento

Durante el tiempo de Adviento, la Liturgia celebra con frecuencia y de modo ejemplar a la Virgen María: recuerda algunas mujeres de la Antigua Alianza, que eran figura y profecía de su misión; exalta la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvífico de Dios; subraya su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron el nacimiento del Salvador. También la piedad popular dedica, en el tiempo de Adviento, una atención particular a Santa María; lo atestiguan de manera inequívoca diversos ejercicios de piedad, y sobre todo las novenas de la Inmaculada y de la Navidad.

Sin embargo, la valoración del Adviento "como tiempo particularmente apto para el culto de la Madre del Señor" no quiere decir que este tiempo se deba presentar como un "mes de María".

En los calendarios litúrgicos del Oriente cristiano, el periodo de preparación al misterio de la manifestación (Adviento) de la salvación divina (Teofanía) en los misterios de la Navidad-Epifanía del Hijo Unigénito de Dios Padre, tiene un carácter marcadamente mariano. Se centra la atención sobre la preparación a la venida del Señor en el misterio de la Deípara. Para el Oriente, todos los misterios marianos son misterios cristológicos, esto es, referidos al misterio de nuestra salvación en Cristo. Así, en el rito copto durante este periodo se cantan las Laudes de María en los Theotokia; en el Oriente sirio este tiempo es denominado Subbara, esto es, Anunciación, para subrayar de esta manera su fisonomía mariana. En el rito bizantino se nos prepara a la Navidad mediante una serie creciente de fiestas y cantos marianos.

17 DE DICIEMBRE: DÍA DE SAN JUAN DE MATA, FUNDADOR DE LA ORDEN TRINITARIA.

17 DE DICIEMBRE: DÍA DE SAN JUAN DE MATA, FUNDADOR DE LA ORDEN TRINITARIA.

SAN JUAN DE MATA.

EL HOMBRE

Nació hacia el año 1154 en el pueblecito alpino de Faucon, a 2,5 km. de Barcelonnette, departamento de Basses-Alpes (Alpes Bajos), región de Provenza, Francia. Faucon tiene una altitud de 1150 m. La Provenza, unida a Cataluña, pertenecía entonces al condado de Barcelona. Los padres de Juan fueron Eufemio de Mata, barón de Mata, de origen español, que había recibido de Ramón Berenguer el joven, conde de Barcelona, los terrenos de Faucon, y Marta de Fenouillet, noble señora de una familia acomodada de Marsella.

Estudios

Los primeros estudios (gramática) los hizo en su pueblo natal, Faucon. Luego cursó las artes liberales y la filosofía, hasta la edad aproximada de 20 años, una parte en Aix-en-Provence, capital de la Provenza, y otra en Marsella. Aquí, en Marsella, su piadosa madre le acercó al conocimiento y al amor de los pobres y desheredados. Le hizo visitar también los hospitales y las cárceles.

Deseando hacer la carrera eclesiástica, algo ambicionado por muchos jóvenes en aquel tiempo, y dado que su familia podía permitirse pagarle el viaje y los estudios en París, se trasladó allí para cursar los estudios teológicos en el Studium o escuela de la catedral, de donde surgirá la famosa universidad de la Sorbona (1206). París era el centro intelectual de Europa y Francia, la plataforma principal para organizar las cruzadas.

Juan de Mata estudió y enseñó la teología bajo la dirección del maestro italiano Guillermo Prevostino. Autores del siglo XIII llaman a Juan «magíster theologus» (maestro teólogo), lo cual alude al hecho de que, con el título académico correspondiente, durante algún tiempo fue también profesor de teología (años 1190-1193).

Vocación

En París, estudiando teología, se consolidó su deseo, ya despuntado en su juventud, de entrar en alguna orden religiosa. Algunas circunstancias que influyeron en su vocación fueron: el intenso ambiente religioso de la época (época de cristiandad), particularmente en Provenza; los estudios eclesiásticos en sí; la relación con los monjes de la abadía de San Victor de París; el conocimiento directo de una sociedad esclavista y del acoso de los musulmanes a los países cristianos europeos...

La guerra santa de los musulmanes frente a las cruzadas de los cristianos daba origen a un intenso tráfico de esclavos. Los ataques de los moros a los países cristianos, sobre todo en las costas mediterráneas, dejaban como resultado miles y miles de cautivos en Palestina, norte de África, España, etc. El año 1187 Saladino, «látigo de los cristianos», venció a las tropas cristianas en Hattin y tomó Jerusalén arrasando templos y monasterios (sólo respetó el Santo Sepulcro). Esta catástrofe resonó con fuerza en París.

La caída de Jerusalén motivó la organización de la tercera cruzada (1189-1192), en la que participaron todos los monarcas del Sacro Romano Imperio, entre ellos, Felipe Augusto (Francia), Ricardo Corazón de León (Inglaterra) y Federico Barbarroja (Alemania). Esta cruzada fracasó y las tropas cristianas fueron aplastadas a las puertas de Jerusalén, lo cual generó un sinnúmero de nuevos cautivos. Por aquellos años se registra en España la invasión de 300.000 bereberes almohades, que suplantan a los almorávides y amenazan a ciudades importantes como Toledo (1195).

EL FUNDADOR

Un relato anónimo de la primera mitad del siglo XIII cuenta la experiencia que vivió Juan de Mata durante la celebración solemne de su primera misa en París, que tuvo lugar el 28 de enero de 1193: «Juan invitó a su primera misa al obispo de París, al abad de San Victor y a Prevostino, que había sido su maestro. En el momento central de la misa suplicó al Señor que, si era su voluntad, le mostrase en qué orden religiosa podía ingresar con toda seguridad. Y elevando los ojos al cielo, se le apareció el mismo Señor sosteniendo en sus manos a dos hombres encadenados por las tibias: uno negro y feo, y el otro blanco y pálido».

Como prueba de que esa visión fue auténtica e hizo comprender a Juan de Mata que Dios le llamaba a fundar una nueva orden religiosa para ocuparse del rescate de los cautivos, el mismo Santo mandó colocar hacia el año 1210 en la fachada principal del hospital de Santo Tomás in Formis, de Roma, un hermoso mosaico circular, que aún hoy existe. En él vemos a Jesucristo sentado en un trono (el Cristo Pantocrator de la historia del arte), con dos hombres a los lados cogidos de los brazos (uno negro y el otro blanco).

Percibida la llamada divina, Juan se retiró a meditar y rezar para comprender mejor su misión, a un lugar solitario y boscoso, distante unos 80 kilómetros de París, llamado Cerfroid (Ciervo Frío). Allí encontró a un grupo de cuatro ermitaños, a los que contó su experiencia de la primera misa y su plan de fundar una orden religiosa. El principal de estos ermitaños era Félix de Valois. Todos ellos se le unieron en su proyecto fundacional. En 1194 creó en el mismo lugar de Cerfroid la primera comunidad de trinitario. En seguida, gracias a algunas donaciones de terrenos y nuevos discípulos, fundó otras dos casas.

Considerando que, para dedicarse al rescate de cautivos en muchos países, necesitaba el apoyo del Papa, Juan de Mata acudió en 1198 a Roma para someter al juicio de Inocencio III su plan y la Regla que había compuesto para la nueva orden. Dicho Papa, después de examinar atentamente el asunto y hacer algunas consultas al obispo de París y al abad de San Victor (París), aprobó la Regla de San Juan de Mata con una bula del 17 de diciembre de 1198.

Crecimiento de la Orden

Entre otras bulas de apoyo que obtuvo del Papa, Juan consiguió también una carta de Inocencio III (8 de marzo de 1199) dirigida al rey de Marruecos, con la que le presentaba a los trinitarios y su misión de ocuparse de los cautivos. Por los meses de abril y mayo de ese año el propio Juan llevó la carta al rey de Marruecos y realizó la primera redención de cautivos, trasladándolos a Marsella.

Luego el Santo se dedicó a fundar varias casas en el sur de Francia (la más importante, la de Marsella), para organizar mejor las expediciones redentoras. Buscaba la cercanía a las líneas musulmanas y a los grandes puertos de mar para realizar mejor la misión redentora. Fundo también varias casas en España, que estaba medio invadida por los moros: Avingaña (Lérida), Toledo, Segovia, Burgos... Al mismo tiempo mandaba grupos de trinitarios al norte de África, a Valencia, a Granada, a Palestina y Oriente Medio, etc., a rescatar cautivos. En Oriente Medio prestaron también su asistencia espiritual a los cruzados y establecieron cuatro casas (San Juan de Arce, Cesarea, Beirut y Jafa). A él mismo se atribuyen dos redenciones efectuadas en 1207-1208: en Córdoba y Valencia.

En 1208 Inocencio III donó a Juan de Mata una gran casa, que había sido antes abadía cisterciense, en Roma, cerca del Coliseo: Santo Tomás in Formis, que el Santo convirtió enseguida en hospital para acoger y curar a los cautivos. Allí puso, como hemos dicho, el mosaico que refleja plásticamente la misión principal de los trinitarios. En esta casa de Roma murió Juan de Mata el 17 de diciembre de 1213.

Dejaba una treintena de casas o comunidades de trinitarios. En la mayor parte de ellas puso también hospitales, donde los religiosos atendían no sólo a los cautivos liberados (que, antes de ser devueltos a sus familias, necesitaban recuperarse físicamente), sino también a los pobres y enfermos indigentes del lugar donde residían.

EL SANTO

Juan de Mata fue venerado por los trinitarios como padre y ejemplo de vida desde el siglo XIII, pero sus hijos, absorbidos como estaban en el trabajo apostólico y en dar vigor a la Orden, no se ocuparon entonces de su canonización. Fue en el siglo XVII cuando, en conformidad con una serie de nuevas disposiciones sobre la veneración de los santos decretadas por el papa Urbano VIII (15 de mayo de 1625), por iniciativa sobre todo de los trinitarios descalzos españoles, se instruyeron en Roma, Burgos y Madrid los procesos canónicos de cultu ab immemorabili (acerca del culto inmemorial) tributado a Juan de Mata (y Félix de Valois, su principal colaborador).

Y así, tras esos procesos, Alejandro VII, con bula del 21 de octubre de 1666, reconoció oficialmente (lo cual equivale a una canonización) el culto inmemorial tributado a Juan de Mata, fundador de la Orden de la Santísima Trinidad. Luego, el papa Clemente IX, aprobó su misa y oficio propios. Clemente X, al inscribir el nombre del Santo en el martirologio romano (1670), fijó su fiesta el 17 de diciembre. Inocencio XI (1679) cambió la fecha de la fiesta al 8 de febrero. Por último, Inocencio XII (1694) extendió esa fiesta a la Iglesia universal.

Fiesta

La fiesta litúrgica de San Juan de Mata se celebra en principio el día 17 de diciembre, fecha de un doble aniversario importante: de la aprobación de su Regla (17-XII-1198) y de la muerte del Santo (17-XII-1213).

En nuestra parroquia y colegio, al igual que en otros muchos lugares, seguimos celebrando la fiesta de San Juan de Mata el día 8 de febrero, trasladándola por motivos pastorales al domingo más cercano.

TRISAGIO en honor a la Santísima Trinidad.

TRISAGIO en honor a la Santísima Trinidad.

TRISAGIO EN HONOR A LA SANTÍSMA TRINIDAD. 

Es una de las más hermosas oraciones en honor de la Santísima Trinidad; una serie de invocaciones y alabanzas, entresacadas de la Sagrada Escritura y de la Liturgia, que abren el corazón a la adoración, a la gratitud y al amor a las tres divinas Personas; un eco solemne del “Santo - Santo - Santo” que cantan en el cielo los ángeles y los santos, llena el universo y encuentra gozosa resonancia en el corazón del hombre; un canto de alabanza único e ininterrumpido a la Santa Trinidad”.

Primera Parte:

Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al padre, y al Hijo, y al Espiíritu Santo.
Como era en principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

Primera Oración:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal
Ten piedad de nosotros

Padre Nuestro...

A ti sea la alabanza, a ti la gloria, a ti la acción de gracias por los siglos de los siglos, oh Beatísima Trinidad.

Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo,

llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

(Las dos invocaciones precedentes se repiten nueve veces)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglo.

Amén.

(La segunda y la tercera parte, como la primera, comenzando desde: Santo Dios, Santo Fuerte...)

ANTÍFONA: Benedita sea, ahora y por siempre, y por todos los siglos, la Santa y única Trinidad, que ha creado y gobierna todas las cosas.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo.

Ensalcémoslo por los siglos.

OREMOS:
Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su Unidad todopoderosa.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Conclusión: En ti creo, en ti espero, te amo, te adoro, oh Beatísima Trinidad.

Antífona final: Te saludamos, María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa del Espíritu Santo, sagrario de la Santísima Trinidad.

 

 

Oración a la Santísima Trinidad.

Oración a la Santísima Trinidad.

ORACIÓN DE ESCUCHA, ORACIÓN TRINITARIA:

Recuerda que la oración es un encuentro con Dios, todo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para adorarle y dejarte trabajar por Él. La iniciativa y la llamada son suyas, y es Él quien desea tu presencia infinitamente más que tú la suya.

“Lo tuyo” es, en primer lugar, tomar la decisión de orar para responder a esa llamada y crear el clima que precede a una cita.

Intenta permanecer silencioso en su presencia, con toda tu fe y tu amor despiertos, para adherirte a lo que el amor de Dios quiere hacer en ti.

Y el deseo del Padre es hacer de ti, por medio del Espíritu de Jesús que te habita, alguien cada vez más parecido a su Hijo.

Al comenzar, trata de hacer una “ruptura vertical” para situarte en tu centro más profundo y, desde ahí, abrirte a la presencia de Dios y hacerte disponible para Él.

En este primer momento de la oración trata de movilizar toda tu atención que pide de ti esfuerzo, obstinación, paciencia e intensidad.

Es tu humilde manera de colaborar a la acción del Espíritu Santo en ti: porque lo que importa en la oración no es lo que tú haces, sino lo que consientes que haga Dios.

Es importante que en este primer momento tomes conciencia de lo que realmente deseas... y exprésalo en alguna frase breve que puedes repetir internamente una y otra vez.

Recuerda que nunca llegas sólo a la oración: estás aquí en nombre de muchos hermanos, de su deseo y de su clamor.

Siéntete unido a ellos y sostenido por ellos...

(silencio...)

CANTO:


(Que invoque la presencia del Espíritu)

Baja a lo profundo de ti mismo para encontrar allí a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo...

quédate en su presencia, sin prisa...

Gusta del amor que entre las Divinas Personas se vive...

intenta dar respuesta al mandamiento del Amor:

“Amarás al Señor tu Dios...”

¡ Escucha...!

El texto que vamos a contemplar es el más rezado por Israel, es su credo:

¡ESCUCHA!

Déjalo caer en tu corazón, deja que se introduzca

en lo más profundo de tu ser: ¡ESCUCHA!

“Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es solamente uno.

Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.

Las palabras que hoy te digo, quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos

y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.

Las atarás a tu mano como una señal, y serán como una insignia entre tus ojos;

las escribirás en las jambas de tu casa y en las puertas”.

(Dt 6,4-9)

(silencio….)


CANTO

(Que invite a la escucha, al silencio...)

“Aún no conocía Samuel a Yahvéh,

pues no le había sido revelada la palabra de Yahvéh…

vino Yahvéh, se paró y llamó como las veces anteriores

¡”Samuel, Samuel”

Respondió Samuel:

“¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!”

Samuel crecía, Yahvéh estaba con él y no dejó caer ninguna de sus palabras”

(1Sm 3,7,10,19)

(silencio…)

“Seguid en todo, el camino que el Señor vuestro Dios

os ha trazado: así viviréis y seréis felices”

(Dt 5,33)

(silencio...)

Esta actitud de escucha, es necesaria para acoger la Palabra, el mensaje,

el proyecto de Dios Padre para mí;

en mi vida concreta, en mi trabajo diario, Dios me habla.

¡ESCUCHA!

No dejes pasar ninguna de sus palabras, de su mensaje...


“ESTE TIEMPO QUE NOS HA TOCADO VIVIR, ES PROPICIO PARA DAR CABIDA A LA DIMENSIÓN CONTEMPLATIVA DE LA VIDA, PARA QUE ÉSTA, ABSORVIENDO LA LINFA QUE VIENE DE SUS RAÍCES TEOLOGALES, SE RENUEVE ÍNTIMAMENTE Y SE VIGORICE”

(JUAN PABLO II)


CANTO:

(Que invite a la escucha de la Palabra)
(silencio...)

No baja a la profundidad de sí mismo quien busca el ruido,

el que es superficial, quien tiene miedo al silencio.

La oración exige una suave violencia,

porque hay que pasar del mundo de los sentidos a nuestra profundidad.

Es dejar que el Espíritu del Señor

nos atraiga hacia el Padre, nos descubra su amor, y el amor de los hermanos.

Es entrar en otra realidad, es un ir contra corriente,

es reaccionar contra la superficialidad, mi propia superficialidad.

Orar a solas en la senda de la soledad, con un corazón de discípulo.

Dispuesto a todo, abandonado en las manos del Padre.

Con el deseo de vivirlo a fondo.

En plena comunión con todo hermano y hermana...

Liberado de las ataduras de tus egoísmos.

Con el alma pobre y limpia.

Libre para dar... dispuesto a darte.

“Estad siempre en oración y súplica, orando en toda oración en el Espíritu,

velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos”

(silencio...)

“Rogamos en todo tiempo por vosotros:

que nuestro Dios os haga dignos de la vocación

y lleve a término con su poder

todo vuestro deseo de hacer el bien y crecer en la fe”

(silencio...)

“Vigilad, pues, orando en todo tiempo

para que tengáis fuerza”

(silencio...)

El orante que está en actitud de escucha

descubre la fuerza del susurro del Espíritu,

en el silencio, aquél que busca el rostro de Dios,

escucha la plegaria que expresa su corazón:

“Oigo en mi corazón: ‘Buscad mi rostro’.

Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”

(Sal. 142,7)

Es el anhelo que buscar el Rostro de Dios,

expresado en Cristo.

¡Cristo, Rostro del Padre!

Contempla este Rostro, iluminado por la luz del Espíritu.

Cada uno repita en su corazón:

“Tu rostro buscaré, Señor...”

La Orden de la Trinidad (Ficha 2)

La Orden de la Trinidad (Ficha 2)

Orden Trinitaria: Reforma


Año 1594

La reforma de la Orden Trinitaria obedece a la imperante necesidad de renovación que se sentía en toda la Iglesia, y en especial en la vida religiosa, en la segunda mitad del siglo XVI. El concilio de Trento (1545-1563) emanó directrices precisas para la reforma de todas las órdenes religiosas antiguas, entre las que se hallaba la Orden Trinitaria.

El primer paso de la reforma trinitaria se remonta al año 1594. Fray Diego de Guzmán, comisario o superior mayor de los trinitarios de las tres provincias españolas de Aragón, Castilla y Andalucía, tras publicar en 1593 un ceremonial (Sevilla) y unas constituciones (Sevilla) nuevos y comunes a nivel nacional, con objeto de lograr la aceptación de los citados textos, convocó en Valladolid una reunión de los tres ministros provinciales y sus respectivos procuradores, que tuvo lugar el 8 de mayo de 1594.

Los acuerdos allí suscritos se consideran de gran relieve histórico, no sólo por haber dado vigencia nacional al ceremonial y constituciones impresas el año anterior, cuyo contenido refleja la normativa de Trento; sino también, y sobre todo, por el artículo 31 que dice textualmente: "En cada provincia se señalen dos o tres casas, en las cuales los religiosos que quisieran hacer vida más áspera de la ordinaria, se puedan recoger con licencia de los padres provinciales y, no pudiendo pasar adelante con la aspereza comenzada, tornarse a otros conventos, dando lugar a que entren otros a hacer lo mismo". Aunque, como se dirá, no se cumplió más que en una mínima parte, este acuerdo fue de hecho "el principio y el primer paso" de la descalcez trinitaria (san Juan Bautista de la Concepción).


Valdepeñas, cuna de la reforma

No cuajó la reforma prevista, pero un hecho providencial dejó abierto el paso para proyectos más amplios. Por donación del marqués de Santa Cruz, don Alvaro de Bazán, y gracias al trabajo solitario de Fray Juan Dueñas, pudo establecerse un pequeño grupo de trinitarios recoletos en Valdepeñas. En las capitulaciones con el ayuntamiento y en los actos de toma de posesión del 9 de noviembre de 1594, tomó parte, ocasionalmente, san Juan Bautista de la Concepción. Se redactaron estatutos particulares para los reformados, que preveían la observancia de la Regla primitiva y un tenor de vida de pobreza, penitencia, recogimiento y oración. Con todo, la experiencia inicial estuvo a punto de ser sofocada por falta de apoyo institucional y de sinceros recoletos. El propio Juan Dueñas, calumniado y perseguido por sus hermanos de hábito, se vio forzado a huir.

San Juan Bautista de la Concepción

Y aquí entra en escena el hombre carismático enviado por Dios para promover una reforma definitiva de la Orden: san Juan Bautista de la Concepción (1561-1613). Es preciso subrayar en primer lugar que el santo opta por la vida reformada sólo después de repetidas resistencias a las llamadas interiores del Espíritu Santo y presionado, como los profetas bíblicos, por una especie de ultimátum de parte de Dios.Por formación, constitución física, dotes naturales y ascendencia dentro del grupo, se hallaba plenamente centrado y "realizado" en su comunidad de Sevilla. Aplaudía la idea de reforma, pero no se sentía capacitado para abrazarla. En su itinerario espiritual al servicio de la reforma, tal y como nos lo ha dejado descrito en el tomo 8 de su obra literaria, emerge con nitidez la acción preponderante y rectora del Espíritu.

La experiencia de los primeros meses, como ministro de la casa de Valdepeñas (1596-1597), fue determinante: calumniado por los súbditos, desasistido por los superiores, iba percibiendo cada vez con más claridad la propia impotencia para garantizar la continuidad de una obra que, sin embargo, se mostraba como del agrado de Dios. La idea de acudir a Roma surgió en su mente cuando se cerraron todas las puertas de diálogo con sus superiores mayores. Su impulso interior, en ese trance, fue el de retirarse para entregar sus energías a consolar y servir a cautivos y pobres. Hubieron de intervenir hombres de espíritu, de dentro y fuera de la Orden, para ayudarle a tomar conciencia de que, según Dios, debía acudir al Papa.

Tanto el viaje a Roma como su permanencia en la ciudad, en espera de que Clemente VIII le concediese el 20 de agosto de 1599 el breve Ad militantis Ecclesiae, constituyen un entrelazado impresionante de pruebas físicas, morales, espirituales, comprendidas las inauditas "noches del espíritu". En todas las etapas del camino el santo se siente llevado por Dios, en contra de sus inclinaciones naturales y espirituales. Más de una vez decide volver atrás. Por eso, en sus escritos no se cansa de repetir que la reforma de la Orden es obra exclusiva de Dios Trinidad.

El Papa, contra toda previsión humana, dio validez eclesial a la "Congregación de los hermanos reformados y descalzos de la Orden de la Santísima Trinidad", instituida para observar en todo su rigor la Regla de san Juan de Mata. Las directivas esenciales impartidas en el citado breve son: la dependencia de un visitador, franciscano o carmelita descalzo, hasta poder disponer de al menos ocho conventos con doce religiosos en cada uno; en base a esas condiciones, la convocación de un capítulo provincial, que elegirá al primer ministro provincial, hecho que asegura la autonomía institucional, con la única sujeción a la autoridad del ministro general; los reformados no podrán pasar a otra orden, que no sea la Cartuja.

El visitador, nombrado por el nuncio en Madrid, fue Elías de San Martín, ex general de los carmelitas descalzos. El primer núcleo de descalzos, que aceptó el breve pontificio en Valdepeñas, estaba reducido a tres religiosos. A partir de ahí los trinitarios reformados conocen un desarrollo sorprendente, si se consideran el mal momento político español, la saturación de conventos en las grandes ciudades y, particularmente, la oposición cerrada de los trinitarios calzados, que recurren a todo tipo de medios, incluidas la calumnia y la agresión física, para frenar los pasos del reformador.


Primera expansión

Hecha su nueva profesión religiosa, como descalzo, el 18 de diciembre de1600, el santo se dedica a fundar nuevos conventos. La cruz y la contradicción le acompañan en todo momento. Con la casa de Valladolid alcanza las ocho indispensables para formar provincia. El capítulo allí celebrado el8 de noviembre de 1605 lo elige ministro provincial. Durante su mandato trienal, al paso que defiende la reforma de numerosos ataques, prosigue la actividad fundacional. La cruz, griega, de forma rectangular, que ha impuesto con el hábito estrecho de reformado, le acarrea un proceso en la nunciatura, desencadenado por los calzados. La sentencia le es favorable. Instala sus comunidades en las ciudades más importantes, inclinándose particularmente a los centros universitarios, donde poder esperar muchas vocaciones. Las universidades le dieron abundantes y bien formados sujetos, aunque jóvenes, con los que pudo cubrir las necesidades de los dieciocho conventos; dicesiete de ellos en España yuno en Roma), dejados a su muerte acaecida en Córdoba el 14 de febrero de 1613. Fue el promotor directo de todas las fundaciones, menos de dos, y también se ocupó de la primera comunidad de trinitarias descalzas de clausura.

Espíritu de la Reforma

Vivió y transmitió a sus hijos un intenso espíritu de caridad, oración y recogimiento, pobreza, humildad y penitencia, en sintonía con el movimiento reformista de las "descalceces". Con las adaptaciones exigidas por los tiempos, hizo concreta y operativa la práctica de la normativa de la Regla en todo lo relativo a la vida conventual: relaciones fraternas (tratamiento de "hermano", corrección evangélica, gestos de servicio y humildad...), pobreza personal y comunitaria, diálogo sincero, ascética de la abstinencia y de la mortificación. En materia de pobreza, por necesidad imperiosa, sus comunidades superaron las previsiones de la ley.

El santo puso un interés especial en mantener vivo el espíritu de entrega solidaria a los cautivos y los pobres, si bien, por la penuria del momento y la oposición de los demás institutos redentores (trinitarios calzados y mercedarios), no pudo emprender personalmente ninguna redención ni establecer hospicios para los pobres. Hizo, en este sentido, todo lo que estaba en sus manos: poner en marcha en todas las casas la reserva de la tertia pars de los ingresos para los cautivos y la asistencia a los pobres en la portería; valorizar, desde el carisma trinitario, la oración, los ayunos y demás privaciones como gestos y actitudes de vital solidaridad con el pobre y el cautivo. En sus vivencias y enseñanzas es igualmente tema central la relación de los trinitarios con la Santísima Trinidad. A este respecto profundiza en la unión comunional que cada uno hemos de cultivar con las Personas divinas inhabitantes en el alma, para poder acudir al pobre como instrumentos y testigos de la Trinidad. La Trinidad, como centro vital y fuente de la caridad que redime, le lleva a insistir mucho en la conformación con Cristo Redentor, Cristo crucificado, único camino al Padre y al hermano que sufre.

La Orden de la Trinidad (Ficha 1)

La Orden de la Trinidad (Ficha 1)

Orden Trinitaria: Orígenes


Inspiración divina

Un relato anónimo de la primera mitad del siglo XIII cuenta así el momento en que San Juan de Mata recibió la inspiración divina para fundar la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos: "(Juan) suplicaba afectuosa e incesantemente al Señor que le mostrase la religión que debía abrazar. Cuando se dispuso a celebrar su primera misa, invitó al obispo de París [=Mauric de Sully, 1160-1196], al abad de San Victor [=Robert] y a Prevostino, que había sido su maestro, para que se dignasen asistir. ¿Qué más? Llegó el día y se celebró estando presentes los magnates de París. Mas, al llegar el momento central de la misa, suplicó al Señor que, si era su voluntad, le mostrase en qué orden podía ingresar con toda seguridad. Y elevando los ojos al cielo vio la majestad de Dios y se le apareció el mismo Señor sosteniendo en sus manos a dos varones encadenados por las tibias: uno negro y feo, y el otro blanco y pálido".

En prueba de la autenticidad de esa visión, el propio Juan de Mata, en su calidad de fundador y primer ministro general de la Orden, quiso plasmar en el sello y en el escudo oficiales la figura de Cristo Redentor sentado en medio de dos cautivos: uno moro y el otro cristiano (con una cruz en la mano). En el frontispicio del hospital romano de Santo Tomás in Formis, Juan de Mata mandó colocar hacia 1210 un mosaico cosmatesco, de forma circular, aún hoy existente, del que es copia exacta el que tenemos en nuestro campanario. Representa al Cristo "pantocrator" sentado en medio de dos cautivos, a quienes toma de la mano: uno de ellos es negro y el otro, blanco, y éste último lleva una cruz trinitaria (rojiazul) en la mano. En torno al círculo se lee: "Signum Ordinis Sanctae Trinitatis et Captivorum" (signo de la Orden de la Santa trinidad y de los Cautivos).

Varias bulas de Inocencio III, que tuvo a bien aprobar el proyecto de San Juan de Mata, aluden a una intervención especial de Dios en la fundación de la Orden. Y, como él, otros papas posteriores, hasta llegar a la tajante afirmación de Urbano IV el 15 de mayo de 1263: "...dictus Ordo fuit institutus a Domino" (tal Orden fue fundada por el Señor). En el epitafio grabado sobre el sarcófago donde el 21 de diciembre de 1213 fue sepultado el cuerpo del fundador, se lee: "...institutus est nutu Dei Ordo Sanctae Trinitatis et Captivorum a fratre Iohanne" (la Orden de la Santa Trinidad y de los Cautivos fue fundada por inspiración de Dios por el hermano Juan).

Si nos atenemos a una tradición de seis siglos, se puede datar en el año 1193 la primera misa y la vocación fundacional de Juan de Mata. Precisando más, se alega que ello ocurrió el 28 de enero, fiesta de santa Inés "secundo"; y, según algunos biógrafos, el mismo día pero de 1198, habría tomado Inocencio III la decisión de aprobar la Orden. Por eso los trinitarios veneran a Santa Inés como patrona principal de la Orden.

Durante el período 1194-1198, el fundador, al hilo de la experiencia diaria y, sobre todo, en consonancia con una misión del todo peculiar, el rescate de cautivos, fue componiendo la Regla. No le servía acogerse a una de las ya existentes, de corte monástico o canonical. Aprovechó sus visitas esporádicas a París —con objeto de mantener al corriente de todo al obispo y al abad de San Victor— para buscar seguidores en el ambiente universitario, que tan bien conocía. Creció la comunidad y aumentaron las casas, esto es, dos más.

Juan acude al Papa, por primera vez, antes del 16 de mayo de 1198, fecha en que Inocencio III le concede la bula Cum a nobis petitur, con la que acoge bajo la protección de la Sede Apostólica las siguientes casas: a) la mencionada de Cerfroid, sito en la diócesis de Meaux; b) la ubicada en el lugar de Planels, al parecer, de la misma diócesis, otorgada por un noble señor llamado R. (¿Robert o Roger?); y c) la de Bourg-la-Reine, de la diócesis de París, donada por María Panatería; las tres —lo subraya el Papa— asumidas para trabajar en la redención de cautivos. Se indica asimismo que, con el apoyo de las autoridades eclesiásticas, Juan ha establecido en sus comunidades un estilo particular de vida: observantia vestri ordinis.

Tal como se narra en la bula sucesiva, la del 17 de diciembre de 1198, el Papa quiso posponer su reconocimiento del propositum o proyecto de Juan y del nuevo ordo hasta conocer del todo que el deseo de éste último se fundaba en Cristo. Por esta razón, le envió con cartas suplicatorias para el obispo de París, que lo era Eudes (Odo) de Sully (1196-1208), y el abad de San Victor, que lo era Absalón (1198-1203).

Una vez obtenida por escrito la respuesta y habiendo consultado de nuevo a sus propios religiosos, el fundador volvió a Roma a primeros de diciembre. Y así, debidamente informado —según especifica— acerca de las intenciones de Juan, la creación de la Orden y el tenor de vida instaurado, Inocencio III emanó, en la fecha aludida, la bula Operante divine dispositionis, con la que daba su aprobación a la nueva Orden y a su Regla de vida propia.


Extensión de la Orden


Antes de entablar nuevos asentamientos y las empresas redentoras, Juan de Mata obtuvo de Inocencio III tres bulas más, que defendían su institución frente a posibles injerencias externas y la respaldaban en el lanzamiento de la propia misión. El Papa escribió también una carta personal, fechada el 8 de marzo de1199, al rey de Marruecos, el joven Muhammad al-Nâsir, notificándole el proyecto de los trinitarios.

En ella, tras recordar el valor de una obra de misericordia como la redención de cautivos, agrega: algunos hombres, "inflamados de amor divino", acaban de establecer una Orden y una Regla para dedicarse a redimir cautivos; deben reservar para la obra redentora un tercio de todos sus ingresos, actuales y futuros; pueden efectuar los rescates pagando dinero o conmutando cautivos cristianos por musulmanes (paganos). Era la presentación oficial que hacía Inocencio III al mundo musulmán de la primera orden religiosa nacida con la finalidad específica de redimir cautivos cristianos.

Es muy probable que uno de los portadores de la carta y, por consiguiente, uno de los ejecutores del primer rescate, allá por los meses de abril/mayo de 1199, fuera el propio Juan de Mata, como sostiene la mejor tradición. El, hombre emprendedor que iba por delante de sus hijos en la actividad fundacional, iría también por delante en la obra redentora. Y su preocupación apostólica no tuvo en el norte de Africa su único polo de atracción, sino también en Oriente Medio y Palestina. Así, por ejemplo encomendaba a algunos de sus hermanos la tarea de asistir espiritualmente a los cruzados, atender a sus enfermos y redimir a los cautivos originados por las cruzadas.

Tras desembarcar, probablemente en Marsella, con el primer contingente de cautivos liberados, la obra de los trinitarios suscitó de inmediato admiración y entusiasmo en la región costera del sur de Francia. Justamente por eso, Juan, durante la segunda mitad de 1199, se dedicó a fundar las casas de Marsella, Arles y, quizá también, Saint-Guilles-du-Gard, en la diócesis de Nimes. Marsella, por su importante puerto y su posición en el Mediterráneo, sería el centro propulsor de las actividades redentoras en el Midi francés.


Por tierras de Castilla


No tardó luego en adentrarse en la península Ibérica, medio invadida por el Islam. Del 30 de noviembre de 1201 data una donación que Pedro de Belvis hace a Juan en el lugar de Avingaña, municipio de Seros, en la diócesis de Lérida. Las sucesivas noticias ciertas nos mandan al año 1203. El 21 de marzo, los condes de Baux: (Guillaume, príncipe de Orange, su hermano Huges y su sobrino Raymond) conceden el privilegio de inmunidad perpetua, protección y varios favores más a la casa de Marsella y a las demás del condado (Arles y St.-Guilles) "y a ti Juan, ministro de la misma Orden".

Con data del 10 de septiembre de 1203 Inocencio III expide la bula Operante Patre luminum para ratificar la protección apostólica de las casas y posesiones de la Orden. Son ya ocho las comunidades existentes: seis en Francia y dos en España. Tres de ellas tienen a su cargo un hospital. Destinatario de la bula es Juan ministro del convento de Cerfroid. Es más que probable que el fundador acudió a Roma para solicitarla. A noviembre del mismo año se remonta un acuerdo estipulado entre el hermano Juan, "fundador y ministro de la Orden de la Santa Trinidad y de los Cautivos", y Michel de Moriez, arzobispo de Arles, en virtud del cual dicho prelado autoriza a los trinitarios de la ciudad a poseer iglesia y cementerio.

Poco después, el 16 de enero de 1204, Juan, a quien se identifica en este caso como "ministro" y "prior" de la casa de Lérida, cierra una transacción con Gombaldo, obispo de la diócesis, y su capítulo catedralicio, para poner fin a una controversia relativa a las décimas de las posesiones donadas por Pedro de Belvis. Se consigna en primer lugar el gesto generoso y conciliador del santo, al renunciar a los referidos beneficios. En respuesta, el prelado concede al convento leridano las "décimas y primicias" de las aludidas tierras.

Juan de Mata tuvo igualmente relación con tres nuevas fundaciones:las de Toledo, Segovia y Burgos; todas ellas elencadas en ese orden por una bula papal de 1209. Fue, al parecer, en febrero de 1206 cuando Martín, obispo de Toledo, le concedió la dirección y administración del recientemente construido hospital de Santa María. Respecto a la presencia trinitaria en Segovia, conocemos una especie de "carta circular", fechada el 2 de febrero de 1208, de Gonsalvo, prelado de la diócesis, recomendando a la atención y a la solidaridad de sus sacerdotes y fieles la Orden Trinitaria. Este interesante documento, que de pasada menciona al "hermano Juan", presenta al nuevo instituto, por su dedicación al rescate de cautivos mediante la práctica de la tertia pars (un tercio de los ingresos para los cautivos), como "santo y muy necesario para toda la cristiandad". Manda que, en todas las iglesias, los trinitarios sean recibidos y favorecidos con diligencia; que se les asista eficazmente con limosnas y otras ayudas; que se induzca a los fieles a hacerse "cofrades y sus bienhechores".

Por lo que toca a la casa de Burgos, se conoce un documento del 14 de marzo de1207, en copia de 1607, por el que el rey Alfonso de Castilla confirma la donación que una señora llamada Catalana hizo a Juan de Mata de todos sus bienes ubicados en los términos de Gomerces, Monasterio, Rubiales y Palacios de Benajel, todos ellos en los dominios de Burgos y de Lara. Cabe decir, en síntesis, que, colocada la fundación de Toledo en febrero de 1206, las de Segovia y Burgos le siguieron antes de marzo de 1207, probablemente en el mismo año de la primera. De acuerdo con estos datos, Juan de Mata permaneció en España desde primeros de 1206 hasta la fecha de la última donación referida, del año 1207.

Dos fundaciones más de estos años, en las que no intervino el santo fundador, merecen una rápida mención. En 1202-1207 se establece el primer núcleo trinitario en París, con iglesia y hospital y, además, el cuidado de una capilla en Renemoulin. Al año 1208 se remonta la donación de un hospital a la Orden en Châteauneuf-les-Martigues, en la diócesis de Marsella, hecha por el soldado Ruf de Châteauneuf. La entrega, en este caso, fue realizada "a Félix, ministro de la Casa de la Santa Trinidad de Marsella". En el tal Félix algunos autores han querido reconocer a san Félix de Valois. Algunos cronistas, sin aportar documentación fehaciente,atribuyen a Juan de Mata dos redenciones en Córdoba y Valencia, efectuadas en el bienio 1207-1208. Es lógico pensar que, al establecer varios conventos en España, un país semi-invadido por los musulmanes, el fundador se comprometiera en primera fila a la hora de impulsar la acción redentora. Se le ha indicado también como ejecutor de otros dos rescates de cautivos, que tuvieron su escenario en Túnez por los años 1204 y 1209, respectivamente.

La serie de bulas inocencianas dirigidas a Juan "ministro" se completa con dos consistoriales de 1209. La primera, Operante Patre luminun, del 21 de junio, expedida en Viterbo, trae el elenco completo de las casas acogidas bajo la protección apostólica. A las 8 mencionadas en anteriores ocasiones, se añaden las 13 siguientes: Toledo, Segovia, Burgos, Gosmedos, Roma, Daroca, Châteauneuf-les-Martigues, Le Bourget, Silvelle, Braia, Etampes, París. El orden en que se menciona la "iglesia de Santo Tomás en Roma con todas sus posesiones", induce a pensar que la fundación romana de Santo Tomás in Formis se remonta al año 1208 o a finales de 1207. Y, en atención a la bula sucesiva, se da por casi cierto que el Papa hizo donación de la misma a Juan de Mata.

De notar también que en la lista se incluyen "confratrias" del reino de Aragón, prueba de que el fundador puso mucho empeño en promover en torno a sus comunidades cofradías o asociaciones laicales, con objeto de colaborar en las obras redentoras y hospitalarias. La otra bula, del 12 de julio, concede "a Juan ministro y a los hermanos de Santo Tomás in Formis, de Roma, de la Orden de la Santa Trinidad” la iglesia de Santo Tomás in Formis, de Roma, con todas sus dependencias y propiedades, que enumera minuciosamente.


De mar a mar


En una bula del Papa del 12 de enero de 1209 leemos una frase digna de nota: Tras recordar que ha examinado y aprobado la Regla de la Orden, agrega Inocencio III que el Señor ha dado a la familia trinitaria tanto incremento "quod a mari usque ad mare suos palmites iam extenderit" (ya ha extendido sus ramas de mar a mar). La expresión "a mari usque ad mare", según algunos autores, sería alusiva a las costas del Mediterráneo y, en este sentido, insinuaría la existencia de las cuatro casas que una bula de Gregorio X, fechada el 30 de diciembre de 1237, sitúa en Palestina: San Juan de Acre, Cesarea de Palestina, Beirut y Jafa, y que fueron fundadas unos treinta años antes.

Aceptada la donación de Santo Tomás in Formis, anteriormente abadía cisterciense, Juan de Mata fija su residencia en Roma. Es ministro de la nueva casa, donde prepara y pone en marcha un amplio hospitium u hospital para pobres, enfermos y peregrinos. Hacia 1210 hace abrir un portal monumental al hospital y colocar en la parte superior un hermoso medallón en mosaico con las figuras y la inscripción ya referidas. Sigue siendo además, con carácter vitalicio, ministro mayor o general de la Orden. No existen indicios ciertos de que, desde Roma, emprendiera nuevos viajes fundacionales o apostólicos. Gaguin afirma que enviaba religiosos a atender a los cruzados, mientras, personalmente, hacía una vida retirada y penitente.