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BLOG DEL LAICADO TRINITARIO DE VALDEPEÑAS

¿Quién nos convierte?

¿Quién nos convierte? ¿Quién nos convierte? Al comenzar la cuaresma se nos invita a la conversión. Pero eso no es un empeño voluntarista, ni un cúmulo de propósitos que uno mismo tenga que lograr. Es Dios quien nos convierte, cuando le dejamos. Es Dios quien transforma nuestras vidas y les da hondura y plenitud. Es Dios quien nos hace madurar y crecer, asumir la vida con toda su complejidad. El Dios que, infatigable, está trabajando en cada uno de nosotros… 1. Un Dios que modela mi barro. “Cuantos se dejan llevar del Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y no habéis recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos que nos permite gritar: Abba, Padre” (Rm 8,14-15) 

He cambiado mucho en la vida. Desde que era pequeño hasta hoy. He conocido gentes, he compartido historias, he tenido aciertos y algún que otro descalabro. Y ahora soy consciente de que cuando te he dejado acunarme o sacudirme, cuando he dejado que tu palabra llegue hasta mis entrañas, entonces tú me has cambiado. Pero soy lento, y a menudo sordo o perezoso para Ti. Me atasco en mil dinámicas que no me dejan vivir a tu manera. Me veo débil, a veces necio… Menos mal que sé que tú no te cansas de modelarme, que me vas transformando con manos firmes. Tú sabes a dónde me quieres llevar.

 

Preguntas para la Reflexión Personal:

 

-         ¿Dónde me veo necesitado de conversión?

-         ¿Dónde siento que Dios trabaja en mí?

 

2. Un Dios que recrea el Mundo…

 Mirar cómo Dios habita en las criaturas… y en el ser humano dando entendimiento. Y también habita en mí, dándome ser, animándome, haciéndome sentir y comprender, y viviendo en mí… (Ejercicios Espirituales, n. 235) Y al tiempo soy consciente de que vas tocando otras vidas, otras historias, otras gentes. Y en ocasiones me reconozco en otros rostros, y me siento cercano a otras vidas, porque sé que detrás de todos estás tú, uniéndonos, trabajando en cada ser humano, sin rendirte con nadie, porque crees en todos. Tú trabajas en aquellos a quienes quiero, y también en aquellos que me hacen sufrir. En los cercanos y los lejanos, en las víctimas y los verdugos. Tú trabajas incansablemente, siembras en cada uno de nosotros la semilla de tu amor. Ayúdame a mirar el mundo siendo consciente de que tú lates en El, y de que, imperceptiblemente, vas poniendo luz en cada vida. Preguntas para la Reflexión Personal: -         ¿Miro al Mundo intuyendo que Dios lo está transformando?-         ¿Dónde hay destellos de Dios?    

Oración:

 I. Sigue curvado sobre mí, señor
remodelándome,
aunque yo me resista.

¡Qué atrevido pensar que tengo yo mi llave!
¡Si no sé de mí mismo!
Si nadie, como Tu, puede decirme
lo que llevo en mi dentro.
Ni nadie hacer que vuelva
de mis caminos
que no son como los tuyos.
Sigue curvado sobre mí
tallándome
aunque, a veces, de dolor te grite.
Soy pura debilidad, -Tu bien lo sabes-,
tanta, que, a ratos,
hasta me duelen tus caricias.

Lábrame los ojos y las manos,
la mente y la memoria,
y el corazón,- que es mi sagrado-,
al que no Te dejo entrar cuando me llamas.
Entra, Señor, sin llamar, sin mi permiso.
Tu tienes otra llave, además de la mía,
que en mi día primero Tu me diste,
y que empleo, pueril, para cerrarme.
Que sienta sobre mí tu “conversión”
y se encienda la mía
del fuego de la Tuya, que arde siempre,
allá en mi dentro.

Y empiece a ser hermano,
a ser humano,
a ser persona.
 II.¡Qué paciencia, Señor, sobre Tu mundo,
que nosotros tratamos, mal-tratamos,
como si fuera nuestro,
del primero que llegue, el más astuto,
o el más ladino,
o de aquel o de aquella, a quien no duele
pisar a los demás, como se pisa
la uva en el lagar,
o una hormiga, o un escarabajo.
Sigue vuelto, Señor
con tu sol y tu lluvia
para todos,
para buenos y malos,
pacientes y violentos,
víctimas y verdugos,
lloviendo y calentando
esta tierra que somos.
Sigue haciendo germinar
en todos
la semilla que eres
¡Que la hagamos crecer,
sin desmayarnos,
entre tanta cizaña!
Y que dé de comer a mucha gente
pan tuyo y pan nuestro
el que de Ti hemos aprendido
a ser
multiplicándonos.
(de “Conversión”,
Ignacio Iglesias, sj)
   
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