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BLOG DEL LAICADO TRINITARIO DE VALDEPEÑAS

28 de Septiembre, Día de S. Simón de Rojas

28 de Septiembre, Día de S. Simón de Rojas

Reflexión del P. Juan Manuel Ruíz Memendi

SAN SIMON DE ROJAS, UN HOMBRE DEL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO

                        Concluida su formación religioso-sacerdotal, es muy fácil seguir el camino misionero de nuestro santo. Toledo significará para él la entrega generosa a la formación de los futuros religiosos trinitarios. Después, su peregrinar por distintos conventos trinitarios, al servicio de la comunidad religiosa, evidencia el espíritu renovador del hermano ministro, siempre en pie para convertir corazones e infundir nuevo espíritu a comunidades religiosas. Predicando y ejerciendo el servicio ministerial del Sacramento de la Penitencia, atiende a la gente sencilla de pueblos y ciudades y presta servicios inmejorables a la vida religiosa, sobre todo a la femenina. Y toda esta tarea misionera, siempre bajo la advocación del Ave María y con entrañas de caridad y misericordia.

            Pero la llegada a Madrid, a principios del siglo XVII, va a descubrirnos otra faceta del Padre Ave María: su entrega a la promoción del laicado. Es conocida su labor misionera y ejemplar, sin lucro alguno, entre los reyes y grandes de España; nos causa admiración  su preocupación constante por colocar y sacar de la situación de injusticia a las mujeres de la vida pública, por visitar y cuidar a enfermos en hospitales o a presos en las cárceles.

            En Madrid Simón de Rojas conoce a un buen cristiano, el caballero de Gracia, un hombre un tanto enigmático -hay mucha leyenda  en su vida- que ha llegado desde Italia a nuestra  capital. Este personaje conoce muy bien el movimiento de los oratorios de San Felipe Neri   en favor de la promoción de los laicos. La predicación. durante años, del P. Rojas en la capilla del Caballero de Gracia, es sí una sabatina en honor de María, pero es también una catequesis semanal para la formación de la gente sencilla del pueblo. La fundación de la Congregación del Ave María, es sí la creación de una institución, conforme a los aires del tiempo, para la devoción de tan dulce nombre, primero, y, luego, para la asistencia a los excluidos de la época: los soldados que llegaban de las guerras sin beneficio ni paga y para los sacerdotes que vagaban por Madrid muertos de hambre. Pero quizás no se ha puesto de manifiesto que la institución Ave María era una escuela de oración y de formación litúrgica, al estilo de la época, de los seglares; las charlas periódicas y bien preparadas eran para los congregantes una auténtica catequesis de adultos. Y que éstos eran miembros activos y responsables de la marcha de la Congregación. A ésta no se entraba para “estar” ni para disfrutar simplemente de beneficios espirituales, sino para “ser” creyentes adultos y miembros corresponsables en la Iglesia de su tiempo e inmersos en la problemática de los hombres de su cultura.

            No es este el momento para detenerse más en este punto. Pero es de gran valor histórico el ver cómo esta iniciativa de San Simón de Rojas se mantiene y se fortalece en la Congregación durante todo el siglo XVII y parte del XVIII. Las diversas Constituciones de la institución y las actas de las reuniones son el mejor testimonio de lo que acabo de afirmar.

(La foto que les mostramos es del Libro que ha publicado reciéntemente P. Pedro Aliaga, completando su tesis doctoral en este Santo).

Les ponemos también un documento del P. Gamarra titulado: "San Simón de Rojas, maestro de Oración".

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