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BLOG DEL LAICADO TRINITARIO DE VALDEPEÑAS

Gestos de Semana Santa.

Gestos de Semana Santa.

A lo largo de toda la semana santa los cristianos celebramos la pasión, muerte y resurrección de Cristo iremos viendo a continuación poco a poco cuales son esos gestos que se realizan.Son muchos los que se asoman a la pascua y viven estos días con Jesús. Muchos los hombres y mujeres cuyos caminos se entrecruzan con ese camino de la cruz. Personajes que hablaron y actuaron mejor o peor dependiendo de las perspectivas bien diferentes que tenían.

En esa historia tremenda y profunda se conjugan temor y valentía, dolor profundo y egoísmos, generosidad y compasión… Gestos y palabras que reproducimos muchas veces en nuestras vidas. Más allá del tiempo. Gestos, palabras y silencios que descubrimos o intuimos, que proclamamos y compartimos. Gestos de pascua.

1. Lavatorio de pies.

"Se levanta de la mesa, se quita el manto, y tomando una toalla, se la ciñe. Después echa agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba ceñida” (Jn 13,4-5).

Dar descanso y alivio tras la fatiga del camino. Mostrarle al otro que es merecedor de una dignidad profunda, sea cual sea su situación. Invertir los rangos y categorías. Acariciar los cansancios. Despojarse uno de pompas y honras, de títulos y méritos, para vestirse la toalla de quien está dispuesto a cuidar del otro.

Es lo que haces tú, un Dios hecho hombre, un hombre que refleja Dios, y ese gesto genera sorpresa e incomprensión, resistencia y miedo. ¿Quién va a abrazar hoy esta lógica absurda? ¿Por qué hacerse pequeño y no grande? ¿Por qué agacharse para cuidar del sencillo?

2. Partir el Pan.

"Mientras cenaban, tomó un pan, pronunció la bendición,lo partió y se lo dio diciendo: “Tomadd, esto es mi cuerpo”» (Mc 14,22).

El pan que es la propia vida. Partir, repartir y compartir lo que uno tiene, lo que uno es, lo que uno sueña y siente. Dar tu fuerza y tu debilidad, tu ilusión y tu abatimiento, tu canto y tu silencio. Dar tu tiempo y tu mirada, tu riqueza y tu nada. Darte cada día.

Es lo que haces tú: el Hijo del Hombre; el Hijo de Dios, el Dios de rostro humano; el hombre cuya vida habla de Dios. Tú mismo te conviertes en don, en entrega, en regalo. Qué sorprendente forma de actuar en un mundo de brazos cerrados, donde, quien más quien menos, todos nos reservamos mucho.

3. Besar sin amor.

«Judas se acercó enseguida, le dijo “¡maestro!” y le dio un beso. Los otros le echaron mano y lo arrestaron» (Mc 14,45-46).

Pervertir un gesto que habla de vida, de confianza, de proximidad, y se convierte en señal de distancia, marca un abismo, sella un abandono y una traición. Pervertir la ternura, mentir con el cuerpo, abrazar negando.

Y en ese beso vacío se te rompe un poco el corazón. Como se te rompe cada vez que proclamamos tu nombre pero no hay evangelio en nuestras vidas. Cada vez que alguien niega a su hermano el pan o la vida. En ese beso mentiroso te estremeces por todo el dolor que desencadena. Y callas. Y te entregas.

4. Afirmar la vida.

Le preguntó el Sumo Sacerdote: “¿Eres tú el Mesías, el hijo del Bendito?”. Jesús respondió: “Yo lo soy”.

Ante quien haga falta. No negar, ni callar. Afirmar una manera diferente de ser de Dios. Afirmar la vida con tu palabra ante Caifás, «Tú lo has dicho». Con tu negación ante Pilato «si mi Padre no te hubiera dado poder…» o con tu silencio ante un Herodes frívolo y vacío.

Afirmas también en nosotros. Cada vez que descubrimos destellos de tu presencia. Cada vez que alguien habla de un amor infinito. Cada vez que alguien alza la voz y la vida para oponerse al que mata y hiere, al que excluye y desprecia. Cada vez que alguien prescinde de lo anodino y lo sin sentido.

5. Lavarse las Manos.

“Pilato pidió agua y se lavó las manos ante la gente diciendo: “No soy responsable de la muerte de este inocente. Allá vosotros” (Mt 27,24).

No querer saber nada. Apartar la mirada para no ver lo que duele. Pretender no ser responsable de las propias decisiones. Refugiarse en el olvido o en la ignorancia de quien no quiere que nada le salpique. Huir, al fin y al cabo.

Es lo que hace Pilato. Negar lo que es evidente. Acceder al abuso, aun sabiendo que es injusto, para evitarse problemas. Y así seguimos. Hoy esa negación se llama indiferencia; o se llama ceguera; se llama justificación de lo que no es posible. Nadie quiere ser responsable, pero tus hijos siguen muriendo en tantas cruces injustas…

6. Contemplar la cruz.

«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María la Magdalena» (Jn 19,25).

Esa cruz en la que está clavado el Justo que lo da todo. Esa cruz en la que el liberador va a desclavar a todas las víctimas inocentes. Esa cruz de fidelidad y compromiso, de promesa y cumplimiento, de un amor incondicional y eterno que se derrama sobre cada ser humano.

Cada quién la contemplamos desde nuestras propias inquietudes. Y te descubrimos como modelo o como alivio, y sentimos que nos marcas un camino vital, o que nos miras con misericordia infinita. Te miramos, y de nuestros labios brota una plegaria de perdón, una acción de gracias inaudible, un grito de aliento, una sacudida de dolor o el silencio perplejo de quien se ve desbordado.

 

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