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BLOG DEL LAICADO TRINITARIO DE VALDEPEÑAS

Con los pies en la tierra.

Con los pies en la tierra.

A veces me siento pequeño, insatisfecho, incapaz. Se me escapan los sueños y me puede la realidad cotidiana; el día a día se me queda vacío, o no me llena tanto como querría. No encuentro a Dios, y tampoco a los otros. La soledad muerde. Miro a otras vidas, con añoranza, con nostalgia, ¿con envidia? Y aunque sé que tengo mucho por lo que dar gracias, y que en nombre de quienes están más heridos no debería lamerme las heridas, me siento triste. Y quisiera gritar. Pero sospecho que es parte de la vida.

1. Tierra de Sueños

"Implorad del Señor las lluvias tempranas y tardías, que el Señor envía los relámpagos y los aguaceros, da pan al hombre y hierba al campo” (Zac 10,1).

A veces quiero conseguir tanto… quiero llegar lejos, vivir mucho, sentirlo todo. Quiero amar y ser amado con pasión. Tener días más largos. Reír con estruendo. Conseguir metas, y seguir adelante, con nuevos hitos en el horizonte.

Me veo peregrino, arquitecto, amigo, aventurero, amante, discípulo… Y me siento ligero caminando en esta tierra de deseos, donde la sed se vuelve acicate y estímulo, donde una y mil veces lo vas dando todo. Y habitar a ratos en esta tierra me hace sentir vivo, y encontrar motivos para avanzar.

¿Cuáles son mis sueños?
¿En qué momentos me he visto apasionado?

ORACIÓN

EL ESPEJO DE AGUA

Mi espejo, corriente por las noches,
Se hace arroyo y se aleja de mi cuarto.

Mi espejo, más profundo que el orbe
Donde todos los cisnes se ahogaron.

Es un estanque verde en la muralla
Y en medio duerme tu desnudez anclada.

Sobre sus olas, bajo cielos sonámbulos,
Mis ensueños se alejan como barcos.

De pie en la popa siempre me veréis cantando.
Una rosa secreta se hincha en mi pecho
Y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo

Vicente Huidobro.

2. Tierra de Hábitos.

“ Me pondré de centinela , haré la guardia oteando a ver qué me dice, qué responde a mi reclamación” (Hab2,1).

Luego toca despertar. Saber que, si bien uno debe hollar la tierra de los sueños, también ha de caminar por este otro suelo de lo cotidiano y lo real, donde no todo se siente intensamente ni todo es profundo, apasionante y espectacular. Es este otro terreno hecho de rutinas y dinámicas familiares.

Donde hay menos aventura y más silencio, donde la entrega es callada, donde las gentes (reales) a veces me gustan y otras me enervan –y sospecho que lo mismo dirán de mí. Esta tierra donde hay horas baldías, tardes aburridas, trabajo monótono –que a veces me parece insignificante-, deseos insatisfechos e ilusión aterrizada. Esa tensión, entre el sueño y la realidad, define mucho de mi vida. Y sospecho que así está bien.


¿Cuáles son mis rutinas, mis vivencias grises, mis horas “insignificantes”?
¿Me vence a veces el desánimo?

ORACIÓN.

SI LLOVIERA…

Hasta la boca, hasta los mismos labios,
vertiéndose, derramándose,
como una nube…
¡Dios, cuánta amargura
se junta en ocasiones en el pecho!

Hay que dejarlo atrás:
soñar es sólo un lujo de los privilegiados.
Aquí no hay más que tierra,
tierra. Me sabe a tierra la saliva
y la nariz no aspira sino polvo.
El hombre, aquí, con su problema,
con su carga de tierra en los tirantes…

Si lloviera…
Si lloviera...
El agua,
el agua es lo que importa.
Una tormenta fuerte, grande,
que se llevara este sabor a polvo,
esta tribulación que sale,
sin merecerlo, a veces, por la boca.

El agua…
El agua…
El agua..

¡Si lloviera
podríamos sembrar algo de amor!.

Nicolás del Hierro


 

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