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BLOG DEL LAICADO TRINITARIO DE VALDEPEÑAS

CANTO DE NAVIDAD

CANTO DE NAVIDAD

Se acerca la navidad. Más allá de todo lo “navideño” de temporada, vuelve Tu canto.


Los pastores de entonces, los creyentes de hoy, niños y adultos de siempre, recibimos, un año más, la promesa.
Ese grito que desencadena milagros. Ese destello que rasga muros de niebla con una luz infinita. Ese llanto de niño con voz de Dios. Tu palabra, Señor, tú mismo, encarnado en nuestro barro. Ese villancico alegre y definitivo, que sigue cruzando los siglos, para hacernos despertar.


“Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los que ama el Señor”.

“La gloria de Dios es que el hombre viva” (San Ireneo de Lyon)

Tu gloria, Señor, es que mi vida te refleje. Que mi risa hable de un Dios risueño, y mi inquietud de un Dios cercano, preocupado por los suyos.
Tu gloria es la mano que tiendo, y la que acepto, la palabra que me regala aprecio y esperanza, la mirada que adivina posibilidades.
Tu gloria es que se estremezcan mis entrañas porque descubro que el otro es mi hermano. Que sane la herida injusta. Y que el verdugo guarde el arma para siempre.
Tu gloria, Señor, somos nosotros, capaces de incendiar el mundo con tu evangelio.
¿Me doy cuenta de que de alguna manera mi vida puede ser “Gloria” de Dios?

“Qué hermosos sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz”. (Isaías)

Que hay demasiado grito. Que sobran palos, barreras y hambres. Que muchas personas viven en medio de vendavales y de lágrimas.
Paz para quienes ocultan dolores viejos y heridas nuevas. Para quienes lloran fracasos o impotencia. Para quienes caen en los caminos, víctimas de los abismos que devoran sueños y vidas. Paz para quien se estremece por un futuro incierto, y para quien no consigue olvidar. Para quien se siente solo. Para el cautivo, retenido por muros de piedra o de prejuicio. Paz para dar y construir, para regalar y anunciar.
La paz necesaria, que es promesa y deseo.
Tu paz, Señor.¿El evangelio puede ser para mí fuente de paz?
¿Cómo puedo construir la paz en mi mundo, mi entorno, familia, amigos, etc?

“Vosotros sois mis amigos” (Jn)

Quiero amor. Como todos.
Quiero un abrazo, una caricia, una sonrisa, una broma, una conversación profunda, un paseo en silencio o un parloteo intrascendente. Reírme mucho con quien me aprecia. Llorar por todo lo que me desborda, sabiendo que el hombro en que me apoyo es refugio seguro.

Y tú, Señor, me amas así.
Quizás no es tan fácil sentirte. No es físico ni inmediato. Es la tuya una presencia diferente. Pero me quieres con locura, sin condiciones, en la flaqueza y la fortaleza. Y a cada hombre y mujer, niño, joven y anciano…
No hay desamados para ti. No estamos solos.
¿Me creo eso de que Dios me ama?

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